El hotel donde el tiempo se rompe, un duelo y el deseo: el universo de Estación Saturno, la nueva novela de Fernanda García Lao

Estación Saturno, una novela de Fernanda García Lao que combina duelo, extrañeza y experimentación narrativa. En esta entrevista, la autora reflexiona sobre el lenguaje, la realidad y el acto de escribir.

Por Verónica Dema

27 de julio de 2026, 13:30

Fernanda García Lao
Fernanda García Lao, autora de Estación Saturno. - Vicente Vicens

La nueva novela de Fernanda García Lao Estación Saturno (Entropía) comienza con un viaje: dos hermanos emprenden el regreso tras el entierro del mayor de los tres y, cuando el gato que pertenecía al hermano muerto se escapa en una estación de servicio, terminan en un hotel tan extraño como inquietante. Allí, el tiempo parece perder su lógica y lo fantástico convive con el deseo y la mentira, en un escenario donde la realidad se vuelve cada vez más inestable.

Con una escritura que desafía las formas tradicionales de narrar, García Lao construye una novela en la que el lenguaje, la atmósfera y las imágenes pesan tanto como la historia. El duelo, la identidad, los vínculos familiares y la fragilidad de la percepción atraviesan un relato que apuesta por la experiencia antes que por la explicación.

En esta entrevista con OHLALÁ!, la autora habla sobre el origen de Estación Saturno, la influencia del cine y la poesía en su escritura y explica por qué prefiere que sus lectores salgan de un libro con una incomodidad antes que con una respuesta definitiva. 

Fernanda García Lao
Fernanda García Lao, en una entrevista en OHLALÁ! - Dunia Gras

- ¿Cuál fue la primera imagen, escena o sensación que dio origen a Estación Saturno? ¿Qué apareció primero: la historia, la voz o la atmósfera?

- Suelo trabajar vinculando estímulos. En este caso se aliaron un procedimiento, un paisaje y un tiempo. Pero recuerdo cuál fue el momento. Terminaba de ver una película de Bergman y bajo ese influjo me pareció interesante activar un mecanismo que se contara a sí mismo. La literatura que me interesa no suele conformarse con modos tradicionales de narrar y me propuse que fuera la forma la que se escribiera a sí misma. Sin narrador, intentando algo molecular y múltiple, que avanzara distinto. Es decir, no hubo primero un asunto y luego un modelo. Ocurrieron a la vez. Me dediqué a imaginar lo que se ve, lo que se dice, lo que se hace, robando algo de la técnica cinematográfica para hacer literatura y no un guion. Eso me permitía torcerlo y extremarlo. Entonces vi a los hermanos en el auto, con el gato atrás, casi en silencio, avanzando por una ruta y me pregunté quiénes eran, por qué se ignoraban, cuál era su trayecto. Les busqué locación cuando ya habían hecho algunos km. Buceando por el mapa de la provincia de Buenos Aires, encontré Estación Saturno. Y esa aparición tuvo implicaciones simbólicas, políticas y estéticas en el texto.

 - ¿Sentís que esta novela dialoga con alguna preocupación que viene atravesando toda tu obra o inaugura una búsqueda distinta?

- Creo que siempre es un diálogo entre lo recurrente y lo nuevo. A veces escribo en respuesta a lo anterior, por oposición o porque han quedado inquietudes no resueltas. Si vengo de una primera, me obligo a desterritorializar la voz. Acá, venía de trabajar un par de libros en segunda persona, Sulfuro y Autobiografía con objetos, y me tocaba la tercera. No quería caer en ningún afán de omnisciencia o su contra, la cercanía, la equidistancia. La pregunta siempre es quién narra, desde dónde. Me pareció un reto sostener el procedimiento que había inventado y me propuse no quebrarlo por necesidades ajenas o de trama. Por otro lado, como se trataba de sostener una forma para narrar la pérdida, apliqué la idea al recorrido mayor, al arco. Un duelo quiebra la percepción del mundo. Y ya no se vuelve al lugar anterior. Son tres partes y se va diluyendo el sentido de realidad a medida que se avanza. La muerte crea distancia entre los que quedan. No sólo entre ellos sino tambien con relación al tiempo, al mundo. Si cae A, todo se descompensa.

Fernanda Garcia Lao
Fernanda García Lao - Daniela Fernández

- La prosa es poética durante toda la novela. ¿Qué posibilidades expresivas encontrás en ese registro que quizás una narración más lineal no te permite? 

- Me gusta la poesía no lírica y que la narrativa se deje contaminar. No creo en las limitaciones genéricas. La frase es mi motor. Esa es la trama que me importa. Cómo se van hilando los asuntos a partir del lenguaje, qué vicios, con qué verbos. Las novelas de anécdota me aburren, casi siempre. Los lugares comunes me los salto. Ni siquiera los contemplo. Voy a buscar las gemas, el absurdo, lo raro. Desde chica he sido lectora salteada, antes de leer a Macedonio. Ya practicaba el arte de esquivar los párrafos donde no ocurría nada. Las indicaciones pormenorizadas de movimiento, los intentos de psicologizar los cuerpos o las bajadas de línea del autor ni las leía. Iba a buscar lo furioso, lo crudo. Lo conmovido.

- ¿Tenés en la novela una apuesta porque el lenguaje genere más una experiencia sensorial que una comprensión inmediata de la historia?

- Entender está sobrevalorado. Prefiero trabajar hacia la intuición, hacia lo difuso. Ahí hay cosas menos masticadas. Para qué escribir, si no. Yo quiero ir a donde pensando no se llega. Para eso necesito otras inteligencias y la percepción física, poética. Soy una empirista trascendental, con Deleuze como referencia. Y a la vez, el humor se me filtra. Me sirve para dinamitar mis propias pretensiones de grandeza. Eso me devuelve al terreno de lo precario, herencia del teatro. La potencia y la carencia de la mano. El fraserío usado como dinamita para el cuerpo.

- En la novela aparecen elementos vinculados con lo fantástico, lo esotérico y lo inexplicable. ¿Qué te interesaba explorar a través de ese universo?

- En algún momento me di cuenta de que había algo profundamente arltiano. Lo fantástico fue una excusa para trabajar el engaño. El hotel funciona como un teatrito de la argentinidad concentrada: lo político miserable, apelando a lo sexual y al drama para significarse.

- ¿Pensás esos elementos como una ruptura con la realidad o, por el contrario, como una manera distinta de hablar de ella?

- La realidad está rota y es múltiple. Pretender contar el mundo actual con las herramientas del siglo XIX solo puede generar novelas huecas, perezosas. Vivimos parcelados según nuestro nicho de conocimiento y bolsillo. Se habló de la postverdad, ahora la pregunta recurrente es ¿Pero esto es real? Lo que vemos se puede producir casi sin costo. O sin costo aparente, más bien. Nunca fue tan barato engañar ni tan fácil. Porque nos gusta creer. A la humanidad siempre le gustaron los espejitos.

- ¿Creés que Estación Saturno habla, en el fondo, sobre el duelo, la identidad o la transformación? ¿Qué te interesa explorar de la fragilidad humana?

- Cada lectura recibida me ha devuelto algo distinto. Quizás porque yo no escribo “sobre” sino “desde”. Desde el duelo y mi propia fragilidad. Hay algo ajeno y que, sin embargo, me nombra en cada cosa que escribo. Dónde hará eco en el resto, imposible saber. Eso es inquietante y me gusta.

- ¿Qué te gustaría que le quedara al lector después de atravesar esta novela: una respuesta, una pregunta o una sensación?

- Una incomodidad.

Verónica Dema

Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.