De una papelera creativa a una editorial: la historia de Fera y su apuesta por las escritoras

Mara Parra y Victoria Benaim, cofundadoras de Fera, cuentan cómo nació esta editorial que impulsa colecciones con una mirada contemporánea sobre autoras clásicas y actuales. Dantescas y Moiras, sus recientes títulos.

Por Verónica Dema

15 de junio de 2026, 12:05

Mara y Victoria, editoras de Fera

Mara Parra y Victoria Benaim, cofundadoras de Fera, hablan del recorrido de la editorial. - Prensa

Las historias editoriales suelen empezar con un libro. La de Fera comenzó mucho antes y de una manera inesperada. Antes de convertirse en una editorial dedicada a recuperar, reinterpretar y poner en circulación voces de mujeres, fue una papelera creativa con otro nombre, enfocada en objetos ilustrados y productos vinculados al universo de la lectura y la escritura. Pero había un deseo que crecía detrás de cada proyecto: editar un libro. Ese sueño llegó en 2020 y marcó el inicio de un catálogo que promete expandirse.

Desde entonces, las socias y cofundadoras Mara Parra y Victoria Benaim construyen un proyecto con una identidad muy definida. Primero apostaron por rescatar y difundir obras escritas por mujeres; luego profundizaron ese camino con la colección Mujeres que leen mujeres, una propuesta que invita a escritoras contemporáneas a dialogar con autoras de otras épocas a través de antologías comentadas como Dantescas y Moiras. Con una mirada que busca reivindicar perspectivas históricamente relegadas dentro de la literatura, Fera se consolidó como un espacio donde la lectura, la ilustración y la experiencia estética conviven con una premisa clara: poner en primer plano las voces de mujeres que escriben, leen y reinterpretan el mundo.

En esta entrevista con OHLALÁ!, respondida a cuatro manos por mail, Mara y Victoria hablan sobre el origen del proyecto, la construcción de un catálogo con identidad propia y la apuesta por una literatura que sigue ampliando sus márgenes.

Fera, una editorial que hace foco en la escritura de mujeres.

  Antologías comentadas de Fera: Dantescas y Moiras.    - Prensa

—Sobre Fera: ¿nos cuentan cuándo surgió y con qué impronta?

—Fera nació con otro nombre y en otro rubro. Hacíamos cuadernos y nos llamábamos WildNotes, pero el espíritu era el mismo: inspirar a mujeres a cultivar una vida creativa.

Con Vicky nos conocimos estudiando Administración de Empresas y, cuando estábamos terminando la carrera, todos nuestros compañeros armaban sus CV para enviarlos a grandes empresas, bancos, multinacionales o consultoras. Nosotras no queríamos saber nada de eso. Habíamos cursado una materia que nos fascinó, Emprendimientos, y sabíamos que podíamos trabajar juntas. Buscamos algo que nos gustara a las dos, la papelería, y decidimos emprender.

Durante años hicimos cuadernos, agendas y otros objetos de diseño. Siempre estaban ilustrados y tenían mucho contenido. Un día volcamos ese contenido a otro formato: el libro. Empezamos con Mujeres autoras, un proyecto que consistía en contactar a mujeres jóvenes del mundo de la cultura —escritoras, periodistas, diseñadoras, músicas, profesoras de yoga— y pedirles que escribieran una columna sobre una mujer que las hubiera inspirado. Así nació nuestro primer libro, que reúne e ilustra a 45 mujeres inspiradoras de la historia.

Después llegaron Buenos Aires para desarmar, una guía con mapas para visitar librerías, galerías, bares, parques e iglesias; y Magas ilustradas, nuestro primer tarot, que lleva vendidos más de 30.000 ejemplares y fue traducido al inglés y al francés. Desde entonces no paramos de hacer libros, aunque seguimos honrando nuestros orígenes con papelería y objetos de diseño.

—Ahora Fera presentó dos nuevas antologías dentro de la colección Mujeres que leen mujeres: Dantescas y Moiras. ¿Cómo se posiciona hoy la editorial dentro del mundo literario y qué lugar busca ocupar con esta colección?

—La colección Mujeres que leen mujeres nació a partir de una experiencia personal mía [Mara]. En 2019 hice un curso editorial en la Universidad Complutense de Madrid. Todos mis compañeros eran filólogos y yo venía, como te conté antes, de Administración de Empresas. Más allá de que siempre fui lectora, tenía formación en talleres literarios y también escribía, el mundo académico de Letras me resultaba bastante ajeno. Hablaban de libros y autores clásicos que yo nunca había escuchado nombrar.

