Menorca, dueña del sol, el mar y la paz

Un destino ideal para llevar hasta a los más pequeños, donde nadie se anima a romper el sosiego, a riesgo de ser expulsado del lugar

Por Redacción OHLALÁ!

13 de marzo de 1998, 03:00

Menorca, dueña del sol, el mar y la paz

M ADRID (The Sunday Times).- Hay lugares que aceleran el ritmo cardíaco; hay otros que, por el contrario, lo aquietan. Menorca se ajusta perfectamente a la segunda categoría, y sus devotos, que retornan año tras año, aman la paz y la tranquilidad que brinda la isla y disfrutan del reencuentro con sus amigos y de que todo permanezca casi intacto.

Para las familias con hijos pequeños es un lugar seguro y cálido; a los pendencieros se los embarca en el primer avión de regreso a casa. El paisaje bucólico de la isla es un deleite para los sentidos, y sus costas llenas de ensenadas de color turquesa ofrecen más playas que todas las Baleares juntas.

Una familia joven con chicos cuya prioridad son los castillos de arena podría dirigirse a alguno de los complejos modernos, especialmente en la costa sur, como Cala Galdana, Son Bou, Punta Prima, Santo Tomás o Binibeca. Aunque Menorca no es una gran isla - son sólo 800 kilómetros cuadrados-, nada es distante si se alquila un vehículo. Si no tiene chicos, una mejor opción es en las proximidades de Mahón, en la zona del puerto, en Es Castell o en las cercanías de la reserva natural en S´Albufera.

Las playas se dividen en tres categorías. Las más famosas son las que se encuentran en torno de los complejos turísticos, con reposeras, sombrillas, duchas, un sinnúmero de deportes acuáticos y un sistema oficial de banderas para indicar el momento seguro para nadar. Entre ellas se encuentran: Son Bou, Cala Galdana, Punta Prima y Cala´n Porter. Luego están aquellas más retiradas de los caminos soleados, que no cuentan con gran infraestructura, pero a las que se puede llegar, con prudencia, en vehículo. Varias de estas playas comenzaron a cobrar estacionamiento, como ser, Macarella y Macarelleta, Mitjana, Tarqueta y Arenal de Son Saura.

Por último, están esas playas maravillosas a las que se accede parte en vehículo y parte a pie, o en barco. Entre ellas se encuentran Cala Pergonda, Cala Trebaluger, Isla Colom (en barco desde Es Grau) y las arenas próximas a Cap de Cavallier.

Chicos hay por doquier y los menorquinos los reciben con los brazos abiertos y una paciencia infinita. No hay demasiadas atracciones más allá de la playa, pero todos los operadores turísticos tienen clubes para los más bajitos, y los hoteles cuentan con juegos y entretenimientos, hasta discotecas con matiné. En Son Bou hay un famoso laberinto y, camino a Fornells, se puede hacer un safari en burro.

Misterios del pasado

Son pocas las visitas de rigor en Menorca, como las dos ciudades -la georgiana Mahón y la más antigua Ciudadela mora y española- a ambos extremos de la isla. Un paseo histórico en barco por alrededor del puerto de la capital merece una o dos horas de dedicación, puesto que de allí se parte rumbo a la cumbre del monte Toro, el punto más alto de la isla donde se alza un santuario del siglo XVII. Los amantes de la arqueología estarán fascinados con las estructuras milenarias prehistóricas como las misteriosas taulas, las cónicas talayots y las abovedadas navetas. Los que se inclinan por la ornitología estarán deseosos de centrar sus binoculares en las abubillas, chorlitos, currucas y más variedades de aves.

La equitación ha adquirido gran importancia en Menorca y se la toma con bastante seriedad, tal es así que han proliferado escuelas donde se enseña este deporte. También se organizan desfiles y carreras de trote en Mahón y Ciudadela. La escuela de Alaior organiza cabalgatas de tres días rodeando la isla.

Manjares reales

Durante mi estada en Menorca me alojé en el Cala Galdana, un moderno hotel cuatro estrellas, a un precio de lo más razonable y un muy buen servicio; aunque la mejor posición la tiene el Sol Elite Galivanes, que se encuentra justo en la playa. Otras buenas opciones para cuando se viaja en familia son el Hotel La Marismas y los departamentos San Jaime en Son Bou. Pero, si el acceso instantáneo a la playa no es una prioridad, los turistas más independientes quizá prefieran el Hotel Port Mahón de cuatro estrellas, el pacífico Hotel S´Algar, el Rey Carlos III en Es Castell o el singular Almirante Collingwood, una villa georgiana, y antigua residencia del almirante, cargada de historia. La villa Santa María, una de las mejores opciones próxima a la reserva natural S´Albufera.

Los lugareños que se ven a un costado del camino haciendo flexiones no hacen ejercicio, sino que recogen caracoles, una especialidad de la isla que se prepara con ajo y hierbas aromáticas. Otros platos del canon culinario menorquín incluyen salchichas con especias, codornices, albóndigas y berenjenas rellenas. Pero el verdadero Santo Grial de la gastronomía es el guiso de langostas, calderata, que se sirve en el restaurante Es Pla en la costanera de Fornells. El rey Juan Carlos estuvo a punto de otorgarle el título de noble; el plato cuesta 65 dólares, pero, a mi gusto, la paella es mejor.

