Para muchos, el café es un ritual sagrado y muy arraigado a la rutina diaria. Lo tomamos para empezar el día y, muchas veces, para atravesar jornadas intensas.
Pero ¿qué pasa cuando se convierte en una herramienta para seguir funcionando a pesar del estrés? El Dr. Sebastián La Rosa, especialista en longevidad, invita a mirar más allá de esa sensación de energía inmediata, observar el contexto en el que lo consumimos. Desde qué lugar lo estamos tomando, ¿estamos buscando compensar cansancio o lo hacemos desde un deseo genuino? Y entender que esto influye en el metabolismo de nuestro cuerpo.
¿Qué pasa con el cortisol?
Cuando atravesamos una situación de estrés, nuestro cuerpo activa mecanismos que nos preparan para responder ante una amenaza o una exigencia. En ese proceso interviene el cortisol, una hormona que cumple funciones esenciales, entre ellas movilizar recursos energéticos.
“Los altos niveles de estrés aumentan una hormona llamada cortisol, cuya función real es activar mecanismos que son meramente pensados de supervivencia”.
Dr. Sebastián La Rosa
Uno de sus efectos es elevar la disponibilidad de glucosa en sangre a partir de las reservas de hidratos de carbono. Se trata de una respuesta fisiológica que resulta útil en determinados momentos. Sin embargo, cuando el estado de alerta se sostiene en el tiempo, el organismo puede verse sometido a una exigencia constante. El cortisol no es una hormona negativa por naturaleza: el problema aparece cuando la respuesta al estrés deja de ser puntual y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana.
Cuando el café tapa el cansancio
La cafeína actúa sobre el sistema nervioso central y bloquea temporalmente la acción de la adenosina, una molécula relacionada con la sensación de cansancio. Por eso, después de tomar café, podemos sentirnos más despiertos y concentrados. Pero esa percepción no significa que el cuerpo haya recuperado su energía.
En otras palabras, el café puede modificar cómo sentimos la fatiga, sin resolver necesariamente aquello que la está provocando. En una entrevista, La Rosa también planteó que la cafeína podía generar una especie de “deuda energética” cuando se utilizaba para ocultar el cansancio.
La advertencia del especialista apunta especialmente a quienes recurren a varias tazas durante jornadas exigentes, como una manera de mantenerse activos a pesar de la tensión acumulada.

“Si recurrís al café para seguir funcionando cuando estás estresado, sentirte más activo no significa que hayas resuelto ese estrés”.
Dr. Sebastián La Rosa

Estrés, metabolismo y quema de grasa
En su explicación, La Rosa también relaciona el estado de alerta sostenido con la utilización de las reservas energéticas del cuerpo. Según su planteo, cuando el organismo moviliza constantemente glucosa para responder a situaciones de estrés, puede resultar más difícil favorecer los procesos metabólicos asociados con el uso de grasa como fuente de energía.
“Normalmente quemamos grasa cuando estamos tranquilos, tenemos baja actividad simpática y tenemos baja inflamación”.
Sebastián La Rosa
Esta relación, sin embargo, no debe interpretarse como una regla absoluta: el metabolismo depende de múltiples factores, entre ellos la alimentación, el movimiento, el descanso y el balance energético. El café, por sí solo, no determina si una persona quema o acumula grasa. La reflexión del especialista invita, más bien, a observar el contexto en el que consumimos cafeína y qué buscamos compensar con ella.
¿Qué hay detrás de la necesidad de tomar café?
Más que demonizar una bebida que forma parte de nuestra cultura, la propuesta es revisar nuestros hábitos. ¿Tomamos café porque disfrutamos de su sabor o porque sentimos que sin él no podemos atravesar el día? ¿Estamos descansando lo suficiente? ¿Tenemos momentos para bajar el ritmo?
La Rosa también destaca la importancia de trabajar sobre los hábitos que ayudan a regular la respuesta al estrés, como el descanso, la actividad física y las herramientas de relajación. Quizás la pregunta no sea cuántas tazas de café necesitamos para seguir adelante, sino qué nos está llevando a sentir que necesitamos ese estímulo constantemente.
