A veces, las grandes ideas caben en muy pocos metros. Eso lo entendió muy bien Ivanna Umansky, arquitecta y fundadora del estudio Huella Mínima, cuando decidió dejar Buenos Aires y mudarse al valle de Traslasierra, en Córdoba. Allí encontró la forma de unir dos pasiones que venía buscando desde hacía tiempo: el diseño y la sustentabilidad.
En el archivo de LIVING encontramos una nota que cuernta su historia y muestra su casa. te la compartimos.

“Siempre me interesó la arquitectura con sentido, la que dialoga con el entorno y no lo invade”, dice Ivanna, que llegó al valle hace casi una década y enseguida se sumergió en una comunidad donde la bioconstrucción y el uso de materiales naturales son parte del día a día.
Una casa pequeña con alma grande
La “Mandala Tiny House” es uno de sus proyectos más emblemáticos: una mini vivienda pensada para disfrutar del paisaje cordobés con el menor impacto posible. Está ubicada en un claro del monte, en un punto donde no fue necesario desmontar ni alterar la vegetación.

Cuando los metros son acotados, se deja libre más suelo para que cumpla su rol fundamental de absorción de agua y conservación de biodiversidad, se reducen el uso de materiales para la construcción y el de energía para acondicionamiento climático.

La orientación y la ventilación cruzada fueron clave para aprovechar la luz y el clima durante todo el año, con un confort natural sin excesos de energía.
Por fuera, la casa se mimetiza con el entorno gracias al uso exclusivo de maderas de reforestación: estructura de pino, revestimientos y decks de eucalipto saligna. En su interior, un sistema de aislamiento térmico y acústico de celulosa reciclada —hecha con papel y cartón— reemplaza los materiales plásticos convencionales, aportando eficiencia y una textura amable.

El mandala, ícono de esta obra, proyecta dibujos, luces y colores según las horas del día y las estaciones del año-
Diseño con conciencia
El estudio Huella Mínima se apoya en cuatro pilares que atraviesan todos sus proyectos:
1. Diseño bioclimático: aprovechar la luz natural, las orientaciones y las corrientes de aire para lograr confort térmico sin recurrir a sistemas artificiales.
2. Materiales naturales: priorizar lo orgánico y local, que aporta calidez y reduce el impacto ambiental.
3. Eficiencia energética: minimizar el consumo de electricidad, gas y leña, e incorporar energías renovables como termotanques solares o paneles fotovoltaicos.
4. Ahorro de agua: incluir sistemas de recolección de lluvia y tratamiento de aguas grises.
Poquitos metros, muchísimas ideas
Por dentro, la tiny house se organiza en dos niveles: en planta baja, un estar en doble altura, cocina y baño; arriba, un dormitorio con balcón al monte. Cada rincón está pensado al detalle. Desde la bow window que amplía visualmente el espacio hasta el bajo escalera convertido en guardado, todo tiene una función precisa.
Las expansiones exteriores —galería, deck con pileta, pérgola y mirador— duplican la superficie habitable y refuerzan la conexión con el entorno natural.


Destinada al turismo, esta pequeña gran casa invita a vivir de manera simple, en contacto directo con la naturaleza, pero sin resignar diseño ni confort.