Como trabajo final del curso presenté una colección de clásicos escritos por mujeres en la que otras mujeres aportaban comentarios críticos, análisis y marcas de lectura. La idea era que todas las personas tuvieran herramientas para acercarse a los clásicos literarios.

Hoy la colección tiene cuatro títulos publicados y un quinto próximo a salir:

  • Un cuarto propio, de Virginia Woolf.
  • Frankenstein, de Mary Shelley.
  • Dantescas.
  • Moiras.

Y próximamente se sumará La muñeca y otros textos espectrales, una selección de cuentos y ensayos de Vernon Lee, una autora que escribía bajo seudónimo masculino en tiempos de Woolf. El libro será traducido y comentado por Betina González y llegará a fines de julio.

—¿Qué tipo de búsqueda o necesidad literaria dio origen a la colección Mujeres que leen mujeres?

—Buscábamos tres cosas: reivindicar la literatura escrita por mujeres; recontextualizar temas presentes en textos del pasado y releerlos con una mirada del siglo XXI; y fomentar la lectura en comunidad.

Muchas personas nos dicen que la experiencia se parece a participar de un club de lectura, porque leen a través de las marcas y comentarios de otra escritora. Eso despierta ganas de debatir, cuestionar y volver a pensar los textos.

—Si tuvieran que definir el espíritu de Fera, ¿cuál sería?

—Nuestra premisa es inspirar. Por eso los libros están cuidadosamente ilustrados y trabajamos mucho la relación entre texto e imagen, no solo desde la ilustración sino también desde el diseño y la propuesta gráfica.

Además, buscamos convertir lo cotidiano en un ritual. Que leer, escribir o desayunar en una de nuestras tazas sea una experiencia con sentido.

Algo que también nos dicen mucho es que nuestros libros funcionan como experiencias iniciáticas. Poemas como mapas invita a iniciarse en la poesía; Magas ilustradas, en el tarot; Astrología para amar, en la astrología; y Dantescas, en la literatura de terror. Nos gusta decir que hacemos libros para personas curiosas.

Dantescas

Fera, una editorial que hace foco en la escritura de mujeres.

Prensa

Dantescas reúne cuentos de mujeres que, en distintos sentidos, descendieron a los infiernos. ¿Qué criterios guiaron la selección de los textos y qué querían que apareciera como hilo conductor?

—La selección estuvo a cargo de María Fernanda Ampuero. Le pedimos que trabajara con escritoras clásicas, pero una vez que la selección estaba avanzada nos planteó la necesidad de incluir también autoras contemporáneas. Nos dijo que Mariana Enríquez no podía faltar en una antología infernal.

Ese desafío, que aceptamos encantadas, permitió construir un panorama que reúne escritoras clásicas y contemporáneas. Es una verdadera fiesta literaria y, al mismo tiempo, demuestra que hace doscientos años las mujeres seguimos enfrentando y temiendo muchas de las mismas cosas.

—En la antología conviven autoras como Silvina Ocampo, Clarice Lispector, Mariana Enríquez y Mónica Ojeda. ¿Qué sucede cuando se ponen en diálogo voces tan distintas en tiempo, geografía y estilo?

—Las reflexiones que María Fernanda propone al final de cada cuento establecen los vínculos que ella encontró entre los textos. Después, cada lectora podrá construir los propios.

A nosotras nos sorprendió —aunque no tanto— comprobar cómo la violencia patriarcal aparece de manera persistente en la literatura escrita por mujeres. Desde Emilia Pardo Bazán hasta Mónica Ojeda encontramos denuncias sobre matrimonios impuestos, la negación de experiencias como el posparto o el miedo a transitar el espacio público en soledad.

—María Fernanda Ampuero habló de la necesidad de incluir autoras contemporáneas y dialogar con las “muertas”. ¿Cómo trabajaron esa tensión entre canon, presente y relectura?

—En el prólogo ella desarrolla una idea que nos encanta: la diferencia entre una antología y una "antojología". Habla de cómo construir una selección de cuentos que no solo sean buenos, sino que además le gusten profundamente a quien los reúne.

—El libro aborda el terror desde múltiples formas: violencia machista, cuerpos en peligro, venganza y rencor. ¿Qué lugar ocupa hoy el terror escrito por mujeres dentro de la literatura latinoamericana?

—En Fera tenemos un club de lectura desde hace cinco años. Nos reunimos todos los meses para leer en comunidad y gran parte de nuestras lecturas son cuentos escritos por mujeres, especialmente dentro del terror latinoamericano.

Creemos que este fenómeno tiene que ver con que el terror escrito por mujeres habla, de forma más o menos cifrada, de las experiencias que atravesamos en estos tiempos tan complejos.

