TABACO rutas y aromas

En muchos lugares del mundo, la industria del cigarro justifica bien sus humos y muestra que es un auténtico arte para degustar entre los dedos y a flor de labios.

Por Redacción OHLALÁ!

27 de marzo de 1998, 03:00

TABACO rutas y aromas

A unque suena como un acertijo audaz, pero no lo es porque efectivamente hay un punto en común, ¿en qué se parece Demi Moore a Fidel Castro? La imagen de ambos está vinculada con los puros. Y a pesar de que el presidente cubano dejó hace un tiempo el hábito de fumar, sonrió más de una vez desde las tapas de revistas norteamericanas con un enorme habano entre los dientes, sin pudores por la cada vez menor popularidad que la costumbre de fumar tiene en los Estados Unidos.

Políticos memorables como Winston Churchill, actores famosos como Arnold Schwarzenegger, hombres de teatro que llegan a pantallas chicas y grandes como James Wood, mujeres exitosas como Whoopi Goldberg, divos como Jack Nicholson, aparecen retratados en afiches y portadas con un largo puro entre los dedos o los labios. No se avergüenzan por eso: en realidad, lo muestran con orgullo.

Es que no se trata del plebeyo cigarrillo, rechazado en gran parte del planeta por nocivo, sino del elegante cigarro -puro, habano, tabaco , según se prefiera llamarlo- que, a diferencia de sus parientes envueltos en papel y la mayoría de las veces coronados por un filtro, está en la boca de muchos famosos y ya aparece en las listas de los buenos restaurantes como el toque final de una excelente comida.

Algunos memoriosos aseguran que la palabra tabaco proviene de una deformación del nombre de la isla caribeña de Tobago. En 1518, el franciscano español Romano Pane envió unas hojas y semillas al rey Carlos V, que decidió cultivar el entonces exótico vegetal en sus dominios. Décadas después, en 1560, Jean Nicot, embajador de Francia en Portugal, difundió el tabaco por medio de Catalina de Médicis.

Pero fue el encanto personal de un aventurero inglés, sir Walter Raleigh, lo que produjo la divulgación de la costumbre de fumar por todo el mundo, a partir de seducir a la reina Isabel, que apoyó su iniciativa de dar a conocer por todas partes a las que llegase el imperio esa planta a la que no pocos atribuían propiedades curativas.

Con el tiempo, el tabaco llegó en su estado más fino a ser visto hasta con misericordia por los más acérrimos enemigos del vicio de fumar. Es que los puros, al menos en la imaginación popular, están más vinculados con el placer que con la adicción.

Puede vérselos entre los dedos de un hombre de negocios sentado en el lobby de un hotel cinco estrellas de Berlín, en medio de la sonrisa de un campesino del nordeste brasileño que echa el humo de su charuto mientras camina por un sendero polvoriento, en el ademán que hace un comerciante filipino para que los turistas ingresen en su negocio a comprar baratijas, en las fotos históricas de Alphonse Capone sonriendo desde la portada de un libro en una librería de Nueva York, o en la mano de un mariachi mexicano que descansa bebiendo un tequila antes de su próxima presentación.

Tienen un rito propio para ser encendidos, fumados, sostenidos con la mano o con los dientes, cortados cuando se apagan, conservados. Las personas que se ponen un habano en la boca comienzan a actuar diferente, con un aire casi señorial. Tratan de tirar la ceniza con elegancia, están pendientes de que no se apague, echan las bocanadas de humo poniendo los labios en posiciones distintas de las que los pondrían si estuviesen apurando un humilde cigarrillo.

Si bien el origen del tabaco es americano y los principales productores de puros de alta calidad se encuentran en nuestro continente, esta planta recorrió el mundo a bordo de los barcos que transportaban a los mensajeros de las aventuras coloniales de antaño. De esa manera, China -sin ser un país reconocido mundialmente por sus tabacos- es el principal productor del mundo, seguido por los Estados Unidos y la India.

