L os coleccionistas de objetos de la zona rural suelen ser seducidos por propuestas al borde de los caminos. Hay quienes ya usan prendas gauchas y su demanda consiguió el florecimiento de ciertas artesanías resucitadas con éxito.
La última novedad en ese rubro es la propuesta de Ernesto y Gabriela Ulvedal, que trabajan intensamente el cuero, con modesta producción de alpargatas, que reemplaza a la vieja loneta (a 12 pesos) y que, en varios tonos de marrón o en negro, conviven en la oferta de mostrador con chalecos a 140 pesos, gorras de cuero y otras prendas que exhiben en El Ladrillo, un comedor parrillero a su cargo, sobre la ruta provincial 6, a medio centenar de metros de su cruce (llamado Sommer) con la ruta 220, setenta kilómetros al oeste de Buenos Aires.
El repulgo en cueros
Los Ulvedal -que son creadores de la única bombacha de campo en cuero (es a medida y se vende a 105 pesos) y confeccionan botas a medida por 130 pesos- no sólo disponen en el salón para los comensales de las mejores empanadas fritas de la región (El Ladrillo tomó su nombre del campito aledaño de Jorge Macellar, precisamente propietario de la porteña cadena homónima de venta de empanadas), sino que sirven -tras las deliciosas frituras- un menú pleno de escabeches (vizcacha, conejo, cuerito de cerdo y otros), además de peceto mechado y ensaladas varias con tenedor libre por 6 pesos. Sábados, domingos o feriados, el menú aumenta a 7 pesos, pero agrega parrillada.
Lo mejor es visitar El Ladrillo durante los primeros y terceros sábados del mes, cuando en el lugar se realiza una feria de ganado y se arma una media docena de tiendas de aperos y prendas gauchas, legítimas para el uso y sin intentos de complacencia turística. Si se almuerza en el lugar (consultas por el 533-0689), se aprecia una exhibición de reproducciones y láminas costumbristas.
Para quienes gustan de láminas de Molina Campos, conviene saber que siempre están a la venta en la galería de La Lechuza, la tradicional posta de comidas de Héctor y Ely Rivas (0272-20931) sobre un camino de tierra a 4 kilómetros de la ruta provincial 41 y no lejos de su cruce con la ruta 200, en las cercanías de Navarro.
El puesto pertenece desde hace años a Omar Aldeber Echechiquía (con tarjeta de vendedor ambulante ; 0272-20756 y 20961) que vende láminas, naipes, diarios y revistas antiguas.
El horno está para pollos
Bajo techo -y con piso de tierra-, la oferta de los Rivas en La Lechuza es la de siempre: el acopio mayor de empanadas, desbordantes fuentes de pollo al horno de barro y la raviolada casera más abundante de la provincia, además del flan casero con el tazón de dulce de leche, tenedor libre, canilla igual y todo a 17 pesos.
No hay que olvidar que La Lechuza está a un paso de la laguna de Navarro, de 220 hectáreas de aguas ideales para los deportes náuticos y varias bajadas de lancha, con 60 hectáreas de parque ribereño, y camping, municipal y privado, además del Navarro Golf Club, con 9 hoyos a duplicar para un par 70, y con green-fee a 15 pesos los fines de semana y 10 pesos en días hábiles.
Los memoriosos se corren hasta el aledaño Navarro, donde suelen visitar la iglesia parroquial (de 1870 y donde se venera a San Lorenzo mártir), en cuyo atrio el pendenciero Juan Moreira protagonizó uno de los duelos en los que salió cruentamente airoso.
Para llegar a esos pagos, el Acceso Oeste se sigue hasta General Rodríguez -60 centavos de peaje de entrada y otro tanto de salida-, zona urbana que, hacia la izquierda, se cruza hasta dar con la ruta 24 o Camino del Lechero, que llega a la ruta 6 en su cruce Sommer. A la derecha, por la 6, está El Ladrillo, pero se toma a la izquierda para ir en busca de la ruta 200 que lleva a Navarro y a La Lechuza. Viajar por la Panamericana y Camino del Buen Ayre agrega 4,30 pesos de peaje.
Francisco N. Juárez









