La propuesta argentina

Contra el agobio, la depresión, los nervios y las alteraciones, el mejor sedante es hacer otro tipo de turismo

Por Redacción OHLALÁ!

21 de noviembre de 1997, 03:00

La propuesta argentina

Audacia, sosiego, el placer de descubrir los límites del cuerpo y el desafío que plantea la naturaleza. El espíritu aventurero en la Argentina se ha multiplicado durante los últimos diez años sin detenerse.

Cada vez crece más la demanda de adentrarse en la geografía del país. En forma progresiva, jóvenes, solitarios, deportistas y familias aprenden de la sabiduría del baquiano en una cabalgata o demuestran la valentía de un andinista cuando penden de una soga durante un ascenso; se suman a la paciencia del observador de aves o generan tanta adrenalina como un piloto de rafting; son tan exploradores como los caminantes (trekkers) o amantes de la velocidad como el ciclista que desciende la ladera de una montaña empinada; tiemblan y se regocijan como el conductor de un globo aerostático al despegarse del suelo o se dejan llevar por el suave deslizar de una canoa por un apacible arroyo selvático.

Entre los aventureros hay de todo. Subidos a una bicicleta o dentro de una carpa situada en un valle cordillerano, cada uno de ellos vive la salida a su manera. Están aquellos solitarios (y bohemios) que buscan momentos de paz y lugares que les otorguen tranquilidad.

Algo bien distinto son los que en una experiencia de aventura rescatan, por sobre todas las cosas, que la vivencia pasa por el grupo. Fogones, momentos de tensión y éxtasis; gestas en común que ocurren en un lapso de compartirlo todo.

Entre los más experimentados en materia de aventuras también está el legendario mochilero. Seres que por la escasez de recursos encontraron en la naturaleza y en el movimiento a la deriva su forma de disfrutar la geografía del país.

Existen tantas motivaciones entre los aventureros como lugares en la Argentina por donde desplegar la acción. Los amantes de la naturaleza son, tal vez, la contracara del mochilero. Gustan de observar cada minuciosidad que el ecosistema les brinda. Aman los pequeños detalles, la terminación de una flor, el aroma de una planta luego de que la lluvia lavó su fisonomía o la huella de un puma en la orilla de un río. Si los envuelve un ánimo algo científico, una guía de identificación de aves o un catálogo de la flora de la región son sus compañeros inseparables.

Hay solitarios a los que les gusta hacer canotaje y disfrutan poco de hacer trekking o al revés, los que prefieren recorrer una quebrada escarpada con su mochila al hombro. O puede haber amantes de la naturaleza que se desviven por finalizar su aventura a los saltos, sobre la balsa de rafting en el río Atuel, luego de siete días de sosiego y contemplación.

También están los locos por la aventura. Aman el riesgo y las emociones fuertes. Los seducen la altura, el lanzamiento desde un puente de 100 metros de alto, la escalada por un glaciar agrietado en miles de pedazos o el descenso en kayak por un río de gran dificultad. A pesar de suponerse al límite, los aventureros extremos siempre imaginan el fin de la hazaña sanos y salvos.

Salida en plenitud

La mayoría de los aventureros gusta de la vivencia plena, es gente que aprovecha al máximo tanto la vida en la gran ciudad como lo que les ofrece un entorno natural. "Yo soy una apasionada por el cine, los libros, la poesía y la escritura, pero una salida de este tipo me transforma. Me encanta volver a la ciudad, pero la naturaleza tiene intensidad. No sabés si va a llover, no sabés qué es lo que va a surgir cada día. La naturaleza puede más que vos; es fascinante sentir que todo no depende de vos, es lindo jugar con el azar", dice Ximena, para quien la primera experiencia de aventura fue un trekking en el parque Talampaya, de La Rioja.

Los aventureros crecen día tras día, se multiplican, y las regiones del país regalan su geografía a los visitantes alternativos. Primero, la Patagonia y las montañas mendocinas. Luego, las sierras centrales y el Noroeste. Hoy, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y hasta la misma Formosa cautivan con flamantes circuitos alternativos.

El caballo no se detiene en ningún tipo de suelo, aunque la travesía incluya andar por la roca o los arenales formados por sedimentación

La variedad en las actividades -por aire, agua y tierra- incluye desde hoteles, campamentos, refugios hasta la posibilidad de pernoctar al sereno. Desde propuestas de una hora hasta salidas de quince días.

