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Cambios corporales en la menopausia: lo que sí funciona para estar saludable

Por qué los abdominales no reducen la panza en la menopausia y cuáles son las estrategias que sí ayudan a transformar la composición corporal de forma efectiva.


Entrenar con pesas: estos beneficios tiene para la mujer.

Entrenar con pesas: estos beneficios tiene para la mujer. - Créditos: Getty



Hay algo que aparece mucho en consulta, que veo en redes, que escucho en charlas entre amigas: “Estoy haciendo abdominales todos los días… pero la panza no baja”.

Y, obviamente, lo que aparece enseguida es la frustración.
Sentís que estás haciendo “lo correcto”.
Que le estás poniendo voluntad.
Que lo estás intentando.
Pero no pasa nada.
O, peor: pasa algo, pero no en la dirección que esperabas.

Y entonces aparece la idea más peligrosa de todas:
“Tengo que hacer más”.

Más abdominales.
Más exigencia.
Más control.
Más castigo.

Pero no.
No es por ahí.

El error: pensar la panza como un problema aislado

Nos enseñaron a mirar el cuerpo por partes.
La panza.
Las piernas.
Los brazos.

Y a creer que cada parte se “arregla” localmente.
Pero el cuerpo no funciona así.
Menos en perimenopausia y menopausia.

En esta etapa hay cambios hormonales reales que impactan en cómo y dónde el cuerpo acumula grasa. Hay una redistribución. Hay pérdida de masa muscular. Hay más sensibilidad al estrés.

No es falta de esfuerzo.
Es biología.

Y cuando respondemos con estrategias viejas a un cuerpo que cambió, lo único que hacemos es frustrarnos.

La panza no se baja, se transforma

Este es el cambio de paradigma.
No se trata de atacar una zona.
Se trata de entender qué necesita el cuerpo hoy.

Porque lo que transforma la composición corporal en esta etapa no es el castigo.
Es la estrategia.

Y hay tres pilares que marcan la diferencia:

1. Entrenar fuerza (aunque no te encante)

Mujeres +40: por qué es importante levantar pesas.

Mujeres +40: por qué es importante levantar pesas. - Créditos: Getty

No para “marcar abdominales”.
Para algo mucho más importante: sostener y construir masa muscular.

El músculo es metabólicamente activo.
Es lo que hace que tu cuerpo funcione mejor.

Sin estímulo de fuerza, el músculo disminuye.
Y, cuando eso pasa, el cuerpo cambia.

No es estética.
Es funcionamiento.

No se trata de amar el gimnasio, sino de entender el propósito.
A veces son 10 minutos.
A veces es básico.
Pero es clave.

2. Comer proteína suficiente

Este punto está completamente subestimado.

Muchas mujeres comen “liviano”… y muchas veces eso no es suficiente.
Y el cuerpo no puede sostener músculo si no tiene con qué.

La proteína no es un detalle.
Es estructura.

Es lo que permite que ese entrenamiento tenga efecto.
Es lo que ayuda a regular el apetito.
Es lo que sostiene la energía.

No se trata de una dieta más.
Se trata de nutrirte de verdad.

3. Dormir mejor (aunque no sea perfecto)

Dormir mal impacta directamente en:

– el hambre
– el estrés
– la regulación hormonal
– la acumulación de grasa abdominal

No es solo cansancio.
Es biología, otra vez.

Y no, no siempre se resuelve “durmiendo más”.
A veces se trata de dormir mejor.

Bajar estímulos.
Regular horarios.
Soltar un poco el día antes de acostarte.

No todo se resuelve haciendo más; a veces se ordena escuchando mejor.

El giro que lo cambia todo

La mayoría de las mujeres no necesita más esfuerzo.
Necesita dejar de insistir con lo que no funciona.

Porque el problema no es la panza.
Es la forma en la que estamos intentando cambiarla.

No es resignarte

Este punto es clave.
Aceptar que el cuerpo cambia no es rendirse.

Es dejar de pelearte con la realidad para empezar a trabajar con ella.

No es bajar los brazos.
Es cambiar la estrategia.

Es pasar de:
“¿Cómo hago para eliminar esto?” a “¿Qué necesita mi cuerpo hoy para funcionar mejor?”

Una pregunta para llevarte

En vez de preguntarte si hiciste abdominales hoy, probá con esto:

¿Estoy haciendo algo que realmente ayude a mi cuerpo… o solo estoy repitiendo lo que se suponía que debería funcionar?

Esa pregunta, bien respondida, cambia todo.

Porque tal vez no se trata de hacer más.
Se trata de hacer mejor.

Y, sobre todo, de actuar en coherencia con el cuerpo que tenés hoy.

No con el de hace 10 años.
No con el de Instagram.
No con el ideal.

Con el tuyo.

Ahí empieza el cambio real.

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