Los holandeses, aventureros proverbiales ligados al mar, se encuentran en la actualidad entre los exportadores de cigarros mejor cotizados de Europa, aunque justo es reconocer que la especialidad holandesa es la producción de cigarros pequeños como los Willem II o los Mehari´s. Indonesia, ex colonia de Holanda, es el proveedor de materia prima por excelencia para las principales marcas exportadas desde los Países Bajos.

Francia y España, por su parte, también intentan competir en ese rubro y lo hacen con éxito dispar. Turquía, otro gran productor, es uno de los líderes en puros aromáticos que se venden en Oriente Medio y Europa del Este.

Cuba, Holanda, República Dominicana y Estados Unidos son, a su manera y con sus diferencias, algunos de los lugares productores de puros de primer nivel. Pero los más apreciados por su calidad son los cubanos. En el lenguaje popular universal, la palabra habano tiene un significado preciso. Y resulta ocioso recordar que el apelativo está vinculado con la capital de Cuba.

Un paseo por las vegas

Sin embargo, no es en La Habana donde el viajero puede descubrir el nacimiento de un puro, sino en Pinar del Río, una de las 14 provincias de Cuba, situada en el extremo occidental del país. Valles abúlicos, montañas eternas, silencios profundos, paisajes multicolores, son el entorno de la célebre región de Vuelta Abajo, donde según los entendidos se combinan las distintas condiciones para el cultivo del mejor tabaco del mundo.

Al recorrer la zona, aparecen las vegas, tal el nombre que se les da a los surcos en las plantaciones cubanas de tabaco. Se ven las plantas erguidas, con sus ocho o nueve mancuernas de las que salen dos hojas de cada una.

"Con esas hojas, enrolladas, se hacen los puros", dice el simplista, y sólo tiene una parte de razón. En realidad, para llegar a un habano hace falta recorrer un camino mucho más largo y sinuoso. No se trata sólo de enrollar y hacer habanos .

En primer lugar, un puro está compuesto por tres tipos de hoja. Los cubanos les llaman tripa , capote y capa . La tripa es lo que va adentro. Envolviéndola, está el capote , generalmente compuesto por las hojas que se encuentran en el llamado centro fino del tronco de la planta. Y por fuera, finalmente, se recubre todo con la capa , un tipo de hoja muy delgada que se estaciona durante un tiempo en las denominadas casas de tabaco -una suerte de galpones construidos en la propia plantación para protegerlas de la luz solar, que en está región es inclemente-, para garantizar así una textura sedosa y una humedad adecuada.

En la fábrica de tabaco Vegueros, en la ciudad de Pinar del Río, los armadores de puros usan una goma vegetal, que llaman tragacanto , para dar el cierre final al puro en la perilla , cabeza u hombro redondeado.

Mientras tanto, turistas de todos los confines de la tierra miran el trabajo de los artesanos con curiosidad y se amontonan en la tienda que está en la entrada para llevarse un recuerdo que muchas veces tiene destino de regalo.

Una vez armados, los tabacos parten hacia el control de calidad. Allí, las mujeres les colocan la anilla con el logotipo de la marca, los miden en largo y grosor, ya que cada tipo de cigarro tiene parámetros diferentes de medidas que deben ser exactas, y los envían para un último examen supervisado por un verdadero maestro.

En este caso se llama Francisco Menéndez Méndez y está vestido con un pantalón algo raído y una musculosa blanca atabacada. Tiene 61 años y obviamente un puro en la boca, apagado y a medio fumar. Dice que echa humo desde los 12 años, es decir, que este año cumple medio siglo como fumador. Trabaja en tabaquerías desde hace 43. No guarda secretos.

"En el proceso que va desde el armado hasta la puesta a la venta hay muchas cosas que no se ven -relata-, como la clasificación de las hojas, que es muy rigurosa; la fumigación, y el mantenimiento." Muestra a dos muchachas acomodando puros para fumigar , algo que debe hacerse cada 45 días para evitar la picadura por la formación de un gorgojo que agujerea el puro.

