Hay una escena que se repite en silencio en la vida de muchas mujeres. Terminamos el día después de haber resuelto reuniones, proyectos, temas familiares, mensajes pendientes y decisiones importantes. Cumplimos. Respondimos. Estuvimos para todos. Y, sin embargo, cuando finalmente nos detenemos unos minutos, aparece una sensación difícil de explicar: estamos agotadas.
Durante años, el cansancio pareció formar parte del precio a pagar por el crecimiento profesional. Estar siempre disponibles, sostener múltiples responsabilidades y demostrar que podíamos con todo se convirtió en una especie de mandato silencioso. Sin embargo, cada vez más voces cuestionan esa lógica.
Según datos citados por la psicóloga, mentora de líderes y speaker internacional Natalia De Vita, el 59% de los líderes termina su jornada física y emocionalmente exhausto. En el caso de las mujeres, ese desgaste suele ser mayor porque al trabajo remunerado se suman otras tareas de cuidado y gestión cotidiana que también demandan tiempo y energía.
Para De Vita, autora del libro Energía que Lidera, el problema no está necesariamente en la cantidad de responsabilidades, sino en que pocas veces aprendimos a gestionar el recurso que sostiene todas las demás áreas de nuestra vida.
"La energía también se entrena. Sin energía no hay liderazgo sostenible, no hay bienestar y tampoco hay resultados que podamos sostener en el tiempo", explica.
Mucho más que descanso físico
Cuando se habla de energía, solemos pensar automáticamente en dormir más horas o tomarnos vacaciones. Sin embargo, la especialista propone una mirada más amplia.
Según explica, la energía vital está compuesta por cuatro dimensiones que se relacionan permanentemente entre sí: la física, la mental, la emocional y la espiritual. Cuando una de ellas se desequilibra, el impacto termina alcanzando a las demás.
En ese sentido, señala que muchas personas continúan funcionando aun cuando están agotadas. Cumplen objetivos, resuelven problemas y siguen adelante, pero lo hacen desde un estado de supervivencia que afecta la claridad para tomar decisiones, deteriora los vínculos y reduce la capacidad de disfrutar aquello que antes generaba entusiasmo.
"Seguimos haciendo, resolviendo y produciendo, pero muchas veces desconectadas de nosotras mismas. El costo de sostener ese modo de funcionamiento suele aparecer más temprano que tarde", sostiene.
Para la autora, el liderazgo que viene requerirá desarrollar nuevas habilidades. Ya no alcanzará únicamente con producir resultados, sino que será necesario aprender a sostenerlos sin comprometer la salud física y emocional.
Tres prácticas simples para cuidar la energía
La buena noticia, asegura De Vita, es que no hacen falta transformaciones drásticas para empezar a generar cambios. Incorporar pequeños momentos de conciencia en la rutina puede tener un impacto significativo en el bienestar cotidiano.
1. Hacer un chequeo energético antes de decidir
Antes de una reunión importante, una conversación difícil o una decisión relevante, la especialista recomienda detenerse unos segundos y preguntarse cómo está la propia energía.
"No se trata solo de observar el cansancio físico. También es importante registrar cómo estamos mental, emocional y espiritualmente. Identificar desde qué estado estamos actuando nos permite elegir con mayor claridad", explica.
2. Regalarse una pausa antes de reaccionar
En un contexto donde la inmediatez parece imponerse, De Vita invita a recuperar el valor de la pausa.
Tomarse algunos minutos antes de responder un mensaje, intervenir en un conflicto o tomar una decisión ayuda a disminuir el estrés y recuperar perspectiva.
"No todo necesita una respuesta inmediata. Muchas veces una pausa breve cambia por completo la calidad de nuestra respuesta", afirma.
3. Evitar decisiones importantes desde el agotamiento
Cuando estamos cansadas o emocionalmente saturadas, es más probable reaccionar de manera impulsiva.
Por eso, la especialista aconseja, siempre que sea posible, postergar las decisiones trascendentes para momentos de mayor claridad y disponibilidad interna.
"Cuando la energía está baja, solemos reaccionar. Cuando la energía está disponible, podemos elegir", resume.
Un nuevo paradigma de liderazgo

Prensa
Para De Vita, una de las conversaciones más urgentes del presente tiene que ver justamente con revisar la manera en que entendemos el liderazgo.
Porque liderar no implica solamente dirigir equipos o asumir posiciones de responsabilidad. También significa aprender a liderar la propia vida, administrar la atención, establecer prioridades y construir una forma de trabajar que no dependa del agotamiento permanente.
En ese contexto, la gestión de la energía aparece como una habilidad estratégica y no como un lujo reservado para los momentos libres.
Tal vez el verdadero desafío ya no sea demostrar que podemos con todo. Tal vez el éxito consista en llegar lejos sin dejar una parte de nosotras en el camino.
Experta consultada: Natalia De Vita, psicóloga, mentora de líderes y speaker internacional. Acompañó a más de 800 líderes en América Latina y fue reconocida como Top 50 Female Leaders Argentina (#SW50) en 2026. Es autora del libro Energía que Lidera, donde desarrolla un modelo de liderazgo humano, consciente y sostenible basado en la gestión integral de la energía.
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