
Drops of God: el drama elegido como una de las mejores series por la crítica
La serie regresa con una competencia más feroz, heridas abiertas y una pregunta clave: cuánto estamos dispuestos a sacrificar por la verdad.
24 de enero de 2026 • 01:28

drops_of_god_photo_020201.jpg - Créditos: Apple Tv+
En Drops of God, el vino nunca fue solo vino. Desde su primera temporada, la serie construyó un relato donde cada botella, cada cata y cada desafío funcionaban como disparadores de algo más profundo: la identidad, la herencia y las marcas que deja la familia. En su segunda temporada, ese universo se expande y se vuelve más intenso. Camille e Issei ya no están descubriendo quiénes son, sino enfrentando qué hacen con todo lo que encontraron en el camino.
Hermanos unidos por la sangre pero separados por una historia de silencios, abandonos y competencia, ambos vuelven a quedar en el centro de una búsqueda extrema: encontrar el origen del vino más extraordinario del mundo, un misterio que ni siquiera su padre, Alexandre Léger, pudo resolver. Lo que empieza como un desafío intelectual y sensorial se transforma rápidamente en una travesía emocional que los obliga a revisitar traumas, rencores y decisiones no resueltas.
Más ambiciosa en su puesta en escena y más oscura en sus dilemas, la segunda temporada confirma que Drops of God no es solo una serie sobre vino y prestigio, sino un drama familiar sofisticado, donde el verdadero conflicto se juega lejos de la copa.

drops_of_god_photo_020104.jpg - Créditos: Apple Tv+
Temporada 2: una búsqueda que atraviesa generaciones
La nueva temporada eleva la apuesta desde el primer episodio. Camille y Issei son empujados a un desafío que los lleva a recorrer distintos países, épocas y relatos olvidados, siguiendo pistas que combinan historia, intuición y sensibilidad. El objetivo es claro pero casi imposible: descubrir el origen de un vino legendario, una pieza única cuya historia quedó enterrada durante siglos.
En ese recorrido, la serie profundiza en el vínculo entre los hermanos. La competencia sigue siendo un motor central, especialmente para Issei, que continúa midiendo su valor a través del enfrentamiento constante. Camille, en cambio, busca algo distinto: un lazo más genuino, menos condicionado por el legado y más cercano a la idea de familia que nunca tuvo. Esa diferencia de miradas genera tensiones permanentes y vuelve el vínculo tan frágil como inevitable.
La temporada también se anima a mostrar cómo el poder y el dinero no garantizan bienestar emocional. Camille cree haber dejado atrás sus heridas: tiene estabilidad, reconocimiento y un hermano con quien compartirlo. Pero, sin darse cuenta, empieza a repetir gestos y decisiones de su padre, reproduciendo aquello que tanto le dolió. Issei, por su parte, sigue cargando con la falta de amor materno y con una necesidad constante de demostrarse fuerte, incluso cuando eso lo vuelve egoísta.
En ese cruce de búsquedas personales, la serie introduce un tema clave: el perdón. No como consigna moral, sino como una condición necesaria para seguir adelante. Sin perdón —parece decir Drops of God— no hay legado que alcance ni victoria que sane.

drops_of_god_photo_020108.jpg - Créditos: Apple Tv+
En la primera temporada, sus personajes atraviesan un viaje de autodescubrimiento e identidad. ¿Qué sienten que aprenden allí y que resulta esencial para lo que viene en la segunda temporada?
Fleur Geffrier: Es una gran pregunta, gracias. Creo que Camille aprende a formar parte de ese mundo. En la primera temporada, ella se sentía como una niña, muy afuera de todo, y aprende a integrarse de verdad, a tener una voz y a hacerse escuchar. También aprende muchísimo sobre su padre, y eso es algo enorme para ella. Descubrir quién fue realmente Alexandre Léger es un punto clave. Y, sobre todo, aprende que es capaz de muchas más cosas de las que imaginaba, que es mucho más fuerte de lo que creía.
Tomohisa Yamashita: Si pienso en lo que aprende Issei, diría que es un personaje brillante que creció en una familia rica, pero que desde muy joven tuvo que elegir entre hacerse cargo del legado familiar o crecer como persona. Nunca dejó de aprender cosas nuevas ni de enfocarse en mejorar. Lamentablemente, nunca recibió amor de su madre, y eso dejó un vacío muy grande en su vida. Todo el tiempo intenta superarlo, ser más fuerte, seguir adelante. Lo que yo aprendo de él es justamente eso: seguir avanzando, pase lo que pase. Hay una pasión muy fuerte en él, una necesidad constante de ir hacia adelante.
La dinámica entre sus personajes cambia mucho en la primera temporada y sigue evolucionando en la segunda. ¿Qué aspecto de ese vínculo sigue siendo el mayor desafío para ambos?
Fleur Geffrier: La competencia sigue estando muy presente. Issei está muy aferrado a esa lógica competitiva, y Camille no siempre la entiende. Ella quiere que sean simplemente hermanos, pero para él es muy difícil. Él siente que lo perdió todo. Aun así, el amor entre ellos empieza a construirse en esta segunda temporada. Aprenden, poco a poco, a ser hermano y hermana, aunque no sea sencillo.
Tomohisa Yamashita: En la segunda temporada, Issei se comporta de una manera un poco infantil con su hermana. Es un poco egoísta, pero tiene que ver con que necesita que ella entienda lo que él está sintiendo en ese momento. Esa actitud puede parecer inmadura, pero también nace del hecho de que están intentando convertirse en una familia. La relación es muy complicada, pero creo que a lo largo de la temporada él intenta crecer y hacer que ese vínculo funcione mejor.
Ambos personajes cargan con traumas profundos. Aunque parecen estar en lugares opuestos, en el fondo necesitan sanar cosas similares. ¿Dónde sienten que están emocionalmente en esta segunda temporada y qué demandas aparecen con más fuerza?
Fleur Geffrier: Camille cree que está bien. Siente que todo quedó atrás. Tiene a su hermano, tiene dinero, tiene una buena vida, y piensa que ya sanó. Pero no se da cuenta de que empieza a parecerse cada vez más a su padre. De alguna manera, Issei está ahí para ayudarla a darse cuenta de eso. Ella se vuelve egoísta sin notarlo y no alcanza a ver cuánto está luchando él… ni cuánto está luchando ella misma.
Tomohisa Yamashita: Personalmente, creo que el gran tema de la segunda temporada es el perdón. Especialmente dentro de las familias, que es probablemente una de las cosas más difíciles de la vida. Sin perdón, nadie puede ser verdaderamente feliz. Ojalá Camille pueda encontrar sus propias respuestas a lo largo de esta temporada, pero para mí el perdón es la palabra clave de esta nueva etapa.

Sole Venesio Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y docente (UBA). Trabajó en LA NACION desde el 2010 hasta el 2024. Fan absoluta del mundo de la cultura, es una seriéfila empedernida y nuestra gurú de los estrenos en la pantalla chica.
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