Camboya en ritmo lánguido

Phnom Penh, la capital, tiene impresas las huellas del terror; lejos de eso, conserva un aire pueblerino donde se destacan sus pagodas y el Mercado Central, de sutiles líneas art déco

Por Redacción OHLALÁ!

17 de abril de 1998, 03:00

Camboya en ritmo lánguido

P HNOM PENH.- La capital camboyana muestra en todas las esquinas los vestigios de un pasado turbulento. Negar la decadencia de la ciudad sería un error. Sin embargo, aun así, se adivina un encanto antiguo y un ritmo lánguido, casi de pueblo.

Durante la ocupación francesa, Phnom Penh fue considerada una de las ciudades más atractivas de Indochina. Situada en Quatre Bras (en francés, cuatro brazos), la ciudad reposa en la confluencia de los ríos Mekong, Tonlé Sap y Bassac.

Inevitablemente, hablar de Phnom Penh conduce de una u otra forma a contar sobre los años del régimen de Pol Pot.

En 1975 la población aproximada de la capital camboyana era de dos millones de habitantes. Cuando el Khmer Rouge tomó la ciudad, el 17 de abril de ese año, forzó a los ciudadanos a retirarse al campo como parte de su programa radical de reestructuración de la sociedad. En efecto, el objetivo de Pol Pot era transformar el país en un Estado maoísta, dominado por una cooperativa agrícola integrada por campesinos.

Así, médicos, maestros, escritores, monjes y en general la gente educada de la capital fue trasladada al campo y obligada a realizar trabajo de fuerza durante 15 horas por día. La desobediencia era penada con la muerte. Cuatro años más tarde, en Camboya sólo quedaban campesinos.

Al tiempo de tomar el poder, el Khmer Rouge abolió la moneda, interrumpió los servicios postales y proclamó el Año Cero.

Los años de matanza y espanto no quieren ser olvidados y una visita a los campos de la muerte (Killing Fields of Choeung Ek) grafica concretamente el terror. Para llegar es preciso contratar un taxi o una moto porque el lugar está situado a 15 km de Phnom Penh. Ni bien se deja atrás el bullicio del mercado, la ciudad se pierde y en el horizonte se dibuja una sucesión de campos de arroz y campesinos andando en bicicleta.

Entre los años 75 y 78, alrededor de diecisiete mil hombres, mujeres y niños fueron llevados a Choeung Ek desde un campo de concentración para ser ejecutados. Todavía es posible ver ropa y huesos humanos en los pozos que se dejaron al descubierto.

En 1988 se erigió un Memorial con paneles de vidrio claro que dejan ver más de ocho mil cráneos ordenados por sexo y edad.

Todos los 9 de mayo se celebra una ceremonia en memoria.

Si bien el régimen del Khmer Rouge finalizó a fines de 1978, luego de una intervención de Vietnam, Pol Pot y varios seguidores escaparon hacia la selva y cometieron actos terroristas desde su guarida, en las montañas cercanas a la frontera con Tailandia.

La captura de un Pol Pot ya viejo el año último, marcó el fin de una etapa triste y sombría para los descendientes del gran imperio Khmer.

Pagodas y wats

Visitar una pagoda o templo tradicional del budismo es internarse un poquito más en esta cultura tan distinta y fascinante.

La regla número uno a la hora de entrar en un templo es el respeto. En este país, una de las formas que toma el respeto es estar descalzo antes de pasar al vihara o santuario. Los dais son las plataformas donde las estatuas de Buda están ubicadas. De esta manera, si uno se sienta frente a ellos, los pies no deben apuntarles, sino que hay que sentarse de costado.

Tampoco es bien visto señalar con el dedo a Buda.

La Pagoda de Plata (Silver Pagoda) debe su nombre a que el piso está cubierto con más de cinco mil baldosas de plata que pesan, cada una, un kilo.

También conocido como la Pagoda del Buda de Esmeralda, este lujoso templo contiene una imagen de Buda en cristal de Baccarat y otra, en tamaño natural, construida de oro puro y ornamentada con 9584 diamantes. Sin duda, Camboya es un país de contrastes, y las emociones que se recorren en un viaje traslucen esa antítesis.

Para trasladarse de un lugar a otro dentro de la ciudad, los samlors, bicicletas con chofer y una canasta en el frente para llevar pasajeros son una alternativa típica, útil y barata. Los que guían estos precarios vehículos hablan algo de inglés o francés y por menos de US$ 1 la hora están dispuestos a improvisar un tour por la ciudad.

