Durante años, el beige, el blanco roto, el gris y el greige fueron los grandes comodines del interiorismo. Fáciles de combinar, atemporales y capaces de convivir con casi cualquier material, se convirtieron en la fórmula segura para decorar.
Una década de ambientes neutros y casas cada vez más parecidas entre sí, el color vuelve a ganar terreno. Y hay un tono que aparece como protagonista: el butter yellow o amarillo manteca.
Este color se acerca al beige, pero suma una cuota de calidez y optimismo. Es un amarillo muy desaturado, mezclado con blanco y con una pequeña dosis de gris, que le quita intensidad y lo vuelve mucho más fácil de incorporar a los interiores.

Para Mel Ruiz, color & material designer y especialista en diseño residencial, que fue consultada para OHLALÁ! en esta nota, el desafío actual pasa justamente por encontrar el equilibrio entre una estética armónica y espacios que también tengan identidad propia. Desde su mirada profesional, el color puede ser una herramienta clave para dejar atrás los ambientes excesivamente neutros sin perder sensación de calma y confort.
¿Qué es el butter yellow?

El butter yellow es un amarillo claro y suave, que tiene una apariencia cercana a los tonos crema y beige. Su particularidad está justamente en esa sutileza. Más que convertirse en el protagonista estridente de un ambiente, busca aportar una dosis de color sin romper por completo con una paleta neutra.
En ese sentido, puede funcionar como una transición para quienes quieren animarse a incorporar color en sus casas pero todavía sienten que pintar una pared de rojo, azul o verde es demasiado.
"Este tono de amarillo lo asociamos a la primera luz del día, se siente optimista, porque ojo, no es un amarillo vibrante que nos transmite la ansiedad de un amarillo saturado, sino que es casi casi beige", define la experta consultada por OHLALÁ!
Del greige al color

El auge de los tonos neutros respondió durante años a una necesidad concreta: crear interiores fáciles de combinar. Beiges, grises, blancos y greiges permitieron elegir muebles, textiles y materiales sin demasiados riesgos.
El resultado fue una estética prolija y serena, pero también una cierta homogeneización. Sofás claros, cortinas blancas, porcelanatos grises y maderas neutras empezaron a repetirse en distintos hogares.
"Venimos de años en que lo funcional no le dio lugar al color ni a las formas, y lo recto y plano dominó los interiores, lo que hacía que cada hogar fuera la copia de la copia, sofás con fundas blancas, cortinas de lino o gasa blanca, porcelanatos grises, y ni el más mínimo detalle de color", reflexiona Mel.

Ahora la tendencia se mueve en otra dirección. La casa vuelve a buscar personalidad y el color aparece como una de las herramientas para conseguirla.
Para Ruiz, el diseño residencial no se trata solamente de conseguir una imagen armónica, sino también de lograr que el espacio responda a quienes lo habitan. "El butter yellow encaja bien en esta búsqueda porque permite sumar carácter sin abandonar por completo la estética tranquila que durante años dominaron los neutros", dice.
Cómo sumar amarillo manteca en casa

No hace falta transformar todo el living para incorporar esta tendencia. De hecho, una de sus ventajas es que puede aparecer en pequeñas dosis.
"Las texturas son lo que vuelven más interesantes los ambientes, así que sumarle maderas claras que viren más al tono caramelo, acompañan perfecto este tono", propone la interiorista.
Como protagonista

Para quienes buscan un cambio más importante, una posibilidad es pintar las paredes con este tono. También puede utilizarse en techos o en un mueble de grandes dimensiones, como una biblioteca, una cómoda o un aparador.
La clave está en pensar el ambiente como un conjunto y no como elementos aislados. El color puede ser el punto de partida para definir el resto de los materiales, textiles y objetos.
Como acento

Si se prefieren cambios más fáciles de revertir, el butter yellow puede aparecer en almohadones, mantas, ropa de cama, cortinas o tapizados.
También funciona en objetos más pequeños: lámparas, floreros, candelabros, vajilla, cuadros o incluso tiradores.
Es una alternativa especialmente interesante para quienes suelen cansarse de los colores y prefieren reservar los tonos más jugados para elementos que puedan cambiarse sin hacer una gran inversión.
Con qué colores combinarlo

El amarillo manteca tiene una gran ventaja: puede acompañarse tanto con colores suaves como con tonos más intensos.
Una de las combinaciones más delicadas es con rosa empolvado, que genera una atmósfera cálida y suave. También puede combinarse con celeste claro, una dupla que aporta frescura y un aire más contemporáneo.
Para quienes buscan un ambiente con más impacto, el contraste es el camino. Violetas, morados, rojos y bordó pueden convertirse en acentos fuertes que hagan que el butter yellow se vea mucho más actual.
Las maderas claras, especialmente aquellas que se acercan a los tonos caramelo, también son buenas compañeras. Las texturas naturales ayudan, además, a darle profundidad al ambiente y evitar que el color se perciba plano.
El papel de la luz

Como sucede con cualquier pintura, la percepción del butter yellow puede cambiar según la iluminación del ambiente.
La luz natural, la orientación de una habitación y hasta el tipo de lámparas utilizadas pueden modificar la manera en que se percibe el color. Por eso, antes de elegir un tono definitivo, es importante probarlo en el espacio real y observar cómo se transforma durante distintos momentos del día.
En ambientes donde se busca potenciar su calidez, una iluminación cálida puede ayudar a reforzar esa sensación. En cambio, determinados tonos fríos pueden hacer que el amarillo pierda parte de su encanto.
Tres errores que conviene evitar

1 - Elegirlo sin probarlo. Un color puede verse muy diferente en una carta de pintura que sobre una pared iluminada por el sol o por una lámpara.
2 - Combinarlo sin planificación. El butter yellow puede verse antiguo si se lo rodea de elementos que no acompañan su estética. Muebles contemporáneos y algún acento de color pueden ayudar a actualizarlo.
3 - Apagarlo con demasiados tonos fríos. Grises azulados, acero y determinados blancos pueden generar un contraste poco favorecedor y hacer que el amarillo pierda calidez.
¿El nuevo beige? ¿Qué dice la experta?
Según expresa, todavía es temprano para saber si el butter yellow será una tendencia pasajera o si logrará instalarse como uno de esos colores que permanecen durante años.
Lo cierto es que responde a una búsqueda cada vez más presente en interiorismo: dejar atrás los espacios completamente monocromáticos y recuperar ambientes que transmitan calidez pero también personalidad.
"La tendencia hoy nos pide vivir en espacios que se sientan vitales y acogedores, y este amarillo manteca aporta la calma necesaria para sentir confort en nuestros hogares", concluye.
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