Salta: por los valles calchaquíes

De Cafayate a Cachi, por la ruta 40, entre montañas coloridas, caminos de cornisa y ripio permanente

Por Redacción OHLALÁ!

30 de mayo de 2004, 03:00

Salta: por los valles calchaquíes

CAFAYATE.- Los Valles Calchaquíes nacen en Salta, rasgan el territorio tucumano y van a morir en algún sitio indefinido de Catamarca. Pero es en el tramo que va de Cafayate a Cachi, en Salta, donde la belleza que los caracteriza encuentra sus exponentes más altos.

Saliendo de Cafayate, la ruta 40 se dirige al Norte en busca del corazón de los valles. El camino es de buen pavimento, pero no hay que engañarse: 25 km más adelante comienza un ripio pertinaz.

El primer pueblo al que se llega es Animaná, famoso por sus vinos pateros. Aquí se empiezan a ver las casas con galería, que son el distintivo arquitectónico de la zona.

Diez kilómetros más adelante se encuentra San Carlos, pueblo cuya fundación data de 1551. Frente a la plaza, la iglesia de San Carlos Borromeo, construida entre 1830 y 1850, hoy es Monumento Histórico Nacional. Casas de adobe pintadas de distintos colores, veredas angostas y una calma que el paso del tiempo y de los turistas no han logrado alterar son sus rasgos más visibles.

De San Carlos al Norte, el paisaje se vuelve más extremo, el camino más áspero. Hombres y montañas comparten un mutismo que al que proviene de las ciudades a veces le resulta desolador. Es la tierra del mucho sol y el mucho viento. A mano derecha, el río Calchaquí acompaña el camino de tierra gris como la claridad de las noches de invierno. El valle aquí es muy ancho: lejos, al Este y al Oeste, se yerguen las estribaciones cordilleranas de un tono cada vez más rojo cuya visión interrumpen arbustos y espinillos.

El camino atraviesa pequeños poblados donde se ven casas con galería hechas de un adobe, que tiene el mismo color de los cerros y el ripio, un monocromo que ya ningún árbol matiza. En este tramo, la ruta cruza innumerables arroyitos que en invierno están secos, pero que en verano llegan a interrumpir el camino.

Siguiendo hacia el Norte, el valle se angosta y extrañas formaciones rocosas comienzan a encajonar la ruta. Al poco tiempo de marcha se ve a mano derecha una pequeña iglesia blanca dentro de una finca que se dedica al cultivo de ají, pimiento y alfalfa. Es la iglesia del Carmen, que puede ser visitada pidiendo permiso -y la llave- a los propietarios de la finca.

Oasis en tierra yerma

Un verdor inusitado anuncia la cercanía de Molinos, pueblo viejo, de calles arboladas y casas de adobe con techos de barro. Allí se encuentra una de las iglesias más pintorescas del valle, construida en 1659 y declarada Monumento Histórico Nacional

Saliendo del pueblo, la ruta 40 sigue hacia el Norte y se convierte, por tramos, en camino de cornisa. Ya casi no se ven molles ni algarrobos, sino arbustos y cardones. De a poco comienzan a aparecer ranchos y caseríos, chacras donde álamos añosos protegen los frutales del viento. En el Poniente comienzan a verse las siluetas azules de cerros nevados a lo lejos.

Así se llega a Cachi, pueblo extremadamente blanco y limpio, con calles de piedra que ofrecen un momentáneo alivio al polvaderal infinito que es la ruta 40.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión $ 400 De ida y vuelta, con tasas e impuestos.

En ómnibus $ 180

Alojamiento

En Cachi el Automóvil Club Argentino cuenta con una hostería tres estrellas, sobre la ruta 40, km 1237.

El precio de una habitación doble para los socios es de $ 85; no socios, $ 100.

Alejo Schatzky