En Puerto Mahón, el Marivent sirve fideos de primera clase; es como la paella, pero con fideos en lugar de arroz. Otros restaurantes estrella en la zona del puerto incluyen al Rocamor, Es Gregal y el Club Marítimo, que prepara pescado fresco sellado en un costra de sal.

En Es Migjorn, diríjase al S´Engolidor, que sirve una comida excelente en un tradicional chalet menorquín. Si busca carne a la parrilla, pruebe El Gallo cerca de Cala Galdana. De Nit, próximo a la localidad de Llumesianes, sirve comida francesa muy peculiar, en un plácido jardín interno.

No es mala idea reservar al menos una excursión organizada por la isla para conocer el lugar (es mucho más sencillo ver esas ubicuas murallas de piedra seca desde arriba de un ómnibus). El precio por el alquiler de vehículos es razonable, ronda los 55 dólares diarios, según la temporada. Pero el estacionamiento en el centro de Mahón y Ciudadela es bastante difícil; y atención: el cordón pintado de azul significa que el estacionamiento es medido.

Aunque el servicio de colectivos públicos es eficaz, el recorrido no es útil para el turista. Los radiotaxis por lo general son muy estrictos con las zonas -no espere encontrar un taxi en el medio de un complejo-, pídale a su hotel o restaurante que le llame a uno. Se manejan con una lista de precios oficial, aunque es un poco oneroso.

De compras

Los calzados hechos a mano -especialmente las abarcas, sandalias tradicionales- están bien confeccionadas y pueden comprarse a buen precio en los puestos de venta de las fábricas, junto a una gran variedad de accesorios de cuero. Las fantasías constituyen otra industria importante de la isla y, en menor medida, la cerámica. Los recuerdos gastronómicos incluyen al famoso queso menorquín y al distinguido gin dulce Xoriguer de la isla.

Verano tranquilo

La mayoría se centra en los hoteles. No es cierto que no hay absolutamente nada en Menorca para los jóvenes, libres y solteros, aunque no sea mucho. Las zonas adyacentes a los puertos de las dos ciudades reviven después de la medianoche los fines de semana. Una vez a la semana, toca una banda de jazz en el restaurante del casino en Sant Climent. Hay pocos clubes nocturnos y discotecas en los complejos hoteleros, pero el gran atractivo (para todas las edades) es la escena en las Cuevas de Xoroi, a 30 metros sobre el mar. Ahí es donde surgieron las fiestas de la espuma; por eso, no se olvide de llevar una toalla. También sirven una taza de café para la abuela.

Conviene visitar a Menorca a comienzos o fines del verano si desea un clima agradable; julio y agosto son los más calurosos y secos. Sin embargo, las épocas de festejos le suman interés especial a la isla. La próxima gran fiesta es la de San Jaime en Es Castell el 24 y 25 de julio próximo.

Los bancos cobran comisión más impuestos para el cambio de divisas. Una mejor opción es extraer dinero en efectivo de un cajero automático con su tarjeta de crédito. Si usted es la clase de persona que deleita a los mosquitos, llévese pelente. Y asegúrese de poner en un rincón de su valija una toalla para la playa.

Nell MacLean (Traducción de Andrea Arko)

Gira por la isla para sacudirse la arena

Aéreo

El vuelo de Iberia a Mahón -capital menorquina- llega vía Barcelona.

El pasaje de ida y vuelta en temporada baja sale 1025 dólares (con una estada mínima de siete días y un mes como máximo).

En temporada alta (5 de junio al 15 de agosto), la tarifa asciende a 1523 (con una estada máxima tres meses).

Transporte

El alquiler de un auto ronda los 55 dólares diarios.

Excursiones

Es una isla pequeña, pero ha recibido tantas influencias culturales que sus 800 kilómetros cuadrados invitan a adentrarse en el pasado para apreciar los vestigios de los griegos, fenicios, romanos, bizantinos, árabes, así como las reminiscencias del dominio inglés.

Mahón es la capital de la isla, de mayor actividad comercial y cuyo emblema es el puerto.

Alberga numerosos restaurantes y cálidos bares con terraza, que por la noche se tornan más encantadores aún.

Las callejuelas estrechas y su carácter mediterráneo se funden con el aire señorial de los edificios del legado británico.

Además de la ruinas, en Mahón se encuentra el Hospital de la Real Marina Británica.

También allí se levanta la Casa de la Cultura, con colecciones de la civilización talaiótica y piezas fenicias; la iglesia Santa María de Mahón, y cerca del puerto la Finca de San Antonio, que alojó durante su estancia a lady Hamilton y el almirante Nelson.

Ciudadela fue la capital menorquina hasta el siglo XVIII bajo la dominación mora y es tal su belleza arquitectónica que fue declarada monumento artístico nacional.

Se ubica en la parte más occidental de la isla.

Merecen visitarse el Ayuntamiento, la catedral, el Bastió de Sa Font, la iglesia del Roser y diversos palacios como los del marqués de Menas Albas y el conde de Torresaura.

En el interior, San Luis, que recibió influencias de los franceses, está rodeada de antiguos molinos; y Mercadal cuenta con el punto más alto de la isla, el monte Toro, de 357 metros.

En lo alto se alza un monasterio del siglo XVI y una torre de defensa.

Moneda

Peseta. Un dólar equivale a 154 pesetas.

Para mayor información

Oficina Española de Turismo, Florida 744, 1º piso, (1005) Capital Federal. 322-7264. Fax: 322-5923

En Menorca Oficina de Turismo, Plaza de la Explanada, 40. Menorca, España. 3471-363790