Una vuelta en bicicleta por cinco continentes

Ayer se cumplieron 40 años del raid mundial de 82.430 kilómetros

Por Andrea Ventura

3 de septiembre de 2006, 03:00

Una vuelta en bicicleta por cinco continentes

La vuelta al mundo en bicicleta bien podría ser el título de un libro de Julio Verne, pero para Ricardo Núñez fue realidad, según sus palabras: "El sueño de mi vida".

Ayer se cumplieron 40 años que regresó de su gran epopeya mundial que duró tres años y medio, y lo llevó por 67 países de cinco continentes. Y en estas cuatro décadas ya no recuerda cuántas veces repitió su viaje, pero sí cada detalle de los 82.430 kilómetros que recorrió pedaleando.

Que quede claro, en este giro mundial tomó barcos, aviones y trenes cuando fue necesario (en Nueva York no lo dejaron atravesar los puentes en dos ruedas), pero jamás se subió a un taxi, auto o colectivo. Todo fue en bicicleta.

Jubilado, de 78 años, vecino de Flores, habla sin pausas de su gran viaje y nombra ciudades y museos como si se tratara de su casa.

"De chico me gustaba mucho leer libros de Julio Verne, de viajes y lugares exóticos, y me dieron ganas de viajar y recorrer el mundo. Estuve mucho tiempo organizando la travesía, casi 13 años, fui con todo planificado", recuerda, rodeado de fotos y testimonios de su raid.

En 1950 intentó llegar a Nueva York y fracasó. Para la segunda oportunidad busco un desafío más ambicioso aún.

Una Duomo colorada de media carrera estándar, pero reforzada, rodado 28, fue su fiel compañera de aventuras. Actualmente se exhibe en el Museo del Transporte de Luján (la donó cumpliendo una promesa), donde el viernes se le realizó un homenaje. Le agregó un cuentakilómetros de una motocicleta sellado, para que no queden dudas de los kilómetros recorridos.

Su equipaje se compuso de dos valijas con la ropa imprescindible, el dinero que obtuvo de la venta de su casa que él mismo construyó y los músculos de las piernas bien entrenados.

Kilómetro Cero

La travesía comenzó en el Kilómetro Cero en marzo de 1963, con destino a Mendoza, para cruzar los Andes y atravesar Chile, Perú, Ecuador y Colombia. El periplo siguió por América Central y después bordeando el golfo de México hasta Canadá. Después en barco hacia Europa, por donde recorrió las principales capitales, norte de Africa, Medio Oriente, India, sudeste asiático, Australia, Polinesia y nuevamente barco y avión hasta Nueva York, donde finalizó, el 2 de septiembre de 1966, con la alegría de haber cumplido una hazaña.

"Cuando llegaba a una ciudad importante me quedaba varios días para recorrerla a fondo, no como los tours que se hacen en cinco minutos. Estuve horas y horas en los museos del Louvre y en el de El Cairo, por ejemplo", rememora.

Aunque todo salió como estaba planeado, sin grandes contratiempos ni accidentes, tuvo que hacerle frente al coletazo de un huracán cerca de Miami, a que se le acalambren las piernas cruzando los Andes y a los cambios climáticos: de la nieve de Canadá al calor sofocante de Africa. Y hasta un día hizo 390 kilómetros para llegar a la frontera de Egipto con Libia, porque no había poblados por el camino.

También aprendió a improvisar sobre la marcha: "En Berlín me negaron la visa para entrar a Rusia y tuve que hacer 7000 kilómetros más de lo que tenía previsto para cruzar por otros países".

Anduvo por rutas de ripio y caminos difíciles; en soledad días y días, pero donde realmente se le complicó fue en Roma: "Era un caos andar en bicicleta por la ciudad, porque los autos te pasan por arriba".

El Primer Mundo lo deslumbró, pero en su corazón se quedó con los paisajes de Tailandia y la India como los sitios preferidos, y con la calidez en el trato de los países árabes.

"En Irán me sorprendió la liberación femenina, estaban con faldas no tan largas y la cara descubierta, algo que no pasaba en otros países."

Además de los ahorros de toda su vida, que escondía en los caños del manubrio y el asiento, recibió el apoyo de Pepsi Cola Internacional, que le financió buena parte del viaje.

Entre sus tesoros conserva un libro con fotos y firmas de 34 presidentes como Franco, Nasser e Indira Gandhi, que le desearon buena suerte; 2500 diapositivas, un libro de más de 500 páginas que escribió sobre el viaje y nunca se publicó, y miles de recuerdos.

Hace más de 30 años que no se sube a una bicicleta, pero está pensando en comprarse una sencilla para mantener el estado físico, "porque de andar en bici no te olvidás nunca".