Hasta las procesiones y cultos religiosos en Jujuy y varias provincias combinan el espíritu de fe con caminatas que requieren esfuerzo, pero dan satisfacción una vez terminado el recorrido como ocurre con la Virgen de Punta Corral, en la montaña tilcareña.

Ignotos y consagrados se ven seducidos, por diversas razones, tanto con el contraste de los lugares como por la variedad de posibilidades a las que cada comarca invita. Muy identificados con los exploradores del siglo XIX están aquellos practicantes de viajes alternativos a los que la vida en la naturaleza les sienta mejor; son los que corren el riesgo de quedarse a vivir en la comarca que les obsequió una experiencia de aventura inolvidable.

Seguridad y libertad

Asimismo, hay muchas otras razones por las cuales los aventureros se sumergen en una salida alternativa, pero la fascinación existe por igual en cada uno de ellos. "Nadie de los que viajó conmigo a hacer trekking en la cordillera de los Andes chubutense se arrepintió de ir, a pesar de que cada caminante tenía sus propias motivaciones para estar allí", comenta Pablo, estudiante de Física de la Universidad de Buenos Aires. ¿Cómo fue su primera salida? "La elegí porque me di cuenta que el viaje que me proponían al Parque Nacional Lanín no iba a estar muy pautado, que no era un clásico campamento con guitarra y fogón ni juegos organizados. Ni nadie que dijese miren para allá o ahora den todos un paso con el pie derecho, etcétera", agrega.

Nada demasiado preestablecido para el tiempo libre, salvo el recorrido preciso a seguir por la montaña, la planificación de los tiempos para cumplir el objetivo propuesto y todas las precauciones para que la aventura se desarrolle con total seguridad.

"A mí me agrada que el grupo estructure los ratos libres de acuerdo con su gusto", confiesa Julieta, una exploradora que nunca imaginó hacer un trekking hasta que la convencieron.

Cada región se ha especializado en determinadas propuestas. La Argentina tiene sitios preciosos para practicar el turismo de aventura. La elección geográfica es sólo una de las miradas que lleva a los viajeros a optar por hacer turismo aventura.

"Me gustó la idea de hacer un viaje que me proponía moverme cada día de lugar. Por supuesto que era mejor si el destino era pintoresco, pero lo importante era que no fuese un viaje estático", dice un padre de familia. "En la decisión previa influye el paisaje, pero al finalizar el viaje lo que pesa es la vivencia", manifiesta Pablo.

Para ser aventurero no se necesita ser un deportista. "Yo soy cero deportes -afirma Ximena-. Pero me gusta caminar, ir mirando la forma de los árboles, escuchar el sonido de las hojas secas al pisarlas dentro del bosque."

Reloj corporal

La percepción del tiempo es algo que cambia radicalmente en una salida de turismo alternativo. Los días son largos, los momentos tardan en transcurrir, pero 15 días pueden pasar volando. "El tiempo no se siente, entra a funcionar un reloj biológico que queda totalmente satisfecho. Vos decís: ¡Ah!, remar cinco horas por el río o caminar siete por la montaña, pensarás que es en vano, remar y caminar... Pero te sentís realmente muy bien, te cargás de energía", dice una aventurera porteña, de 55 años.

En una salida alternativa, el contacto con la naturaleza es pleno y generalmente no existen conflictos con los compañeros de viaje. El sol sale por detrás de una montaña, pero luego se esconde en el fondo de un lago poblado de aves silvestres, luego de haber dado calor al bosque subantártico. "En ese entorno se recupera cierta animalidad", expresa Pablo. "Yo me pongo un poco agreste -dice Ximena-. Desayuno con los pies en el pasto, más con el sol de la mañana que es único."

Aventura en la Argentina. Días de larga duración que pasan lentamente, pero que se van rápido. El reloj biológico de Pablo. Una experiencia en la que la naturaleza establece las pautas generales del juego, a las que los aventureros se adaptan. Para los jóvenes, las familias, los solitarios, los ecologistas y demás.

La cuestión es dónde, con quiénes, cuándo y por cuánto tiempo. Hay infinitos lagos, montañas, ríos, desiertos, bosques, llanuras, estepas, glaciares y esteros que esperan.

Andrés Pérez Moreno y Adrián De Paulo