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Inteligencia laboral: cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante

Claudina Kutnowski, autora de Inteligencia laboral, reflexiona sobre los cambios laborales, los mandatos de productividad, el impacto emocional del trabajo y cómo reinventarse profesionalmente en un contexto de transformación constante.


Inteligencia laboral: cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante

Inteligencia laboral: muchas mujeres tienen el desafío de rediseñar su trabajo con la llegada de un bebé. - Créditos: Getty



Inteligencia laboral, cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante (Paidós) propone una mirada profunda y actual sobre la forma en que pensamos el trabajo en contextos de cambio constante. 

En esta entrevista, su autora, Claudina Kutnowski, reflexiona sobre los mandatos de productividad, el impacto emocional de las decisiones laborales y los procesos de reinvención profesional. A partir de su experiencia clínica y del trabajo con personas en transición, plantea que repensar la vida laboral no es solo una cuestión de estrategia, sino también un proceso emocional que interpela la identidad, los vínculos y las formas de bienestar.

Inteligencia laboral: cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante

Inteligencia laboral: cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante - Créditos: Prensa

-¿Qué fue lo que más te llamó la atención en las consultas para sentir la necesidad de escribir este libro?

-Una de las vivencias más fuertes que traen las personas al consultar es la idea de que no le pasa a nadie más, que este problema o este malestar que sienten es inadecuado y que “está mal”. La frase cabecera es: “¿O sea que no estoy loca por querer renunciar?”. Durante 15 años vi esto y tranquilicé una a una a estas personas para que supieran que hay muchos otros en la misma situación. La idea de escribir un libro y blanquear de alguna forma este dolor silencioso fue una motivación muy alta. Sacar el problema del clóset.

-¿En qué momento entendiste que los cambios laborales son también procesos emocionales?

-Desde el minuto 1. En primer lugar, porque me pasó a mí misma. Porque enredado en decidir cómo seguir la vida laboral aparecía una mirada sobre mí acerca de quién soy, qué quiero, hacia dónde me dirijo, cuánto valgo, cómo me muestro, qué cuento de mí… Esto mismo lo vi repetido en todos los casos que me consultaron. Y te agrego: cómo me va a acompañar mi familia, qué hago con mis miedos, con mis mandatos, con mis ilusiones, a quién priorizo, cuál es mi relación con el dinero. En definitiva, es una revisión muy profunda que mide dónde estoy y dónde quiero estar (lo cual contempla qué resigno, con su consecuente duelo).

-En el libro decís que el trabajo es un vínculo afectivo imprescindible. ¿Por qué creés que muchas veces minimizamos el impacto emocional del trabajo?

-En primer lugar, hay algo social muy fuerte de que “por suerte tenés trabajo, no te quejes”. Además, el peso de los mandatos en la vida laboral es enorme: en las mujeres, que seamos independientes, y en los hombres, que escalen y crezcan económicamente. Suena vintage y representa estereotipos, pero tienen una vigencia que no deja de sorprenderme. En segundo lugar, casi todas las personas trabajan para generar ingresos y viven de eso. Cuestionar este aspecto es tocar todo un sostén que da —sensatamente— mucho miedo. No se minimiza, sino que se niega en un sentido defensivo. Esa negación te protege de la sensación de indefensión que da involucrarte con estas ideas. Al no poder pensar conscientemente esta posibilidad, no se puede hablar y puede terminar apareciendo en forma de síntoma.

-Muchas mujeres sienten que tienen que elegir entre carrera y bienestar. ¿Cómo aparece esto en la consulta?

-Muchísimo y con mucha culpa. Las ganas de cruzar intereses y búsquedas personales con la realización de las tareas laborales, la coherencia entre lo que sentimos y hacemos, el modelo de vida que perseguimos; si somos madres, la imagen que queremos proyectar en los hijos, la contribución a causas que consideramos válidas, la necesidad de un balance entre vida laboral y personal, el cuidado del cuerpo y la salud propia y la de nuestros afectos. Todo esto forma parte del bienestar y algunas carreras o trabajos tienen la flexibilidad de tiempos y de carga mental que permite conciliar todo este paquete, pero eso es poco común. Hay muchos estudios que muestran cómo las carreras están diseñadas para personas que se dediquen full time. Claudia Goldin, premio Nobel de Economía, tiene un libro muy interesante que se llama Carrera y familia, que aborda este tema y sostiene que la desigualdad de género en el trabajo no se explica por diferencias de habilidades, ambiciones o educación entre mujeres y hombres, sino por la estructura misma del mercado laboral, especialmente por la existencia de “trabajos voraces” (greedy jobs) que premian de manera desproporcionada la disponibilidad total, las largas horas y la flexibilidad unidireccional.

 

-¿Qué transformaciones laborales suele traer la maternidad?