Menéndez asegura que "la mejor manera de guardar los tabacos es en cajas de cedro u otra madera neutra, es decir, sin demasiado aroma". La explicación para esto es que el tabaco es uno de los vegetales que más rápidamente absorben cualquier tipo de olor. De allí que las personas que trabajan en las fábricas de estos productos no pueden usar perfume ni desodorantes durante la jornada laboral.

Al comprar un tabaco en Cuba, lo ideal es dirigirse hacia uno de los muchos comercios autorizados para venderlos. El viajero tendrá en la calle una gran cantidad de ofertas de habanos de todas las marcas -Cohíba, Partagás, Montecristo, H. Upmann- a precios realmente bajos. Pero en la inmensa mayoría de los casos se trata de puros de escasa calidad, ya sea porque fueron descartados en la propia fábrica por fallas en su textura, humedad o dimensiones, o bien porque se han puesto viejos y secos.

Fuera de Cuba también existen cajas de habanos que relucen con marcas célebres -especialmente el Cohíba, pero es conveniente fijarse en la letra chica de esas cajas para constatar que se trata de los auténticos habanos ya que en los últimos años aparecieron imitaciones bastante parecidas a los originales. Aunque cuando el conocedor los enciende, siente la diferencia.

Leonardo Freidenberg

Placer para famosos

P ese a tratarse de un clásico en varios países de América latina, el tabaco entre los dedos nunca dejó de ser una excentricidad a los ojos de los simples ciudadanos de a pie de la mayor parte del mundo.

Pero el placer de un buen puro ha recorrido de manera transversal las clases sociales en muchas naciones.

En Brasil, por ejemplo, no es raro ver a un dirigente metalúrgico, político de izquierda y protagonista de varias contiendas electorales en su país, Luiz Inacio Da Silva, Lula , con un charuto en la boca, especialmente después de almorzar y cenar. Los campesinos pobres también se dan esos lujos, aunque sin las pretensiones de calidad que exigen las personas que habitan los barrios coquetos de cualquier gran ciudad brasileña.

Tanto Winston Churchill como Franklin Roosevelt ostentaron sendos puros ante los periodistas que retrataron el momento en que junto con Joseph Stalin acordaron las áreas de influencia de cada uno en Yalta. Alphonse Capone fue otro de los personajes en los que era muy difícil desligar su imagen del cigarro.

Fue famosa la imagen de un Fidel Castro joven y con un habano en la boca en la década del sesenta. Insólitamente, como suele ocurrir con muchas cosas célebres, el puro fue vinculado mediante la imaginación con un alineamiento pro cubano. Esto le ocurrió al dirigente sandinista Bayardo Arce en París, poco antes del derrocamiento de Anastasio Somoza en Nicaragua. El guerrillero daba una conferencia de prensa en la capital de Francia y uno de sus asesores le advirtió: "Cuidado, no salgas con el habano ante los periodistas porque te van fotografiar y usarán esa imagen para pegarte con la revolución cubana".

El puro no se esfuma

Los cuidados de Arce duraron unos minutos, hasta que se puso algo nervioso por ser la primera vez que enfrentaba a la prensa internacional. Sacó un puro de un bolsillo y lo encendió en medio de la conferencia: los fotógrafos se abalanzaron sobre él, y al día siguiente varios medios gráficos y canales de televisión establecieron un curioso paralelo entre la ideología y el tabaco, algo que, al menos en aquellos tiempos, los sandinistas querían evitar para congraciarse con la socialdemocracia europea.

Los principales restaurantes del mundo incluyeron una carta de puros con la misma naturalidad con que se ofrece una lista de postres o licores. En otros tiempos, un cigarro en manos de una mujer hubiese sido impensable, pero hoy día bellas mujeres sueltan el humo con grandes bocanadas, sumando un rasgo nuevo a su proverbial capacidad de seducción.

Los tiempos han cambiado, pero el cigarro no.