Moiras

Fera, una editorial que hace foco en la escritura de mujeres.

Prensa

Moiras aparece como una continuación o expansión de Dantescas. Elaine Vilar Madruga la define incluso como su “hermana mayor”. ¿Cómo se piensa esa relación entre ambas antologías?

—Tardamos dos años en lanzar una segunda antología de cuentos oscuros. Después de la recepción que tuvo Dantescas, no sabíamos cómo continuar. No queríamos pensar el proyecto como un simple producto y también éramos conscientes del riesgo que suelen tener las segundas partes.

Por suerte nos dimos el tiempo para encontrar a la persona indicada. Necesitábamos a alguien capaz de construir su propia "antojología". Elaine Vilar Madruga, escritora cubana incluida en Dantescas, fue esa persona. Incluso decidió no incluir autoras clásicas, y respetamos completamente esa decisión porque cada libro debe tener una identidad propia.

Quizás la compiladora del próximo volumen esté entre las autoras de Moiras. Todavía no lo sabemos. Dejaremos que los hilos del destino sigan tejiéndose.

—En este caso, el eje es el destino: mujeres que “tejen y destejen” sus vidas. ¿Qué les interesaba explorar a partir de esa idea del hilo, la fatalidad y la agencia?

—Así como en Dantescas la idea del infierno surgió de María Fernanda Ampuero, aquí la imagen de las hilanderas llegó de la mano de Elaine. Fue una intuición que apareció al final del proceso.

Primero estuvieron los cuentos —muchos de ellos inéditos y escritos especialmente para este libro— y después surgió la pregunta sobre qué los unía. Como cuenta Elaine en el prólogo, soñó con una visita espectral de las Moiras y comprendió que allí estaba la clave.

Como editoras, sentimos que esta selección trabaja una tensión muy potente entre la capacidad que tenemos para construir nuestras propias vidas y aquello que escapa a nuestro control, ya sea el destino o determinadas estructuras sociales.

—Elaine habla de “ampliar los márgenes del terror hacia una literatura oscura”. ¿Cómo definen hoy ese territorio literario que cruza géneros y gana relevancia en el panorama actual?

—En uno de sus diarios, Cecilia Pavón escribe una frase que nos encanta: "Escribo rápido y mal y en primera persona porque el patriarcado es escribir lento y bien en tercera persona".

Creemos que existe un sesgo patriarcal en muchas de las categorías literarias tradicionales. Hoy eso se pone en discusión a través de géneros híbridos que permiten correr los límites y experimentar. Leemos novelas-ensayo, poemas en prosa y obras que se acercan a la autoficción a partir del trabajo con archivos. Todo eso amplía las posibilidades de la escritura.

—Ambos libros incluyen comentarios de las escritoras antologistas dentro de los cuentos y al final. ¿Cómo surgió esa idea y qué aporta esa capa de lectura?

—Esa propuesta está presente desde la concepción misma de la colección. Queríamos incluir guías de lectura, comentarios críticos y preguntas que generaran un diálogo entre la obra y quien la lee.

La idea surgió a partir de la necesidad de democratizar el acceso a los clásicos, pero terminó convirtiéndose en algo mucho más poderoso: la posibilidad de compartir la intimidad lectora de escritoras como Esther Cross, María Fernanda Ampuero o, próximamente, Betina González.

Fera, una editorial que hace foco en la escritura de mujeres.

Prensa

—Las ilustraciones también tienen un peso importante en estas ediciones. ¿Qué rol buscan que tenga lo visual dentro del libro?

—Buscamos que las imágenes sean estimulantes. Trabajamos mucho en la selección de ilustradoras que puedan representar el espíritu de cada obra.

Las ilustraciones terminan siendo otra forma de entrar en el universo del libro. La atmósfera la construyen los textos, pero antes y después de leerlos hay una imagen que no solo acompaña: también envuelve y amplifica la experiencia.

—¿Hay algo más que quieran agregar?

—Dos cosas. Por un lado, a medida que la colección crece confirmamos que funciona porque cada comentadora trabaja sobre textos con los que mantiene un vínculo genuino. Cuando hacemos una convocatoria no encargamos un trabajo: preguntamos con qué obra les gustaría dialogar. Eso vuelve el proceso mucho más orgánico y auténtico.

Por otro lado, queremos mencionar el próximo título de la colección, en el que venimos trabajando desde hace meses y que presentaremos en la Feria de Editores. Se trata de La muñeca y otros textos espectrales, una antología que reúne cuentos y ensayos sobre lo sobrenatural de Vernon Lee, traducida y comentada por Betina González.

Verónica Dema

Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.