RESISTENCIA.- Un señor venido de lejos, recién descendido del micro que lo había dejado de el interior del Chaco desde la ciudad capital de la Argentina, tardaría varias horas en salir del asombro que le provocaba aquel nuevo territorio. Una comarca dominada por tierra y por abundante vegetación, una región con pocos caminos asfaltados, una tierra que, a primera vista, percibió como dura para vivir, como escabrosa para atravesar, si bien fascinante para explorar.
Una región calurosa, insoportable en verano. Atestada de espinas, plantas de hojas ásperas, alimañas y ofidios, de marrones pálidos y verdes impuros. Pensó: "El jardín de atrás de América", el corazón geográfico del continente (junto al dominio amazónico). ¿Era este Chaco aquella extensión tan temida por misioneros y conquistadores, en cuyas entrañas muchos de ellos fueron masacrados al traspasarla en su intento de llegar al Imperio del Rey Blanco (el inca), como le ocurrió, por ejemplo, a Juan de Ayolas -integrante de la expedición de Pedro de Mendoza-, en 1536? ¿Era ésta la comarca más tardíamente sometida de un país que había logrado unificar su territorio sólo a fines del siglo XIX?
Una región cuya población resulta de la mezcla de indígenas guerreros de diferentes etnias con criollos montaraces, ariscos, de esos que tienen los ojos agrietados por el polvo. El Gran Chaco; escenario, además, de la sublevación aborigen más contemporánea y sangrienta, la de los pilagás, ocurrida durante el segundo lustro de la década de 1840, en Las Lomitas, en el centro de la provincia de Formosa, existiendo, incluso hoy, descendientes directos de aquella hazaña.
El llano absoluto
En su preocupación por comprender aquel lugar donde estaba parado, el gringo imaginó que subirse a un altozano le sería útil para reconocer, desde su cima, la magnitud de la región, lo que denotaba un desconocimiento de los escritos del coronel Fontana -uno de los principales contribuyentes a la conquista del Chaco y fundador de la ciudad de Formosa-, que dijo: "Sin embargo, este gran territorio se limita por el Oeste con las cordilleras y por el Norte con los llanos elevados y las serranías de Bolivia, carece completamente de montañas, e inútil sería buscar una sola colina o asperidad en esta planicie", excepto por tres cerros, que están cerca de Villa Hayes (Villa Occidental), en Paraguay, y que, como estribación, dan lugar, más al Sur, a la isla del Cerrito, frente a la ciudad de Resistencia.
El Gran Chaco es la región más chata de todo el continente americano. Según Fontana, la inclinación del terreno "de Noroeste a Sudeste apenas puede apreciarse en un metro por legua", lo que se traduce en 200 metros de desnivel a lo largo de los casi 1000 kilómetros de ancho de la comarca. Ir al Chaco no es cuestión de grandes paisajes, de vistas panorámicas, de miradas lejanas, extensas e infinitas como las que se ven en la cordillera de los Andes o en la misma pampa húmeda desde una de sus ondulaciones. El sabor de una travesía por el Chaco está en lo micro, en el detalle, lo cercano, lo palpable, el árbol o el cascarudo; un viaje de aromas, de texturas y de tacto, de apreciación inmediata por la naturaleza, de fragancia a vida y, también, a muerte de la madera verde, en agonía de alguno de los cientos de árboles que se voltean diariamente para obtener tanino. Sabido esto, el viajero comenzó a andar.
El Gran Chaco, como se lo llama, ocupa una de las regiones más vastas del país, comparable en superficie con el espacio que abarca la Patagonia. Es, a su vez, uno de los territorios más desconocidos, que posee un Impenetrable que realmente lo es, una tierra indómita que se extiende a países vecinos como Bolivia y Paraguay.
Un territorio que fue motivo de disputas fronterizas entre esos dos países y, por otro lado, la Argentina, superando con creces las hectáreas en litigio entre nuestro país y Chile.
Tierra de meandros
La denominación Chaco para algunos no tiene traducción ni toponimia certera, pero una versión nacida en Bolivia la deriva de chacú, la que significaría caza. Más de 900 kilómetros de ancho por los cuales los ríos deben buscarse, por donde sea del Gran Chaco, pasos naturales hasta desembocar en el Paraguay o el Paraná.
Ríos meandrosos, imprevisibles, que abandonan cauces, que se desvían, que inundan extensas porciones de tierra en período de aguaceros.
"Durante la época de crecidas y de las lluvias, exceptuando aquellos puntos más altos y hoy elegidos para el establecimiento del hombre laborioso, puede decirse que todo el Chaco es del dominio de las aguas", expresaba Fontana.
Ríos que desbordan, que desaparecen y fragmentan cuando la acumulación de sedimentos le impide el paso, motivo por el cual el río Pilcomayo ha dejado de ser en sí mismo la división natural con el Paraguay, si bien se lo tomó como referencia para trazar el límite internacional.
