Coincidir con alguien depende de un golpe de suerte, pero además conectar es casi un acto revolucionario en estos tiempos.
Ethan Hawke lo dice en Antes del Atardecer: “Cuando sos joven creés que va a haber muchas personas con las que vas a conectar. Más adelante en la vida te das cuenta de que eso pasa solo unas pocas veces”.
Cuando crecemos empezamos a valorar eso que dábamos por normal, por lógico, por obvio. Eso que construimos a fuerza de miles de horas de catarsis, de tener temas de conversación inagotables, de sostenernos las manos frente a la incertidumbre.
Caemos en la cuenta de la verdad que hay en esos vínculos. Una verdad que sólo se podría explicar por motivos casi mágicos. Esa chispa que aparece cuando no hay que explicar los chistes, cuando no hay que rellenar los silencios y cuando la agenda tiene siempre lugar para un plan improvisado.
Los encuentros con amigas terminan con la necesidad de repetir pronto, de vernos más seguido. Y me encanta pensar que mientras esos encuentros sean necesarios, nunca van a ser suficientes.
Pero de pronto una se convierte en madre y la soledad se siente en carne viva.
¿Qué nos pasó? ¿Qué cambió? Habrá quienes piensen que era un error creer que nada cambiaría.
Por más que te esfuerces en no ser monotemática, en seguir teniendo disponibilidad para los planes o en responder mensajes a tiempo, la maternidad es una etapa vital que reorganiza lo que hasta ese momento supo ser tu mundo.
Y aunque podamos vivir la maternidad como un período de desencuentro con las de toda la vida, esa misma etapa también nos regala muchas otras nuevas amigas. Amistades que no esperabas a esa altura de tu vida, que te dan una mano en la crianza, que te sostienen, que te permiten ser vulnerable y sirven de apoyo al mismo tiempo. Mujeres con las que aparece la complicidad para validar emociones y compartir el camino.
Entonces, cuando pasa la vorágine de los primeros años, te das cuenta de que la maternidad fue un multiplicador de amistades. Que las de toda la vida siguen ahí, que nunca se fueron, y que ahora tenés que hacer lugar para las nuevas que, aunque sean fruto de una etapa, llegaron para quedarse y sostener.
Pilar Fortes Pilar Fortes es médica pediatra especialista en terapia intensiva del Hospital Garrahan.
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