Hace unas pocas semanas, Batato Barea volvió a estar en boca de todos gracias a Moria, la serie de Netflix sobre La One que fue todo un furor en streaming. En la ficción, el artista es interpretado por Donna Tefa Sanguinetti, quien recrea aquella recordada secuencia junto a la conductora en A la cama con Moria. Ese momento devolvió al centro de la escena un cruce emblemático entre el under porteño y la televisión masiva y, claro, el gancho es inevitable: si la vida de Batato ya llegó a la pantalla, ¿qué otros referentes de ese mismo universo se merecen su propia historia?

El under porteño antes de Batato Barea: los artistas que marcaron una época
Para empezar a buscar respuestas hay que viajar un poco más atrás, a los años 60, en pleno proceso de ebullición cultural en Buenos Aires. En el centro de esa movida estaba el Instituto Di Tella, que funcionó como el gran epicentro de la vanguardia artística local. Por sus salas pasaron figuras como Alberto Greco, Juan Stoppani y Federico Manuel Peralta Ramos, mentes inquietas que se encargaron de dinamitar los límites entre disciplinas y replantearse por completo qué podía considerarse una obra de arte.

Esa libertad también apareció en artistas como Jorge Bonino, que desarrolló una forma de hacer teatro y humor difícil de encasillar. Sus trabajos jugaban con el absurdo y las reglas de la escena, anticipándose a lo que vendría. Todavía faltaba mucho para que existiera el Parakultural, pero ya aparecía una manera de entender el arte que dejaba espacio para probar otras formas de expresión.

La dictadura interrumpió buena parte de esa vida cultural y la ciudad cambió. Con el regreso de la democracia, apareció una nueva generación que volvió a ocupar espacios de la ciudad y encontró nuevas maneras de hacer teatro, música y performance, y de ese movimiento surgirían algunos de los nombres más recordados del under porteño.
Batato Barea y el Parakultural: los personajes del under porteño de los 80
Batato Barea, quien se definía a sí mismo como "clown travesti literario", fue uno de ellos, pero no estaba solo, ya que a su alrededor se armó una escena en la que convivían artistas de distintas disciplinas.
El Parakultural, creado por Omar Viola y Horacio Gabin, funcionó como uno de los motores fundamentales de toda esa movida y por ahí pasaron también Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese y una larga lista de creadores que después transitaron sus propios caminos.
Además de construirse sobre el escenario, la escena tomaba forma en los ensayos, las fiestas, las amistades y el pulso constante por distintos puntos de la ciudad. Omar Viola fue una de las piezas clave que sostuvieron ese circuito, convirtiendo al Parakultural en el refugio perfecto para quienes querían trabajar al margen de los teatros tradicionales.
La música avanzaba en paralelo por un carril muy cercano. Cemento, el mítico espacio fundado por Omar Chabán y Katja Alemann en 1985, se transformó rápidamente en el templo del rock y el punk porteño. Por sus tablas pasaron bandas como Sumo y Los Redondos, abriéndole también las puertas al teatro y a las performances. Todo eso conformaba otra de las grandes arterias de esa misma ciudad nocturna que alimentaba al under.
El under porteño en los 90: los artistas que heredaron aquella escena
Pero el under no desapareció con el final de los 80, solo mutó de locaciones, de códigos y de protagonistas. Durante los noventa, una nueva camada comenzó a moverse con total libertad entre la música, el cine y el circuito independiente, encontrando nuevos públicos que querían otra cosa.
Rosario Bléfari es uno de los nombres indispensables para leer ese cambio de época. Al frente del grupo de rock alternativo y pop experimental Suárez, se transformó en un faro del indie noventoso, a la par que consolidaba una sólida trayectoria como actriz y escritora.

En paralelo, Martín Rejtman empezó a gestar desde el cine una obra por fuera de las estructuras comerciales, encontrando en Rapado (1992) una de sus primeras grandes referencias.
Ya no se trataba del mismo under visceral de Batato, pero seguía latente la misma urgencia: trabajar al margen de la maquinaria grande para construir una identidad genuina.
La vida de Batato permite asomarse a una Buenos Aires única, poblada de personajes imposibles de encasillar y de historias que todavía tienen mucho por contar. Muchas de esas marcas ya encontraron su lugar en la pantalla o en las páginas de un libro, mientras que otras apenas sobreviven en archivos y recuerdos difusos. Queda claro que aquel espíritu subterráneo dejó una huella enorme y que el mapa de sus historias todavía tiene zonas enteras por descubrir y dar a conocer.
Emanuel Juárez Periodista y productor de radio, TV y medios digitales. Emanuel aprovecha cada oportunidad para compartir información, opiniones y las últimas tendencias del mundo del espectáculo.