Ríos históricamente navegables sólo para vapores de pequeño calado y mucha fuerza de máquina. Ríos marrones, que arrastran toneladas de tierra del Gran Chaco que se acumulan en el Delta del Paraná formando islas a metros de Buenos Aires (especialmente con los que arroja el Bermejo).
Ríos que, al abandonar su lecho original, dejan hectáreas propicias para la formación de madrejones, poblados de aves. Ríos que tienen vida, que rugen, como el Bermejo, que despiertan admiración, como el Pilcomayo. Casi todo lo que habita el Chaco tiene el color de la tierra o una leve inclinación a él.
Las casas de adobe poseen ese mismo marrón amarillento apático que se observa en el suelo. Los patios de las viviendas, los suelos de los corrales. Los rostros humanos también tienen pegado ese tono que la tierra les infunde y les transmite día tras día, cuando el montaraz debe salir a enfrentarse con la bravura del monte.
Areas protegidas
Unicamente dos ríos importantes cruzan el Gran Chaco de par en par, el Pilcomayo y el Bermejo, los que dividen la región en tres partes: el Chaco boreal, al norte del río Pilcomayo; el Chaco central, entre los ríos Pilcomayo y Bermejo (territorio que ocupa casi por entero la provincia de Formosa) y el Chaco austral, al sur del río Bermejo.
De acuerdo con el régimen de lluvias y con el tipo de relieve, el Chaco puede ser clasificado como seco, de transición y húmedo, los últimos con abundancia de pastizales, esteros y bañados.
Si se va al Chaco por primera vez, los parques nacionales se presentan como zonas adecuadas para conocer la región. Son acotados y medianamente organizados; son como un avance templado de lo que puede significar realmente penetrar el Chaco cerril por otras latitudes.
Hay guardaparques que asesoran, que advierten para que se tomen precauciones y que, en su mayoría, poseen suero antiofídico y están ávidos de recibir visitas en un Chaco que se lo tiene lejos de las preferencias de viaje, que inspira miedo, inseguridad, que no se sabe exactamente qué color de tierra exhibe.
Las áreas protegidas que salvaguardan el patrimonio natural chaqueño poseen la ventaja de encontrarse a mediana y corta distancia de importantes centros poblados. El Parque Nacional Chaco está a 100 kilómetros de la ciudad de Resistencia. El precioso Parque Nacional Río Pilcomayo se halla a 50 de la localidad formoseña de Clorinda (situada frente a Asunción). Excepción a esta regla es la Reserva Natural Formosa, que dista del poblado de Ingeniero Juárez 65 km hacia el Sur, por un camino de tierra en condiciones muy variables de acuerdo con la caída de lluvias y, además, muy alejado de cualquier ciudad.
Uno de los parques, el de más reciente creación, el Mburucuyá, pertenece también a la periferia del dominio chaqueño, si bien se halla en la provincia de Corrientes y aún no se encuentra del todo organizado.
Por ser áreas de protección de especies de flora y fauna, estas reservas carecen de infraestructura excepto las básicas, como la provisión de sanitarios, agua y la asistencia desinteresada de los guardaparques.
Dentro de ellas se aprecia la vida del Chaco en su máxima pureza. Pero a no engañarse.
Es imposible visualizar a un tatú carreta, ya que se desconoce a ciencia cierta dónde se recluyeron los últimos de la especie; casi utópico es toparse con un yaguareté o incluso sentir su presencia, a menos que sea por medio de alguna leyenda de tigres que reavivan y mitifican su temible existencia americana; trabajoso puede resultar cruzarse con un oso hormiguero, pero aunque sea se pueden llegar ver los destrozos que hace en los hormigueros; imprevisto puede ser observar el salto de un guazuncho (corzuela), pero alguno es capaz de atravesarse frente a nuestras narices; sorpresivo es el descubrir a una curiyú posada en las ramas de un champal; factible resulta toparse con un yacaré al borde de un estero o un conejo tapití en el Chaco seco de la Reserva Nacional Formosa; fácil es ver un mono carayá o una charata a punto de volar.
Imposible, utópico, trabajoso, imprevisto, sorpresivo, factible, fácil. Cualquiera de estos calificativos encajan perfectamente en el Chaco y se reparten azarosamente entre los viajeros, determinándoles el perfil de un viaje que puede ser sorprendente, trabajoso, fácil o dificultoso, pero falto de placeres suntuosos. Cualidades que le imprimieron su sello, también, a las expediciones de Fontana hace 120 años y la del gringo de hoy.
Andrés Pérez Moreno
Consejos prácticos
Mirar bien los lugares donde se pisa por precaución ante la existencia de víboras. No tocar troncos caídos, agujeros y recovecos donde el animal pueda esconderse.
