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Así es el bar escondido del Teatro Colón que muy pocos conocen y el secreto foodie mejor guardado

El Teatro Colón ofrece una confitería en un pasaje que lo atraviesa por su interior. Está abierto todos los días y los domingos ofrece un espectáculo.


Una de las mozas sirve una mesa en la confitería Pasaje de los Carruajes en el Teatro Colón.

Una de las mozas sirve una mesa en la confitería Pasaje de los Carruajes en el Teatro Colón. - Créditos: Prensa Pasaje de los Carruajes



El Teatro Colón, considerado uno de los cinco mejores teatros de ópera del mundo, se alza imponente en la ciudad de Buenos Aires: ocupa un área de 63.408 metros cuadrados. Es uno de los principales atractivos culturales, tanto de porteños como de turistas nacionales e internacionales. Sin embargo, en su interior alberga una confitería que quizá no conozcas.

“Nos hablaron del bar del Colón, pero nos confundimos y fuimos al que está en la esquina. Nos costó encontrarlo a este”, comenta a una de las mozas una mujer de unos 40 años que elige una mesa en la confitería ‘Pasaje de los Carruajes’. “Está previsto sumar alguna cartelería para visibilizarla”, les dice a las clientas Diego, el encargado de la gastronomía, que recorre las mesas este domingo por la tarde.

Este bar está “escondido” dentro del teatro, en el antiguo Pasaje de los Carruajes, una angosta callecita que atraviesa el Teatro Colón y comunica las calles Tucumán y Arturo Toscanini, frente a la Plaza del Vaticano. Cuando se remodeló por los cien años del Colón, se diseñó así: una especie de calle techada que, de un lado, tiene las boleterías del teatro y, del otro, esta confitería vidriada muy a tono con la majestuosidad del lugar.

La confitería tiene mesas adentro y afuera, sobre el histórico pasaje.

La confitería tiene mesas adentro y afuera, sobre el histórico pasaje. - Créditos: Prensa Pasaje de los Carruajes

Como cada domingo, a las 17 empieza a sonar un trío de músicos que acompaña el horario de la merienda y hasta el atardecer. Cuando vibran las primeras cuerdas -canciones contemporáneas interpretadas por dos violines y un violonchelo- se empiezan a ocupar más lugares: las mesitas, preparadas cada una con flores naturales, se distribuyen sobre ese pasaje y, también, adentro, para quienes quieren estar más cerca de la barra y su exhibidor de pastelería fina hecha por la pastelera del Colón.

El encargado recorre las mesas para ver que todo esté en orden. Cuida los detalles para que nada desentone con la experiencia del teatro. Cuenta que algunos de los presentes son habitués que ya conocen esta propuesta especial de la hora del té y a ellos se les suman los ocasionales visitantes del Colón. “Me hizo acordar al Palacio de Versalles, con esas molduras doradas, las lámparas”, comenta una joven que se sienta a merendar después del recorrido.

Pasadas las 18, cuando termina la última visita guiada por el teatro, hay incluso gente parada disfrutando del repertorio de los tres jóvenes músicos. La vie en rose, de Edith Piaf, Muchacha ojos de papel, de Almendra, Te vi, de Fito Páez, y Rezo por vos, de Luis Alberto Spinetta y Charly García, son algunos de los temas que suenan en este petit concierto.

Los domingos, cuando suena el trío de cuerdas, la confitería tiene su máxima convocatoria de público.

Los domingos, cuando suena el trío de cuerdas, la confitería tiene su máxima convocatoria de público. - Créditos: Ohlalá!

La carta que se entrega a los clientes suma en la primera página –en español y en inglés– una síntesis de lo que significa esta particular confitería. “Entre pisos de teselas, solados, carpinterías y artefactos de iluminación originales te invitamos a disfrutar de una selección de pastelería argentina, platos internacionales, infusiones, sándwiches y ensaladas”, se lee.

Algunas opciones son: variedad de viennoiserie (croissant: $700, medialunas: $170, pain au chocolat: $790, variedad de budines: $350, muffin de frutos rojos: $450); cafetería (café espresso: $400, capuccino: $650, té: $450); variedades de sándwiches (desde $2100) y de ensaladas (desde $1700), además de tablas de quesos. La carta es extensa y tiene múltiples bebidas con alcohol, como aperitivos tradicionales, vinos y whiskies, además de las sin alcohol.

La carta del Pasaje de los Carruajes es amplia: varía de café y meriendas a cenas acompañadas con espumante.

La carta del Pasaje de los Carruajes es amplia: varía de café y meriendas a cenas acompañadas con espumante. - Créditos: Prensa Pasaje de los Carruajes

La sugerencia especial para compartir los domingos por la tarde es Aída High Tea: quesos argentinos, salmón ahumado, scones con mermelada y queso blanco, trilogía de mini sándwiches, mini budín de banana y castañas de cajú, paté a choux, macarons, textura de chocolate y dulce de leche, elección de mini gateaux. Todo acompañado de una copa de espumante, infusión y jugo de naranja ($6.000) 

La carta también incluye un apartado que se aleja de lo puramente gastronómico y relata que “el arquitecto italiano Francisco Tamburini, que diseñó el teatro, eligió este pasaje (donde ahora se emplaza la confitería) para que los días de lluvia las damas no se mojaran el ruedo del vestido al bajar del coche tirado por caballos”. Así podían entrar directamente al foyer del Colón. Y aclara que era también una especie de “pasadizo secreto hasta los palcos ‘baignoire’, creados especialmente para que las viudas, en el período de duelo, pudieran ingresar sin ser vistas y presenciar la función”.

La merienda de los domingos a las 17 se presenta como un clásico en la confitería del Colón.

La merienda de los domingos a las 17 se presenta como un clásico en la confitería del Colón. - Créditos: Ohlalá!

El bar, sin dudas, tiene su encanto. Cuando los músicos dejan de tocar, pasadas las 19, el sitio queda casi en silencio, apenas con los rumores de algunas voces matizadas por los roces de vajillas que se retiran. En una mesa ocupada por tres mujeres de distintas generaciones, la más joven comenta: “Qué silencio. Ideal para venir por las mañanas a trabajar”. Las demás asienten. Es notable la ausencia de televisor, una pantalla que desentonaría con el clima y la estética de este lugar que es Monumento Histórico Nacional.

Llaman a una de las mozas –que sigue con cabello tirante peinado en rodete y su uniforme impecable– y le piden la cuenta. “¿Nos sacás una foto?”, le dice una de ellas. La moza sonríe: “Tomé varias, ¿a ver si les gustan?”. Les devuelve el celular y sigue con sus tareas: como es domingo cierran a las 20. En la semana están hasta las 23.

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