Las versiones más modernas para hacer un tour son, además de los típicos autotaxi, las mototaxi, que hacen cualquier viaje con una diligencia admirable.

Pasajes a Angkor

La casa de huéspedes o alojamiento Capitol es un paraje estratégico. Además de funcionar como hotel económico, vende pasajes en barco a Angkor, tiene una cartelera con pedidos y ofrecimientos y un bar que congrega a viajeros de todo el mundo.

En las cercanías del Capitol, el mercado central llama la atención por su estilo arquitectónico. En efecto, más allá de los colores y el bullicio propios de una feria asiática, el Mercado Central de Phnom Penh atrae por los trazos sutiles del art déco que gobierna su fachada amarillenta y gastada.

Igual que en muchos mercados, el interior raya con el caos. Conviven sin orden, los ítem de oro y plata con productos de limpieza, ejemplares truchos de relojes de marca, monedas antiguas, remeras impresas con el templo de Angkor Wat, sarongs, flores y comida.

Si bien muchos puestos están destinados a los turistas, el mercado tiene vida propia y la mayoría de los productos apunta a los locales.

La historia de Wat Phnom

En las proximidades del centro, el Wat Phnom está situado en una pequeña colina que está cubierta por una tupida vegetación, visible desde toda la ciudad.

El lugar está visiblemente deteriorado y, aún en plena capital, las raíces gruesas están estrangulando la piedra de una stupa.

Tan real como suena, es una muestra de lo que se verá en Angkor, un modelo de cómo la selva y la falta de conservación están destruyendo los monumentos de Camboya.

Siempre hay guías o chicos dispuestos a contar la historia del Wat por algunos riels.

"Aquí todos vienen a pedir deseos y luego si se cumplen, a dar gracias y ofrecer jazmines o bananas a los espíritus", cuenta Keo Pong, un cuidador del templo, al tiempo que espanta a uno de los tantos monos que se acercó a la entrada.

"También hay una leyenda -continúa en un francés precario- sobre Wat Phnon que explica el nombre de nuestra capital. Se cuenta que una mujer llamada Penh encontró aquí cuatro estatuas de Buda depositadas por la corriente del río Mekong.

"La combinación de su nombre con el de colina o Phnom, donde estamos parados, dio origen a Phnom Penh", finalizó Keo, que ya entendió, acaso por los rostros complacidos de sus interlocutores, que este tipo de datos deleita a los turistas.

Carolina Reymúndez

Información y lecturas

Es recomendable informarse y leer tanto sobre la civilización Khmer como sobre la historia de Camboya antes de emprender un viaje hacia ese país del sudeste asiático.

Hay que tener en cuenta que en general, los libros que hablan sobre este exótico país están en inglés o francés.

Se destacan: A guide to Angkor, an introduction to the temples , por Dawn Rooney; Angkor, Guide Henry Parmentier , por Henry Parmentier, y Angkor , una introducción, por George Coedès. Brother Number One , por David Chandler narra la biografía de Pol Pot.

En materia de guías

A la hora de viajar, la guía de Lonely Planet tiene los consejos más interesantes y la información más actualizada que se puede encontrar hoy en plaza sobre la zona.

Las atrocidades cometidas por el Khmer Rouge fueron documentadas en el libro Kampuchea, década de genocidio.

Otra lectura que es muy recomendable para los que se interesan por la historia de este país del sudeste asiático es Sideshow: Kisinger, Nixon y la destrucción de Camboya , por William Shawcross. En este libro, que ganó un premio luego de ser publicado en 1979, se relata la historia de la expansión de la Guerra de Vietnam dentro del territorio camboyano y los hechos que se sucedieron a mediados de los años 70.

También en las revistas

Los coleccionistas de la revista National Geographic deben saber que existen numerosos artículos escritos sobre ese país.

Pese a que fueron realizados hace tiempo, algunos de ellos conservan una delicada mirada sobre distintos aspectos poco conocidos de un país que se vislumbraba como propuesta exótica.

Entre estos artículos pueden mencionarse: Las ruinas olvidadas de Indochina , en 1912; El enigma de Camboya y el misterio de Angkor , en 1928; Retrato de Indochina , en abril de 1952 y La tierra y la gente del sudeste de Asia , en marzo de 1971.

Más cercano en el tiempo, es posible encontrar una nota muy interesante que toca distintas aristas en el número de mayo de 1982: Kampuchea se despierta de una pesadilla .