El umbral de tolerancia de una persona que viaja por negocios es mucho más bajo que el de un turista común y corriente. Si el primero cuenta sus minutos con precisión suiza y no tiene margen para tolerar una demora en el check-in de la aerolínea, el segundo afronta estos contratiempos con una sonrisa complaciente, a cuenta de las vacaciones que le esperan.
Este es uno de los muchos aspectos que hacen del viajero corporativo una especie aparte en el ecosistema del turismo, con prioridades, necesidades y caprichos muy distintos a los del resto de los pasajeros.
En este sentido, si hubiese que establecer un top five de lo que más valora el segmento corporate en la Argentina, no habría demasiadas dudas: el check-in en el aeropuerto no puede demorar más de 15 minutos; la aerolínea debe ser puntual y tener una sala VIP con acceso a Internet; los asientos tienen que ser cómodos y espaciosos (la comida no es un valor que cotice para los ejecutivos) para poder dormir; el hotel debe estar cerca del lugar de trabajo, y por último, posibilitar un sistema flexible de check-in y check-out que se adecue a los tiempos de llegada y partida de cada gerente.
Destinos y cifras
En estos cinco ítem coincidió un grupo de CEO consultados por LA NACION, que viajan, en promedio, unas 20 veces al año cada uno a destinos como Estados Unidos, Brasil, Chile, México, Colombia y Perú.
Hay que tener en cuenta que los viajes corporativos generados en la Argentina mueven cerca de 580 millones de dólares al año, según estimaciones del mercado, y representan el 58% del volumen total -en dinero- de pasajes vendidos en el país.
Se trata de traslados de no más de cuatro días, casi siempre en categoría business y en hoteles cuatro estrellas. El costo total de un paquete corporativo es de entre US$ 3000 y 5000 si el destino es Estados Unidos o Europa, y menos de la mitad si es dentro de América latina.
"Las empresas que más traslados realizan actualmente son Repsol YPF y Techint, y un escalón atrás, Petrobras, Quilmes, Unilever y Arcor", explica Guillermo Dolan, gerente general de BCD Travel, agencia especializada en viajes corporativos. El 60% de los vuelos que realiza el sector es de cabotaje y el 40%, internacional.
Cabe destacar que, como dice Norberto Gunsberg, director de American Express Travel, las grandes compañías tienen acuerdos firmados con las aerolíneas y cadenas de hoteles para el traslado de sus ejecutivos.
Cuatro millones de puntos para volar tiene acumulados Erasmo Rojas, director para América latina y el Caribe de la asociación de telecomunicaciones 3G Americas. Lo suficiente, dice, como para dar una decena de vueltas al mundo sin pagar un dólar.
Esa experiencia le da cierta autoridad como viajero de negocios. "Cuando uno es ejecutivo y vuela mucho al exterior llega un momento en que se pierde la paciencia para hablar con los empleados de las líneas aéreas -afirma Rojas, que vive en Dallas-. Yo quiero que la aerolínea me resuelva todos los aspectos de tiempo que pueda controlar, como un check-in hiperrápido o pocas escalas en el trayecto, y que me ofrezca una sala VIP donde pueda conectar mi laptop para sentarme tranquilo a trabajar."
Enrique Fleffel, presidente de Mattel Argentina, productora mundial de juguetes, coincide en la importancia de una buena sala VIP y un check-in veloz. "Son aspectos que, como viajero frecuente, me importan mucho más que el servicio a bordo o la comida del avión", explica el CEO, que vuela unas 20 veces al año a destinos como Santiago, Chile; Miami y Los Angeles, donde está la casa matriz.
A su vez, Gunsberg, de American Express, cuenta que los ejecutivos se preocupan cada vez más por el mantenimiento de los aviones. "Preguntan mucho cuál es la antigüedad de la aeronave en la que les toca viajar", explica, y agrega un detalle con respecto a la ubicación que prefieren: "En general piden el asiento del pasillo".
