TOKIO.- Poner el pie en el centro de Tokio es como entrar en un juego de Play Station: rascacielos, pantallas gigantes que bombardean con sugerentes anuncios y neón por todas partes. Para ganar la partida, el jugador tiene que alcanzar su destino, por ejemplo, la estación de Shinjuku, sin equivocarse ni una sola vez. Su principal enemigo es un metro descomunal que, para colmo, se mezcla con el tren de las cercanías (Japan Rail) y con varias líneas privadas.
Sin embargo, una vez superada la primera impresión, el extranjero se da cuenta de que la megalópolis es una de las ciudades más seguras del mundo, más limpias, más interesantes en arquitectura contemporánea y, con un poco de atención, fácilmente controlable; aunque también es una de las más caras.
Para evitar la sensación de desamparo que produce verse rodeado de ideogramas tan lejos de casa y en un país en el que pocos hablan inglés, ahí van algunas notas que podrían aparecer dentro de un hipotético manual de supervivencia para recién llegados a Tokio.
Lo primero que hay que controlar es el metro. Moverse en coche es difícil, ya que la conducción es por la izquierda, las indicaciones están en japonés y suele haber atascos. Los taxis son caros: la bajada de bandera, 660 yenes (unos 5,8 dólares), y un recorrido de distancia media, 27,5 dólares (evite tomar un taxi desde el aeropuerto, ya que el precio se dispara). ¡Ojo!: la luz roja quiere decir que está libre, y la verde, ocupado.
Esto no es lo único que sorprende al viajero occidental cuando aterriza en esta isla que bien podría ser el mundo al revés de cualquier fábula. Olvídese del lenguaje gestual, aquí no funciona. Por citar un ejemplo, para contar con los dedos de la mano los van cerrando en lugar de abrirlos. Semáforos horizontales, grifos que abren a la izquierda, calles sin nombre y sin numeración correlativa, y enormes cuervos por toda la ciudad.
Los japoneses nunca dicen que no, es una descortesía, y nadie lo hace en un país que guarda tanto las formas. Pero quizá lo que más llama la atención del extranjero es la amabilidad de los tokiotas. Son capaces de levantarse de la mesa de un restaurante y acompañar a un turista al lugar que está buscando.
En el metro, el viajero avezado descubre rápidamente que en las estaciones hay planos con caracteres romances y que, con un poco de atención, puede distinguir por los precios las máquinas expendedoras de billetes de las distintas líneas, si se topa con alguna que no tiene indicaciones en inglés. Los japoneses son prácticos y han convertido la estación de Shinjuku, la más ajetreada del mundo, en una atracción turística.
Los habitantes no dudan en recomendar a cualquier gaïjin (extranjero en japonés) una inmersión visual en este ordenado gentío cuando sale del metro. Para ello basta con subir a una de las atalayas de la plaza -las cafeterías que están en los pisos medios de los rascacielos que la circundan- y contemplar la marea humana que vomita la estación de trenes más transitada del mundo: dos millones de viajeros al día.
Tokio, que fue Edo hasta finales del siglo XIX, está formada por barrios que han conservado su identidad. El emperador Meiji (1852-1912) la declaró capital en 1868 y en ella casi todo es nuevo, ya que lo que no destruyó el terremoto de 1923 lo hicieron las bombas durante la Segunda Guerra Mundial.
El edificio del Ayuntamiento (gobierno metropolitano), en la zona de Shinjuku, es un buen punto de partida. El visitante puede subir al piso 45º de una de sus dos torres, que miden 243 metros, y contemplar desde el monte Fuji hasta la bahía.
En el centro geográfico de la segunda capital más importante del mundo está el Palacio Imperial, un lugar prohibido que ni siquiera se divisa desde lejos, rodeado por bellísimos jardine.
Lago y casa de té
Aunque el palacio no puede visitarse, desde las 9 hasta las 16 están abiertos los jardines que lo rodean, como Higashi Gyoen, con 250.000 especies de árboles de todo el país, o Ninomaru, un jardín japonés diseñado en 1630 con su lago y su tradicional casa de té.
Otro de los destinos diurnos que mejor define la ciudad es el parque Ueno. Lo tiene todo, desde un antiguo mercado (Ameyoko), hasta el zoológico, con osos panda gigantes y pagoda incluidos. En Ueno se dan cita los forasteros que llegan de visita a la capital y no pierden la oportunidad de contemplar el Museo Nacional de Ciencias; el santuario Tosho-gu, uno de los pocos conjuntos del período Edo que han quedado en pie; o de dar una vuelta en el estanque tripulando una barca a pedales en forma de cisne, todo un monumento al kitsch. Ueno guarda también, dentro del conjunto del Museo Nacional de Tokio, la Galería de Tesoros Horyu-ji. El nuevo edificio, que se abrió en 1999, obra del arquitecto Taniguchi Yoshio, constituye el principal de estos tesoros.
