Llegado julio o agosto, el placard suele convertirse en una mezcla de prendas de todas las estaciones, algunas que ya no se usan y otras que quedaron ahí "por las dudas". Mitad de año es un buen momento para poner pausa y ordenar: no hace falta esperar al cambio de temporada oficial para ganar espacio, claridad visual y hasta darle una segunda vida a la ropa que ya no se usa. Estos son los criterios más simples para decidir qué sacar, qué guardar y qué donar.
Los criterios para decidir qué sacar, guardar y donar
Una de las formas más efectivas de encarar el orden es la técnica de las tres pilas: conservar, donar y descartar. Antes de guardar nada, conviene sacar toda la ropa del placard y mirarla en conjunto, porque ahí aparece una foto bastante real de lo que se usa, lo que quedó intacto y lo que dejó de tener sentido. Un criterio simple para no quedarse pensando demasiado en cada prenda es la regla de los doce meses: si no se usó en el último año, probablemente no haga falta que vuelva al placard.

También ayuda hacerse algunas preguntas concretas frente a las prendas dudosas: ¿la usé la temporada pasada? ¿me queda bien y me gusta cómo me queda hoy? ¿está en condiciones de seguir usándose? Las prendas gastadas, deformadas o con manchas que no salen van directo al descarte; las que están en buen estado pero ya no se usan por talle, gusto o estilo son las candidatas ideales para donar. Lo que sí se usa y se quiere seguir usando, se guarda, priorizando que lo de esta temporada quede en los lugares más accesibles del placard.
5 claves para poner manos a la obra

- Elegí un momento sin apuro. Organizar el placard a las apuradas suele terminar en una pila de ropa amontonada "para después". Conviene destinarle al menos una tarde libre, sin otras tareas encima.
- Vaciá todo antes de empezar. Sacar absolutamente toda la ropa, incluso la que parece obvio que se queda, ayuda a ver el conjunto real y evita que algunas prendas queden afuera del análisis por costumbre.
- Probate lo que genera dudas. Si una prenda no se usó hace tiempo pero no se sabe bien por qué, probársela ayuda a decidir rápido: a veces alcanza con confirmar que el talle o el estado ya no acompañan.
- Lavá o llevá a la tintorería antes de guardar. Tanto lo que se guarda para la próxima temporada como lo que se dona conviene que esté limpio: además de higiene, ayuda a que la ropa se conserve mejor con el paso de los meses.
- Buscá dónde donar antes de acumular bolsas. Organizaciones como Cáritas o la Cruz Roja, además de parroquias y centros comunitarios de cada barrio, suelen recibir ropa en buen estado. Tener el destino resuelto de antemano ayuda a que la donación se concrete y no quede una bolsa juntando polvo en un rincón.