-La maternidad te cambia todo, se da vuelta el mundo. En términos prácticos, esto demanda buscar flexibilidad de tiempos y espacios: home office o reducción horaria en las personas que se emplean. Las emprendedoras y profesionales independientes suelen planificar su propia licencia, reordenando sus proyectos con anticipación, armando equipos para delegar y ahorrando para tener margen económico. En términos emocionales, en mi experiencia es más determinante el segundo hijo que el primero. Un punto de quiebre es cuando se termina la licencia y hay que volver a trabajar: suele aparecer el deseo de renunciar en las mujeres que trabajan en relación de dependencia, que empiezan a pensar en el trabajo freelance o en el desarrollo de un emprendimiento.

-¿Seguimos muy atravesados por mandatos de productividad y éxito?

Sí, sí, sí, sí. Es muy difícil bajarse o correrse de trabajos o puestos exitosos porque es como ir contra la corriente. Da culpa y se siente mucha soledad, porque en contextos laborales tan difíciles como los que atravesamos se siente como un “desprecio” a los demás y a la propia historia de esfuerzo que te llevó hasta ese lugar. La idea de equivocarse o fallar da terror.
Mi propuesta es siempre definir qué es el éxito ahora y para vos.

-¿Qué culpa aparece cuando alguien quiere bajar un cambio o redefinir ambiciones?

-Es un poco lo anterior: te parece que despreciás el sacrificio, tuyo y de otros, que te llevó hasta el lugar que ocupás. Culpa con tu entorno, que ve que tenés opciones que se leen como privilegiadas. Culpa por salirse de la exigencia de la hiperproductividad y la hiperocupación. Casi siempre cualquier acción o actividad que no sea “para algo” se ve como pérdida de tiempo. La acusación y el temor clásico es: “nada me va a venir bien”.

-¿Notás más mujeres animándose a priorizar salud mental y calidad de vida?

-Si lo mido en el tiempo, creo que no. Antes de la explosión de las redes y los reels había un vínculo con los oficios, las manualidades, el cuerpo, la alimentación sana y la naturaleza que era más amable, menos tenso. Hoy todo eso aparece como imposición y, en esa misma acción, pierde su condición de bienestar. Si se pasa a la lista de lo que “tengo que hacer”, ataca la salud mental porque anula el hacer por el placer de hacer, porque me gusta, porque no importa el tiempo que le dedico, algo que es fundamental para nuestro aparato psíquico. Lo que veo es que hay un supuesto mayor permiso para esa búsqueda, pero que las condiciones en las cuales esto sucede, con tanta exigencia, impiden al mismo tiempo el efecto que persigue.

-¿Cuál es el error más común cuando alguien quiere reinventarse laboralmente?

-Querer hacerlo a solas, no pedir ayuda profesional. Es un cambio que necesita una mirada externa ajena a la persona que permita tener perspectiva y acompañamiento: un interlocutor válido que apoye emocional y operativamente.
No aprender del error, no tomarlo como fuente de información sino como fuente de juicio.

-¿Por qué fracasan tantas transiciones?

-Por esa misma razón: porque no fueron pensadas, planificadas y medidas para atenuar cualquier tipo de impacto, emocional y económico. Hay muchas variables a tener en cuenta antes de hacer un cambio: cuál es nuestro capital productivo, qué vida queremos que ese trabajo acompañe, con qué recursos contamos, cuánto dinero necesitamos ganar por mes, dónde y con quién hacer esa búsqueda, cómo armar un CV acorde, qué contactos valiosos nos pueden ayudar. Si es armar un emprendimiento, qué aspectos clave hay que considerar además de lo productivo: lo estratégico, lo financiero, lo comunicacional, lo comercial, etc. Si nos asociamos con alguien, considerar las condiciones y el por qué de esa vinculación: ¿somos complementarias?, ¿sumamos saberes?, ¿compartimos objetivos? Hay que entender y conocer muchos aspectos antes de hacer el cambio. Una vez hecho, es difícil corregir si hay errores de base.

-¿Qué pasa con las personas de +40 o +50 que sienten que deben reinventarse?

-Es un gran desafío de creatividad y flexibilidad, y también hay un duelo por lo que deja de ser. Además, no hay que perder de vista que hay cambios voluntarios y cambios involuntarios. Cuando hablamos de una búsqueda personal, todo es menos costoso en términos emocionales porque hay un objetivo personal de cambio; hay momentos de recompensa muy rápidamente y eso hace que la tolerancia ante situaciones frustrantes sea mucho más alta. Hay ilusión, expectativas, un reposicionamiento y revalorización de la historia laboral previa. Muy distinto es cuando el cambio no es ni deseado ni buscado. En ese caso hay que procesar lo que ya no es, procesar la ilusión que ese rol laboral proyectaba hacia el futuro y, al mismo tiempo, tomar decisiones en un escenario donde una alternativa cada vez más frecuente es que ese trabajo que se deja ya desaparezca en el mercado laboral por efecto del avance tecnológico. Es muy difícil si es alrededor de los 50 porque coincide con otros duelos de la vida: menopausia y andropausia, nido vacío, pérdida de los padres. En paralelo, hay mucha vitalidad y recorridos profesionales ricos, más tiempo disponible, más conocimientos y mucho desarrollo personal. Sin dudas, con apoyo profesional se pueden construir alternativas interesantes y satisfactorias.

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