
Mujeres en la ciencia: cómo se construyen las vocaciones y qué rol tienen la educación y el entorno
La especialista Valeria Abusamra, directora de la Licenciatura en Ciencias del Comportamiento del ITBA, explica por qué las vocaciones científicas se construyen desde la infancia y qué condiciones son clave para despertarlas y sostenerlas en el tiempo.
26 de marzo de 2026 • 11:52

Mujeres en la ciencia: cómo se construyen las vocaciones y qué rol tienen la educación y el entorno - Créditos: Getty
Las vocaciones científicas no aparecen de un día para el otro ni empiezan recién en la universidad. Mucho antes de elegir una carrera, hay un recorrido silencioso que se va armando a partir de experiencias cotidianas: una pregunta que encuentra respuesta, una clase que despierta curiosidad, un problema que invita a pensar un poco más.
Según explica la especialista Valeria Abusamra, directora de la Licenciatura en Ciencias del Comportamiento del ITBA, “las vocaciones no dependen únicamente del talento individual, sino que se construyen en interacción con los entornos educativos, las oportunidades disponibles y las experiencias a lo largo de la trayectoria”.
Mucho antes de la universidad
El interés por la ciencia se forma en un entramado donde intervienen habilidades cognitivas, experiencias educativas, contexto social y referentes. Cuando ese entorno ofrece diversidad de modelos —especialmente de mujeres en la ciencia—, los horizontes se amplían y empiezan a desarmarse estereotipos que durante años limitaron ciertas elecciones.
En ese sentido, no se trata solo de despertar curiosidad, sino de sostenerla en el tiempo. Y para eso hacen falta condiciones concretas: acceso a educación de calidad, estímulos adecuados y espacios donde esa curiosidad sea tomada en serio.
Las habilidades que sostienen el interés
Aprender ciencia no implica únicamente incorporar contenidos. Supone desarrollar capacidades como la atención sostenida, la comprensión de textos complejos, el razonamiento lógico y la formulación de hipótesis. También requiere tolerar la frustración y la incertidumbre, dos aspectos centrales en cualquier proceso de investigación.
“Fomentar estas habilidades desde edades tempranas —y hacerlo sin sesgos— es clave para que más jóvenes puedan verse a sí mismas en estos campos”, señala Abusamra.
La paradoja de la era digital
En un contexto donde el acceso a la información es inmediato y constante, aparece un desafío: cada vez resulta más difícil sostener la concentración y el pensamiento profundo que la ciencia requiere.
La sobreestimulación, la fragmentación de la atención y el predominio de consumos rápidos generan un entorno poco favorable para procesos como la lectura en profundidad o el seguimiento de razonamientos complejos.
Esto tiene consecuencias concretas. Cuando estas habilidades no se desarrollan, pueden aparecer dificultades académicas que muchas veces se traducen en una idea limitante: “esto no es para mí”.
Educación y equidad: una relación clave
El impacto no es igual para todos. Las brechas educativas y la falta de referentes afectan especialmente a quienes tienen menos oportunidades. La historia de las mujeres en la ciencia lo evidencia: durante mucho tiempo, no solo estuvo restringido el acceso, sino también la posibilidad de imaginarse en esos espacios.
Por eso, ampliar las vocaciones científicas implica mucho más que incentivar el interés. Requiere construir condiciones educativas, cognitivas y culturales que permitan sostener ese interés en el tiempo.
El aporte de las Ciencias del Comportamiento
Desde este campo, se estudia cómo las personas aprenden, qué factores influyen en sus decisiones y de qué manera se pueden diseñar entornos más efectivos e inclusivos.
“La investigación aplicada a la educación permite mejorar las prácticas pedagógicas y generar mejores condiciones de aprendizaje”, explica Abusamra. También destaca la importancia de contar con producción de conocimiento local, que permita adaptar estas estrategias a cada contexto.
El valor de los referentes y la divulgación
La docencia y la divulgación científica cumplen un rol clave: acercan la ciencia, la hacen comprensible y la conectan con la vida cotidiana. En esos espacios aparecen modelos posibles, trayectorias diversas y nuevas preguntas.
Y esas preguntas —muchas veces— son el inicio de algo más.
Un proceso que empieza antes de elegir
Pensar en más científicos y científicas implica, en realidad, mirar mucho antes del momento de decidir una carrera. Implica preguntarse qué oportunidades tienen las personas para descubrir ese interés, cómo se acompaña ese proceso y qué condiciones hacen posible sostenerlo.
Porque antes de elegir la ciencia como camino, alguien tuvo que encontrar, en algún momento, el espacio para hacerse una pregunta y el tiempo para intentar responderla. Ahí, en ese primer gesto, empieza todo.
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