Por otra parte, el problema, muchas veces, no pasa tanto por la aerolínea, sino por la burocracia en el aeropuerto. "Las demoras en América latina son muy altas, y un atraso de dos o tres horas le desarma a uno toda la agenda", dice Luis Galeazzi, gerente general de la compañía de tecnología SAS Argentina, que realiza entre 30 y 40 viajes anuales, principalmente dentro de América del Sur, pero también a México y al resto de América latina.
La mayoría de los gerentes consultados coincide en que las terminales aéreas más conflictivas para un viajero de negocios son las de Brasil, Colombia, Perú, México y la Argentina. Y, por supuesto, los aeropuertos de Estados Unidos, por el refuerzo de la seguridad tras los atentados del 11 de septiembre.
¿Estrellas? Es lo de menos
Así como los ejecutivos no prestan demasiada atención a la bandejita de comida que les dan en el avión, tampoco el lujo del hotel es algo que los desvele. "Más que todo valoro la ubicación geográfica con respecto al lugar adonde uno va a trabajar", comenta el headhunter Rubén Heinemann, socio de Heidrick Struggles, que viaja unas cinco veces al año a Nueva York y Washington.
Como se ve, estos hombres de andar tan vertiginoso prefieren un buen servicio en los aeropuertos a comer o degustar a bordo: cambiarían todo por un rápido check-in.
José E. Totah
No me confundan con un turista
El headhunter Rubén Heinemann dice que es importante que el hotel permita al ejecutivo realizar un early check-in (antes del horario establecido). "De la Argentina a Estados Unidos siempre se llega al alba y es una gran ventaja no tener que esperar hasta las 15 para poder subir a la habitación." Algunos hoteles, incluso, llegan a cobrar el día anterior completo, lo que genera malhumor. "La gente de los mostradores del hotel no distingue entre un turista convencional y un ejecutivo", se queja Rojas, y afirma que estos empleados deberían ofrecer un early check-in o un late check-out "sin que uno siquiera tenga que preguntarles".
"No importan las estrellas, sino que esté cerca de la oficina y que tenga buena conectividad a Internet", opina Fleffel, mientras que Dolan, de BCD Travel, asegura que los ejecutivos aprecian cada vez más que el hotel tenga un buen gimnasio donde descargar el estrés de tanta carrera contra el tiempo.
La hora del tan temido downgrade
Muchas cosas cambiaron para los viajeros de negocios después de la devaluación en la Argentina. En principio, entre 2001 y 2002, la cantidad de traslados corporativos se redujo en un 50%, según fuentes de mercado.
Si durante la convertibilidad una empresa podía mandar a todo su equipo comercial a capacitarse a Miami, por ejemplo, después de 2002 sólo viajaban los CEO.
Sólo a partir de 2004 la situación empezó a normalizarse. "Desde hace dos años, en las compañías de primera línea se traslada no sólo el CEO, sino también el directorio", precisa Gunsberg.
Sin embargo, Galeazzi sostiene: "Hoy el control de gastos de viajes es mucho más estricto; si el traslado no se justifica para cerrar un acuerdo cara a cara, entonces directamente no se hace. Además, las videoconferencias redujeron casi un 50% los traslados de negocios con respecto a cómo era en los años 90", completa el número uno de SAS.
Bienvenidos a business
En cuanto a la forma de volar, también hubo cambios. "Hoy son muy pocos los ejecutivos que viajan en primera clase, una categoría que de hecho va en camino a desaparecer, porque la clase business está casi al mismo nivel", ilustra Dolan.
Pero el fenómeno de los viajes corporativos más gasoleros no es sólo argentino; en el mundo ocurre lo mismo, sobre todo en lo que respecta a la hotelería.
Se sabe, por ejemplo, que los directivos de Dell -la segunda productora mundial de computadoras después del gigante IBM- se registraban hasta hace poco en las cadenas Hilton y Marriott en Estados Unidos, a por lo menos US$ 150 la noche.
Hasta que llegó un memorando poco feliz para los directivos, que les notificó que de ahora en más deberán hospedarse en AmeriSuites o Candlewood Suites, donde pernoctar cuesta sólo 95 dólares.









