Septiembre trae más horas de luz, temperaturas que empiezan a subir y una invitación irresistible: volver a poner las manos en la tierra. Para quienes tienen un balcón, una terraza o un jardín, este mes es una buena oportunidad para sumar plantas que acompañen la primavera y lleguen con fuerza a los meses más cálidos.
Entre las opciones que se adaptan bien a macetas y espacios exteriores aparecen cuatro grandes protagonistas: petunias, geranios, caléndulas y zinnias. Algunas se destacan por sus flores abundantes, otras por su resistencia y todas tienen algo en común: permiten sumar color sin convertir el jardín en una tarea imposible.
1. Petunias: color para balcones y jardineras

Si hay una flor que sabe cómo convertir una maceta en protagonista, es la petunia. Sus flores aparecen en una enorme variedad de colores, desde blanco y rosa hasta violetas, rojos y combinaciones más intensas.
Es una gran opción para balcones porque puede crecer en macetas, jardineras y recipientes colgantes. Las variedades de crecimiento rastrero o colgante, además, generan ese efecto de cascada que queda especialmente lindo sobre una baranda.
Para que florezca con abundancia necesita buena cantidad de luz y un sustrato con buen drenaje. El riego debe ser regular, pero evitando que el agua quede acumulada. Retirar las flores marchitas también ayuda a prolongar la floración.
2. Geranios: el clásico que nunca falla

Los geranios son otro de los grandes aliados de los balcones. Resistentes y muy floríferos, aportan color durante buena parte de la temporada y se adaptan especialmente bien a espacios luminosos.
Sus flores aparecen agrupadas y pueden encontrarse en tonos como rojo, rosa, blanco y fucsia. Quedan bien tanto solos en una maceta como combinados con otras especies.
Necesitan buena luz, aunque el comportamiento puede variar según la variedad y las condiciones del lugar. En cuanto al riego, conviene evitar el exceso de agua y dejar que el sustrato se seque ligeramente entre riegos. Una poda suave y la eliminación de flores secas ayudan a mantener la planta compacta y estimular nuevos brotes.
3. Caléndulas: amarillo y naranja para iluminar el jardín

La caléndula es una de esas plantas que parecen hechas para celebrar la primavera. Sus flores en tonos amarillos, dorados y naranjas aportan una dosis instantánea de alegría y funcionan tanto en canteros como en macetas.
Además, es una especie bastante sencilla para quienes recién empiezan a experimentar con jardinería. Puede sembrarse directamente en el lugar donde va a crecer, siempre que tenga buena iluminación y un suelo que drene bien. Durante la germinación es importante mantener cierta humedad, pero sin encharcar.
Otro plus: sus flores atraen abejas, mariposas y otros polinizadores, por lo que además de sumar color ayudan a darle más movimiento y biodiversidad al espacio verde.
4. Zinnias: una explosión de color

Para quienes quieren un jardín alegre y lleno de flores, las zinnias son una excelente alternativa. Sus flores pueden aparecer en rosa, blanco, rojo, naranja, amarillo y fucsia, por lo que permiten armar combinaciones muy diferentes.
Septiembre es un buen momento para incorporarlas y, al igual que la caléndula, pueden sembrarse directamente en el lugar definitivo. Necesitan buena luz y un suelo con buen drenaje. Una vez que empiezan a crecer, sus flores se convierten rápidamente en protagonistas del jardín.
También son una buena opción para atraer polinizadores y funcionan tanto en tierra como en macetas, siempre que tengan espacio suficiente para desarrollarse.
Antes de plantar: tres claves para que crezcan mejor
- Mirá cuántas horas de sol recibe el espacio. No todas las plantas necesitan exactamente la misma cantidad de luz. Antes de elegir dónde ubicarlas, observá durante el día cómo cambia la iluminación del balcón o jardín.
- Elegí macetas con buen drenaje. Los agujeros en la base son fundamentales para evitar que el agua quede acumulada y termine afectando las raíces.
- No te apures con el riego. Durante los primeros días hay que prestar atención a la humedad del sustrato, pero regar de más no significa que la planta vaya a crecer mejor. La cantidad de agua necesaria dependerá de la especie, el tamaño de la maceta, la exposición al sol y las condiciones climáticas.
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