Después de pasar horas frente a una computadora, responder mensajes, hacer videollamadas y terminar el día haciendo scroll, sentarse alrededor de una mesa a jugar puede parecer un gesto casi revolucionario. En una época donde hasta la recreación y los vínculos interpersonales suelen moverse dentro de una pantallita, recuperar el encuentro lúdico cara a cara se convirtió en un pequeño acto de resistencia cotidiana: el último bastión de la diversión analógica.
La buena noticia es que el fenómeno "contracultural" de los juegos de mesa está en expansión: la industria mundial de los juegos de mesa facturó unos 13.100 millones de dólares en 2023 y las proyecciones estiman que podría superar los 32.000 millones hacia 2030. En Argentina, mientras tanto, solo en los últimos cinco años se publicaron cerca de mil títulos nuevos. Lo que hace poco parecía un hobby de nicho hoy es un plan cada vez más habitual entre amigos, parejas y familias
Ojo que no estamos hablando del Ludo ni de El Estanciero, esos juegos que recordamos de la infancia. En las últimas tres décadas apareció una nueva generación de juegos que cambió por completo la forma de entretenernos.
Juan del Compare es biólogo, juega desde hace años y actualmente es el Gerente de Marketing de Devir Argentina (una de las principales editoriales de juegos del mundo). Aclara que lo que estamos viviendo no es un nicho de "nerds" sino una tendencia global generalizada que él sabe muy bien explicar.
— ¿Cuál es el cambio fundamental que define a estos juegos modernos?
— Son juegos que tienen un tiempo definido y sugerido en la caja. Si alguien cuenta con media hora, puede elegir un juego que dure exactamente eso; no es una partida que no se termina más. Además, hay mucho más peso en lo estratégico y menos en el azar. Si bien el azar puede estar presente, está mitigado por las decisiones del jugador. Ya no son solo carreras de tirar y avanzar; lo que uno piensa y decide pesa directamente sobre el resultado.

El Catán inauguró la era de los juegos de mesa modernos.
La "nueva era" tiene una partida de nacimiento simbólica bajo el nombre de Catan. Este juego, que ya vendió más de 35 millones de unidades en el mundo, fue el gran hito que rompió el molde en 1995. Surgió en Alemania con una filosofía muy especial de posguerra: en lugar de juegos de "destrucción" o guerra, se buscaba premiar la producción y el crecimiento. En el Catan tenés que poblar una isla, gestionar recursos y, sobre todo, negociar con los otros jugadores. "Si yo no te ayudo, vos no me ayudás", sería la clave de la complicidad que requiere.
— En un mundo hipercompetitivo, ¿cómo funcionan estos juegos donde el objetivo es común?
— Es algo a lo que no estamos acostumbrados: ganamos todos o perdemos todos contra las reglas del juego. Son ideales para quienes disfrutan menos de la competencia directa y prefieren la construcción colectiva.
En nombre de los creadores

Juan del Compare es experto en juegos de mesa, clásicos y modernos. - Gentileza Devir
Además, el renovado paradigma le da un lugar destacado al reconocimiento de los autores e ilustradores. Funciona igual que los libros: los nombres ahora figuran en las tapas de las cajas, los diseños cobran valor.
Esto en parte es producto también de una organización cooperativa: cuentan que existe un "acta de servilleta" histórica donde los autores se comprometieron entre ellos a no publicar con editoriales que no les dieran este crédito visible. Así, los jugadores ya no solo buscan un género, sino que siguen el estilo de diseñadores específicos o de "escuelas" de diseño, como la alemana o la italiana.
— ¿Cómo se explica el interés actual de los adultos por volver a sentarse a jugar?
— Surge mucho ante la fatiga digital. Los adultos valoran el "nos juntamos a esto" de forma analógica. Y no solamente entre amigos, sino también en familia. El juego permite una instancia intergeneracional donde las jerarquías desaparecen: en la mesa no hay un padre, un hijo o un jefe; todos son jugadores de igual a igual siguiendo las mismas reglas. Se quiebra la autoridad y aparece otra forma de conocerse a través de la estrategia y la interacción.
Si bien el juego es un espacio de paridad por excelencia, Juan identifica una particularidad que suele darse en el género femenino: "las mujeres suelen ser las grandes facilitadoras del ecosistema lúdico actual".
— ¿Cómo es eso?
— Nos damos cuenta de que, en muchos casos, sobre todo en los 30 y pico, la mujer es habitualmente la que propone la actividad para integrar. Es un rol estratégico. El juego sirve como la excusa para amalgamar al grupo y evitar esa charla disociada donde cada uno termina en su mundo a través del celular.
Cada cual atiende su juego
La oferta actual es tan amplia que abarca desde juegos de deducción social hasta experiencias narrativas profundas.
El paisaje lúdico contemporáneo es vasto y diverso. Ya no solo se trata de conquistar territorios; las temáticas hoy abrazan desde la búsqueda de vida extraterrestre en el proyecto SETI, hasta juegos de narrativa silenciosa por chat como Alice is Missing, que exploran temas más densos y emocionales. Incluso hay espacio para el activismo histórico, como en Votes for Women, que recrea la lucha por el sufragio femenino. Otros incorporan tecnología de forma creativa, como Red Carpet, donde se utiliza el celular para "sacar fotos" a celebridades en una alfombra roja de los años 50.
Con precios que oscilan entre los 15.000 y los 300.000 pesos según la complejidad y la calidad de los componentes, los juegos modernos dejaron de ser un secreto de expertos. La propuesta, en definitiva, es recuperar el presente a través de un tablero, transformando el tiempo compartido en una experiencia de inmersión y complicidad que se teje en torno al entretenimiento.
Carola Birgin Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA, ejerce el periodismo desde 1997 y trabaja en LN desde 2009. Fue Secretaria de Redacción de la revista OHLALÁ!, Editora del Suplemento Moda Belleza y hoy es editora digital del grupo de revistas.












