Villa Gesell retiene su aire juvenil

Mística: sólo se renuevan las comodidades y las diversiones para el futuro visitante; el resto, la esencia del balneario, aún se conserva a rajatabla.

Por Redacción OHLALÁ!

26 de diciembre de 1997, 03:00

Villa Gesell retiene su aire juvenil

VILLA GESELL.- El viento, los pinos, las gaviotas y el mar. Todos juntos confluyeron en la imaginación y los sueños de don Carlos Idaho Gesell cuando hace ya 67 años se propuso el titánico desafío de forestar las dunas alineadas frente a kilómetros y kilómetros de desoladas playas.

Al amparo de esos árboles que crecieron más allá del ámbito desértico, comenzó a gestarse un asentamiento que ya por la década del 50 sería conocido definitivamente como Villa Gesell.

El tiempo pasó, pero no en vano. Aquellas dunas que el fundador se encargó de fijar son las mismas que cada verano se transforman en un parador favorito para el turismo juvenil.

Los adolescentes han llevado hasta esas playas todo su empuje y las convierten en uno de los centros de diversión y recreación más importantes de la costa atlántica.

Esos mismos jóvenes son los que desde el mediodía y hasta que caiga el sol comienzan a ocupar las arenas Windy, Windsurf y Charlie, los paradores top donde conviven sol, buena música y tragos.

En estos chicos se está pensando y mucho para la próxima temporada. Una decisión que también significa tener en cuenta a los mayores y las familias enteras que gustan estar lejos de los decibeles de la música disco.

Así es como para este verano se espera inaugurar un complejo de locales bailables que se ubicará fuera del ejido urbano, en la calle Buenos Aires, por la que se accede a la ciudad desde la ruta 11.

Este empuje constructor también ha llegado hasta el ámbito de la hotelería. A los amplios servicios que Villa Gesell tiene en la materia, se incorporarán para este verano un nuevo appart hotel de cuatro estrellas y un resort.

La niña mimada

La cultura es casi una niña mimada en las programaciones que se efectúan para cada temporada estival, tanto como ocurre en el resto del año.

Suelen decir los gesellinos que la villa "huele al aire que el artista deja en cada una de sus creaciones". Por eso aparece como casi imposible imaginar a este balneario sin sus calles vestidas de cueros, cerámicas, maderas y metales que con tanta habilidad saben transformar los artesanos de la avenida 3.

Los encuentros musicales y de coros también son ya una tradición en el anfiteatro del Pinar, un maravilloso reducto para encontrarse obras clásicas que llegan de la mano de los mejores artistas.

Los amantes de estas actividades son casi los mismos que optan invariablemente por guarecerse en las tranquilas playas de Mar de las Pampas, Las Gaviotas o Mar Azul.

Estos paradores garantizan un descanso ininterrumpido bajo la suave brisa del mar y el aroma inconfundible de pinos y acacias.

Pero hay quienes van más lejos aún y llevan sus ansias aventureras hasta el faro Querandí, guía de navegantes que está rodeada de una maravilla de la naturaleza, como es la reserva forestal y animal aledaña.

En ese punto confluyen los amantes de la pesca con fabulosos equipos, con los cuales probarán suerte para la captura de cazones y tiburones, sorpresivos e inofensivos visitantes en una villa soñada para el viento, los pinos, las gaviotas y el mar.