La antigua Niza

Esta ciudad es la que más profundamente está imbuida de la historia de la Costa Azul; su perfil moderno es un generoso tributo a los ojos del huésped

Por Redacción OHLALÁ!

20 de marzo de 1998, 03:00

La antigua Niza

N iza, capital de la ribera de la bahía de los Angeles, es el centro incuestionable de ese lujoso balneario que es toda la Costa Azul. Imposible enumerar sus múltiples atractivos. Aconsejamos al turista, a manera de introducción panorámica, subirse al tren turístico y realizar el circuito comentado, que recorre los más importantes lugares de la ciudad vieja y la moderna, los jardines del histórico castillo (desde el que se domina una hermosa perspectiva de la ciudad), el mercado de las flores y la zona elegante de los restaurantes y hoteles cinco estrellas, junto al mar. No es raro ver estacionadas ante las puertas del Negresco las Ferrari o las Lamborghini de sus clientes habituales.

La ciudad no ha sido siempre francesa, pues a lo largo de su historia fue compartida en varios períodos por la dominación italiana (Garibaldi nació en Niza). En 1860, sus habitantes votaron mayoritariamente por su incorporación a Francia. A partir de ese momento, comenzó la época de esplendor. Los parisienses y otros franceses del Norte, condenados a un cielo frecuentemente gris y lloviznoso, descubrieron en esa ciudad asomada al luminoso Mediterráneo una región edénica.

Después de inaugurarse el ferrocarril a Niza, también los ingleses, especialmente la aristocracia británica, pusieron de moda la ciudad en la temporada veraniega. A ellos debe su nombre la Promenade des Anglais, avenida que corre paralela a la costa. A fines del siglo pasado y principios del actual, años conocidos como la belle époque (en ningún lado más bella que aquí), se edificaron las suntuosas mansiones con frentes exquisitamente ornamentados.

En el centro de la ciudad se halla la plaza Masséna, en la que se realizan casi todas las manifestaciones públicas. Pero el sector de mayor sugestión es, seguramente, la ciudad vieja, al pie del castillo, con sus callecitas serpenteantes y en rampa, bordeadas por casas y locales pintorescos en cuyos balcones no faltan los tiestos con flores. Allí está el viejo edificio del Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, los de la Prefectura y la Opera, inaugurada ésta en 1885, donde se ofrecen espectáculos de gran jerarquía. Otro edificio de interés es la iglesia ortodoxa rusa, con sus cúpulas acebolladas y valiosos iconos en su interior. Muchas personas, aunque no pertenezcan a esa confesión religiosa, asisten los domingos a misa para oír los maravillosos coros litúrgicos.

Ecología y deporte

Para los amantes del turismo ecológico, la Costa Azul ofrece un gran abanico de opciones: los campings de una a cuatro estrellas, de tipo clásico, o campamentos en granjas, en la montaña y al borde del mar; alojamientos rurales y bungalows, con o sin pensión completa; espacios delimitados y numerosos equipamientos deportivos: piscina, tenis, golf, surf, vela, etcétera, contratados en forma semanal, quincenal o mensual. Existen, asimismo, comodidades en modernos puertos de recreo, reservadas para los deportistas, y otros antiguos, en los que todavía es posible ver a los pescadores reparando sus redes. Para los aficionados a la navegación de vela hay gran cantidad de puestos de anclaje.

Los Alpes marítimos ofrecen 324 kilómetros de ríos para recorrer en kayak, 170 km de pistas de esquí de fondo, 500 km para esquí alpino y más de 650 km de lagos donde se pescan truchas. Puede practicarse el turismo pedestre en sus 5000 kilómetros de senderos e itinerarios señalizados y en los inmensos espacios de los parques nacionales, así como cabalgatas y cicloturismo, ya que la bicicleta está aquí muy difundida. En la alta montaña, entre bosques de alerces, pinos, mimosas y otras especies forestales, torrentes y cascadas, se encuentran todavía rebaños de ovejas, cabras, ciervos, gamos y otros animales típicos de la región.

Antonio Requeni