Hay decisiones que empiezan con una pregunta sencilla: ¿y si pudiéramos vivir de otra manera? Sandra Matejcich (docente) y Oscar Ciovich (arquitecto) tenían sus profesiones y una vida armada en Quilmes, pero también un deseo que venía creciendo desde hacía tiempo: recuperar la calma y animarse a un cambio.
En 2018 dejaron la vorágine de Buenos Aires y se mudaron a Mar del Plata para empezar de nuevo. Así nació Posada Güemes, un hotel boutique de apenas 10 habitaciones que conserva el encanto de las clásicas casas de piedra y propone una experiencia íntima, personalizada y profundamente humana.
A metros del tradicional centro comercial y a minutos del mar, este hotel de ensueño abre sus puertas durante todo el año sobre la calle Falucho al 1285. Aquí, el diseño, los objetos recuperados y una ambientación que transmite calidez y paz —que Sandra transforma según las necesidades de los huéspedes— construyen una hospitalidad alejada de las fórmulas.
Hay detalles pensados a medida y rincones que invitan a bajar el ritmo; entre ellos, un pequeño jardín que se convirtió en uno de esos espacios donde simplemente dan ganas de quedarse por horas.
“Fuimos tan bien recibidos por Mar del Plata”

Pero el proyecto del petit hotel también habla del vínculo que Sandra y Oscar fueron tejiendo con esta ciudad que, según sus propias palabras, tanto les brindó.
“Cuando llegamos, los marplatenses nos recibieron con mucha generosidad y sentimos la necesidad de devolver ese cariño. Queremos que quienes nos visitan puedan acercarse a la identidad de Mar del Plata, conocer a sus artistas y descubrir algo de la ciudad también puertas adentro. Abrimos nuestros espacios a muestras de fotografía y pintura, cerámicas y artesanías de creadores de la zona, y organizamos talleres, workshops y encuentros. Buscamos que la estadía sea una experiencia más completa, que nuestros huéspedes se lleven algo más que el recuerdo de haber dormido acá”, cuenta Sandra mientras prepara el desayuno.
“A mí siempre me gustó atender, servir a la gente. Es algo que nos sale natural. Te tiene que salir brindarte; si es algo forzado, no sirve”, dice esta anfitriona que transmite pasión por lo que hace.
Un desayuno pensado a medida

“Consultamos a los huéspedes qué les gustaría desayunar al día siguiente y, en función de esas preferencias, realizamos los pedidos para que los productos lleguen frescos”, destaca Oscar.
Las propuestas son seis y para todos los gustos: Campero, Clásico, Light, Proteico, Saludable y Sin TACC. Hay opciones que van desde medialunas, panes caseros y ciabattas hasta yogur con frutas y granola, tostón con palta y huevo, waffles de avena o alternativas sin gluten.
“Muchos de los ingredientes provienen de productores de Mar del Plata y Sierra de los Padres, como las mermeladas, la miel y el dulce de leche. Una manera de convertir el desayuno en parte de la experiencia: personalizado, fresco y con sabores que también cuentan algo del lugar”, destaca Sandra.
Sandra remarca una y otra vez que cocinar y recibir es su forma de expresar afecto. Acá, la atención personalizada no responde a una estrategia comercial ni a una fórmula aprendida: nace de algo mucho más genuino, de hacer sentir al otro como en casa.
“La ambientación nunca es exactamente la misma”

“Si llega un grupo de amigas para celebrar un cumpleaños, el hotel se transforma para acompañar ese momento. Si se trata de un encuentro de golfistas, una reunión familiar o una escapada entre amigas, aparecen detalles pensados especialmente para ellos”, explica Sandra.
“Juegos de mesa, objetos decorativos, pequeños gestos y rincones preparados para compartir hacen que cada estadía tenga identidad propia. Esa flexibilidad es parte de la esencia de Posada Güemes: escuchar qué necesita cada huésped y construir una experiencia a medida”, concluye.

La recompensa de haberse animado
Años después de aquella decisión, Sandra y Oscar coinciden en algo: valió la pena. No solo encontraron la tranquilidad que estaban buscando; también descubrieron una maravillosa comunidad. Hoy reciben artistas, músicos, escritores, cocineros, viajeros y familias que terminan descubriendo mucho más que una posada: un pequeño universo de historias, sabores, arte y encuentros, donde siempre hay algo nuevo por descubrir y alguna buena razón para quedarse un rato más.
María Celina Lundin Amante de la escritura, esta periodista cuenta con más de 25 años de experiencia en comunicación. Le encanta viajar y descubrir nuevas culturas, historias y personajes maravillosos alrededor del mundo.