Para contrarrestar tanta naturaleza, las noches pueden invertirse en zonas como Roppongi, donde se da cita la mayoría de los occidentales. Por allí transitan desde tokiotas con quimono hasta adolescentes encaramadas a zapatos de plataforma y hablando por celulares móviles de los que cuelgan todo tipo de amuletos. Los jóvenes más elegantes, a la última moda en diseño japonés y europeo, se mueven por la zona de Ginza, el barrio comercial de las grandes firmas. Entre ellas, Hermés, cuyo espectacular edificio de 14 plantas con forma de lámpara gigantesca, inspirado en la Casa de Cristal parisiense de Pierre Chareau, ha sido diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano.
Si lo que busca es el Asia profunda, el lugar ideal es el Kabukicho, una zona peatonal atestada de bares, restaurantes, clubes nocturnos, espectáculos eróticos y tiendas porno. Uno de los lugares más sorprendentes es Golden Gai, un puñado de estrechas calles en pleno Kabukicho que bien podrían ser el escenario de una película de los años cincuenta. La zona cuenta con tugurios entrañables y bares minúsculos. Todo, hasta las puertas, tiene una escala menor. Está poblado por hombres vestidos con quimono y señoras a las que los años y la sabiduría han revestido de un encanto especial.
El minimalismo que reina en las casas japonesas, austeridad y belleza, se prolonga también en sus restaurantes. La cocina es exquisita y refinada, pero, además de los elevados precios, las cartas aparecen casi siempre en japonés.
La solución está en la puerta, donde muchos restaurantes exhiben réplicas de cera de los platos. Aunque todo es caro, incluso en el mercado, se puede comer bien por pocos yenes. En las kaitenzushi, la versión de comida rápida nipona, pero de calidad, los clientes se sientan en la barra y los platos de sushi van pasando en una cinta transportadora. Son lugares bulliciosos y llenos de encanto, como el Tsukiji Honten (24-8 Udagawa-cho, estación de Shibuya), en el que cualquier plato con dos piezas cuesta sólo 100 yenes.
Ahí se puede probar todo tipo de sushi, desde los clásicos de atún, gamba o pulpo hasta los de huevas de salmón. Lo bueno de los kaitenzushi es que el extranjero resuelve sus problemas con el idioma porque puede elegir lo que quiera y, si algo no le gusta, la equivocación le sale barata.
Por Margot Molina El País, de Madrid
Datos útiles
Cómo llegar
En avión US$ 2400 Hasta Tokio, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.
Alojamiento
***** US$ 300 **** US$ 215 *** 100 La habitación doble.
Transporte
Desde el aeropuerto de Narita, a 60 km de la ciudad, lo más recomendable es tomar el ómnibus lomusina, que cuesta entre 2700 y 3900 yens. También hay dos ervicios de trenes.
Precios
Japón es un país caro, pero la calidad que se ofrece es tan alta que incluso alojándose en hoteles más modestos, comiendo donde los japoneses comen a diario y viajando en la red de transporte público, el servicio es excelente.
Museos
Museo Nacional de Arte Moderno.
Kitanomaru Koen Park, Chiyoda-Ku, Tokyo 102. Abre de martes a jueves, dábado y domingo, de 10 a 17.
Museo Nacional de Tokio. 13-9 Ueno-Koen Daito-Ku, Tokyo 110. Es el museo más grande del país, con una amplia colección de arte japonés.
Paseos
El Palacio Imperial merece una visita, aunque sólo se pueden recorrer los alrededores y los jardines.
El Bonsai Park, en Omiya, en el nordeste de Tokio es una zona dedicada a cultivar estos árboles miniatura. Los jueves está cerrado. Se puede ir solamente en visitas guiadas.
Propinas
Los japones no acostumbran a recibir propinas. Los cargos de los servicios están incluidos en la cuenta.
Visa
No se necesita
Más información
Centro Cultural e Informativo de la embajada de Japón: Paraguay 1126 (4816-3111). Atención de lunes a viernes de 9.30 a 13 y de 14 a 17.30.
En Internet
http://www.jnto.go.jphttp://www.pandemic.com/tokyo/http://www.tokyoglobe.com