Las botas altas de cuero son una buena protección ante posibles picaduras.
Si se acampa, cerrar bien la carpa y tener almacenados los elementos. Armar la tienda lejos de raíces de árboles o corrales por precaución, pues hay vinchucas.
Asesorarse con guadaparques o guías locales.
La fauna y la flora, rasgos nítidos y muy interesantes
El Parque Nacional Río Pilcomayo se halla al nordeste de la provincia de Formosa entre la ruta 86, que une la ciudad de Clorinda con Laguna Blanca, y el río Pilcomayo, límite norte del parque y frontera con Paraguay.
El acceso es principalmente por asfalto, excepto el último tramo de 4 kilómetros que va desde Naineck, en la ruta 86, hasta el pórtico del parque y el área recreativa, distante unos 48 kilómetros de Clorinda (170 desde Formosa).
La superficie del parque es de 48.000 hectáreas (285.000 fueron las determinadas por la ley que le dio origen) y se hallan ambientes acuáticos como la laguna Blanca, esteros como el Poí, Abadié y Catalina y un típico río chaqueño como el Pilcomayo, que arrastra gran cantidad de sedimento.
Es parte del Chaco medio y representa el sector más húmedo de la región. Posee un área para acampar muy bien mantenida en el sector de la laguna Blanca (acceso por Naineck) y posibilidades de armar carpa en la seccional estero Poí.
El parque protege especies de avifauna que anidan en la laguna (siendo declarada por la Convención Ramsar, uno de los espejos de agua más vitales en la reproducción de aves en la Argentina) y ejemplares vegetales del monte, como la palmera caranday, el urunday, el guayacán, quebrachos blancos o el espinillo.
De la fauna es interesante mencionar los ofidios como la lampalagua y la curiyú, una culebra de dimensiones destacables, la que fuera del parque es cazada por aborígenes que la venden con destino al Lejano Oriente. Yacarés negros y overos, que controlan la presencia de pirañas, aguará guazú, osos meleros, hormigueros y el pecarí son los representantes de la fauna más característica del Parque Río Pilcomayo.
Actividades: navegación sin motor como kayaks o canoas; caminatas por el monte; avistaje de fauna y campamento.
Informes en la Administración de Parques Nacionales (APN), 311-0303; en la Intendencia del Parque Nacional Río Pilcomayo, Tel. (0718) 70045; en la Casa de Formosa en Buenos Aires, 383-0721, o al señor Iznardo, guía de aventura, por el (0717) 20780.
La Reserva Natural Formosa también pertenece al Chaco medio, pero es parte de un ecosistema semiárido, con un paisaje totalmente diferente del que ofrecen los parques del Chaco oriental.
Es tal vez el área protegida más apartada de los circuitos de viaje de todo el país. Se halla en el sudoeste de Formosa, a 65 kilómetros por tierra desde la localidad de Ingeniero Juárez, ciudad que a su vez dista 460 kilómetros de Formosa (de los cuales 324 son por asfalto hasta la aldea de Bazán, 29 más allá de Las Lomitas). Sus escasas 10.000 hectáreas no hacen del todo óptima su viabilidad en la protección de aquel ambiente, máxime porque el parque se halla cortado en dos por un canal derivador de aguas del río Teuco (Bermejo) hacia el Teuquito (límite norte del parque), aunque la existencia de la reserva está acabadamente justificada por el ecosistema que cobija, bastante castigado a su alrededor.
Entre los ambientes se destacan la selva en galería junto a los madrejones (palo bobo, sauces, algarrobos) y los albardones del río Teuquito; el monte semiárido, con yuchanes (palo borracho), ucles, cardones, molles, mistoles, sachas, chaguarales.
Informes: en la Administración de Parques Nacionales y, en Ingeniero Juárez, consultar con el guardaparque Germán Peña (se puede dejar mensajes en el teléfono del correo, por el 0711-20170).
Actividades: caminata por sendero de interpretación, avistaje de avifauna en los madrejones, campamentismo. Otros circuitos por el interior de la reserva, consultar con el guardaparque. El Parque Nacional Chaco se halla en el centro este de la provincia de Chaco y se sitúa a aproximadamente 100 kilómetros de Resistencia. Se halla en el Chaco austral (sur del río Bermejo) y pertenece al de características húmedas y de transición.
Es un parque cuya superficie alcanza 15.000 hectáreas. Se accede por ruta 16 y luego se desvía al Norte por ruta 9 hasta la localidad de Capitán Solari, a 6 kilómetros de la entrada del parque. Existen áreas para acampar y senderos de distinta duración para recorrer. Informes en la APN, Casa de Chaco en Buenos Aires, Tel. 372-0961. Intendencia del parque: (0722) 96166 o en Dirección de Turismo de Chaco, en Resistencia, por el (0722) 23547.









