Deco con plantas: redecoró un PH de los años 50 pensándolo desde el diseño circular

Un PH de los años 50 que hace honor al diseño circular y al verde natural, en su máxima expresión.


En el living, sillón (@shoroestudio), almohadones cuadrillé (@mercedessegura_), manta tejida por su abuela, perrito amarillo de trapo (@globodetrapo) y hongos y pajaritos, hechos por Gisela Ramos Hoff. ¿Su outfit? Todo comprado en ferias americanas.

En el living, sillón (@shoroestudio), almohadones cuadrillé (@mercedessegura_), manta tejida por su abuela, perrito amarillo de trapo (@globodetrapo) y hongos y pajaritos, hechos por Gisela Ramos Hoff. ¿Su outfit? Todo comprado en ferias americanas.  - Créditos: Ramiro Gonzalez



María Celeste Buscarini, conocida como María de las plantas (así la encontrás en las redes), vivió un tiempo en Canadá y, al regresar al país, sintió la necesidad de hacer un cambio grande en su vida. Primero, se mudó a un monoambiente con más plantas que muebles, y después, ya con su novio, Camilo –un ilustrador colombiano que toca la batería–, apostó a un modo de vida más slow en este PH, bien de barrio, que ella misma decoró y llenó de verde natural. Las plantas son las verdaderas protagonistas y las que definieron la disposición de los espacios, porque realmente están por todos lados. En la casa, además, hay mucho mueble antiguo, colores que vibran y detalles que no pasan desapercibidos, pues el minimalismo no es para ella. “Es una casa bastante surrealista –dice María–. Si la analizás parte por parte, nada tiene sentido y es todo lo que no debería ser”.

Así, tiene un dormitorio que les escapa a los colores neutros, un baño sin puerta que rompe tabúes, una cocina en donde casi ni se cocina y un living que hace de estudio creativo para su novio. “Milo siempre está ilustrando o tocando la batería”, cuenta María. Para ella, es un motor de inspiración y, cuando eso sucede, elige la cama o el sillón para tirarse con Toño, su perrito, a pensar ideas para sus talleres y asesorías verdes. “Si bien me formé en diseño de indumentaria y textil, ahora me dedico a divulgar el uso de plantas para el bienestar personal”.

En el living, sillón (@shoroestudio), almohadones cuadrillé (@mercedessegura_), manta tejida por su abuela, perrito amarillo de trapo (@globodetrapo) y hongos y pajaritos, hechos por Gisela Ramos Hoff. ¿Su outfit? Todo comprado en ferias americanas. Escritorio y mueble antiguos (todo, Pasion Chic), batería de Camilo y plantas en cada rincón (@manos_verdes_vivero). El palo de agua lo rescató de un volquete.

En el living, sillón (@shoroestudio), almohadones cuadrillé (@mercedessegura_), manta tejida por su abuela, perrito amarillo de trapo (@globodetrapo) y hongos y pajaritos, hechos por Gisela Ramos Hoff. ¿Su outfit? Todo comprado en ferias americanas. Escritorio y mueble antiguos (todo, Pasion Chic), batería de Camilo y plantas en cada rincón (@manos_verdes_vivero). El palo de agua lo rescató de un volquete.  - Créditos: Ramiro Gonzalez

En el reflejo del espejo que armó con sus manos, la cama vestida con un cubrecama rayado y almohadones de colores (@mercedessegura_). El respaldo juega con las líneas y los colores (@casabald0).

En el reflejo del espejo que armó con sus manos, la cama vestida con un cubrecama rayado y almohadones de colores (@mercedessegura_). El respaldo juega con las líneas y los colores (@casabald0).  - Créditos: Ramiro Gonzalez

Contar historias 

Si existe, no lo compra; así es con la moda y la decoración. Prefiere muebles con historia, objetos encontrados en la calle y reliquias heredadas, como la radio antigua que perteneció a su abuelo italiano, que huyó de la guerra: “Fue lo primero que pudo comprar para tener noticias de su país”. María armó cada rincón, con paciencia y sin apuro (¡como con las plantas!): “Aprendí a manejar la ansiedad y a habitar los procesos –cuenta–. Es encontrar lo que la casa te pide”. En la pared junto al reloj, la planta que dio comienzo a su historia: un gajo de potus que le regaló su mamá cuando se fue a vivir sola y hoy sigue creciendo. El verde no solo se distingue en la vegetación, es un color que ella elige siempre –o que el destino le presenta–. “Cuando nos mudamos, encontré dos tachos de pintura: una verde y otra amarilla. Las mezclé y pinté la cocina hasta donde me alcanzó. Así la empecé a sentir propia. Hoy, es una casa habitada y aceptada como es”.  

“Si algo no me gusta, lo abrazo y veo qué puedo hacer. En la incomodidad, encuentro respuestas”. 

María de las Plantas

María de las Plantas

María de las Plantas - Créditos: Ramiro Gonzalez

Salir del molde

Decorar el dormitorio fue su mayor desafío y hoy es el espacio donde encuentra paz e inspiración. Se dice que los colores neutros generan calma en las zonas de descanso, pero ella apostó al color y a sumar detalles en cada rincón. “Sentía que la energía del cuarto estaba estancada. Le metí color para vibrar alto y hoy acompaña nuestra personalidad”, asegura. ¿Qué hizo? Pintó de blanco el piso original de pinotea, agregó un vinilo floreado sobre el placard para darle luz y, por supuesto, sumó verde natural e historias con los muebles y objetos que eligió para decorar el ambiente. “Lo más importante –dice– es guardar la esencia de cada espacio”. En ese proceso, además, María hizo una limpieza energética: “Puse Thalía, sahumé, intencioné y le hablé a la casa. Así me conoció mi vecino”, se ríe. ¿Qué dicen sus amigos cuando los visitan? “Nada, ¡ellos son como nosotros!”.

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