BRATISLAVA, Eslovaquia.- Europa brinda muchas oportunidades para un tipo de triangulación desusada por los habituados a las grandes extensiones americanas: desayunar en un país para luego, recorriendo sin apuro, almorzar en otro y cenar en un tercero.
Buen terreno para este tipo de experiencia, debido a la disposición de las respectivas capitales, lo provee el lugar donde Eslovaquia se encuentra tanto con Austria como con Hungría. Se puede comenzar el día en Viena, almorzar en Bratislava, y concluir la jornada en Budapest.Como aliciente adicional, el Danubio habrá estado a la vista, o al menos cerca, todo el día.
Bratislava está tan cerca de la capital austríaca -65 kilómetros- que se ofrece como una intrigante opción para una escapada desde allí: un paseo con el cual se agrega otro interesante país más a los ya visitados en Europa. Budapest tampoco está lejos: 215 kilómetros.
Casi parece paradójico que visitar Bratislava resulte más directo desde estas ciudades que desde la más lejana Praga (600 kilómetros). Cuando Checoslovaquia era una nación, antes de la escisión entre la República Checa y Eslovaquia, la centralizadora Praga era la capital de todo y Bratislava sólo tenía el status de sede regional. Esa ciudad, que había sido capital de un país.
Sólo que de otro país: de Hungría. Para entender la historia de Eslovaquia hay que profundizar no sólo en la de Checoslovaquia, sino en la del país magiar, porque Eslovaquia fue parte de Hungría durante 900 años, entre 1018 y el fin de la Primera Guerra Mundial.
Y luego que los turcos capturaron a Buda (no conquistaron Pest, del otro lado del Danubio), la capital húngara se desplazó a Bratislava durante dos siglos y medio. Los húngaros que dominaban a los eslavos la llamaron Pozsowy, mientras los austríacos que a su vez dominaban a los húngaros preferían decir, germánicamente, Pressburg.
Como era de esperar, tales antecedentes dejaron sus huellas arquitectónicas en la ciudad, que presenta un atrayente casco histórico con edificios de varios siglos. La catedral gótica de San Martín fue la sede de la coronación de numerosos reyes de Hungría. Hay más de una veintena de iglesias, palacios y otras construcciones, del Medievo en adelante, para detenerse.
Esta parte antigua de la ciudad muestra claras señales de los trabajos de restauración, si bien los alrededores pueden verse alicaídos; Eslovaquia se muestra, con nitidez, menos próspera que su antigua compañera la República Checa. Así y todo, se está procurando crear barrios residenciales nuevos que escapan del estilo monobloque a la usanza soviética que antes se emulaba.
Para recorrer a pie
El centro histórico de Bratislava es suficientemente pequeño para ser recorrido a pie, deteniéndose en algún museo o palacio, en algunas horas (no conviene que la visita sea en lunes, día de descanso de la mayoría de los museos y otros atractivos donde se reciben visitas).
Sin duda también se puede visitar con mayor detenimiento y Bratislava incluso puede ser la base de excursiones al interior de Eslovaquia, país de bonitos paisajes y castillos medievales.
Sobre un promontorio, que marca un extremo de los montes Cárpatos, se alza el gran castillo de Bratislava, ahora sede de museos. Es un lugar que ya fue aprovechado por los celtas y luego por los romanos. Se ve desde toda la capital y a la vez domina una agradable vista de la misma.
La Torre Miguel, en el centro de la ciudad, combina otro mirador y una exhibición de armas antiguas.
Una confitería en las alturas
Otra opción para una vista elevada de Bratislava la regala el moderno puente Novy Most, que cruza el Danubio. Es una estructura colgante, pero suspendida no entre dos torres, sino de una sola, si bien bípeda. La torre se erige, ladeada para aguantar el asimétrico esfuerzo, en una de las dos riberas del río. Un ascensor conduce a una confitería en lo alto.
Viena es la ciudad que ha hecho más alharaca respecto al Danubio, pero la realidad es que Bratislava, teniéndolo a 300 metros del centro mismo (no distante o canalizado, como en Viena), y acercándose hasta su vera con importantes edificios, como el de la Galería Nacional, aprovecha mejor las vistas del río.
Claro que Budapest, surcada por el medio por sus aguas, en este sentido les gana a las dos.
No todo lo que hay para ver en Bratislava es antiguo. Literalmente se puede tropezar con alguna que otra encantadora estatua moderna con sentido del humor, como la de un operario de las alcantarillas municipales que, apoyado sobre sus codos de bronce, observa todo complacientemente, semisalido de una falsa boca de inspección en plena vereda.
Datos útiles
Cómo llegar: el pasaje aéreo hasta Viena, de ida y vuelta, cuesta alrededor de 1100 dólares, con tasas e impuestos.
- Un pasaje de tren desde Viena hasta Bratislava, ida y vuelta, vale 16 dólares, y el trayecto demanda un poco más de una hora.
Alojamiento: una habitación doble en un hotel tres estrellas oscila entre los 50 y 70 dólares; en uno de cuatro cuesta 90 y en uno de cinco, desde 150.
Gastronomía: una comida en un restaurante de primer nivel cuesta alrededor de 15 dólares. Se puede comer bien desde 4 dólares.
Visa: se puede tramitar en el consulado eslovaco de Buenos Aires. Es necesario aclarar que tener una visa checa no da derecho a visitar Eslovaquia y viceversa. El costo es de 32 pesos
Más información: Embajada de la República Eslovaca, Av. Figueroa Alcorta 3240 (4801-3917). Atención de 8.30 a 15. Para tramitar la visa: martes y jueves, de 9 a 12.
En Internet:
Nicolás Meyer









