Mundial 2026: el valor emocional de entrar en modo hincha

En tiempos marcados por la productividad y las exigencias constantes, el Mundial ofrece una oportunidad para conectar con otros, emocionarnos colectivamente y recuperar el valor de la pertenencia.

Por Florencia Belitrand

8 de junio de 2026, 15:38

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Mundial 2026: el valor emocional de entrar en modo hincha - Gentileza

No hace falta aclararlo, vivimos expuestas a miles de mandatos. Basta abrir el teléfono para ver videos, consejos, herramientas, todo para cumplir y ser siempre nuestra versión optimizada. Comer lo mejor posible, vernos lo mejor posible, amarnos a nosotras y a los demás y todo hacerlo desde la felicidad y sin que suponga ningún esfuerzo. Las tecnologías y los algoritmos, que nos abren puertas y nos hipercomunican, también nos atrapan para que estemos siempre haciendo, incluso en el disfrute. Porque hay que tener hobbies, pero, al mismo tiempo, hay que ser buena haciéndolos. No basta con ir a cerámica una vez por semana, también podemos ver hasta el cansancio reels con ideas, inspiraciones técnicas y..., ¿por qué no?, ser uno de esos casos que convierten su hobbie en un negocio y empezar a vender las piezas.

En tiempos en los que la demanda pareciera ser producir y en los que todo se monetiza, incluso los pasatiempos, ¿hay algo que nos viene bien de entrar en el modo hincha? ¿Es un acto revolucionario? ¿Habrá ahí tal vez una suspensión de las exigencias por un rato en el que todo se reduce a que la pelota entre en el arco?

Efecto mundial

Se acerca la Copa del Mundo 2026, emocionarse es casi inevitable. Todavía están frescos los festejos de 2022, ese día en el que salimos campeones y todo fue felicidad. Festejamos, sufrimos, recurrimos a las cábalas, le cantamos a la abuela la la la, nos preocupamos por los campeones insolados en un micro en el medio de los festejos. Lo vivimos con una intensidad casi furiosa. Claro que están los hinchas de todas las semanas, los que siguen a su club y para quienes la pasión futbolera forma parte de su modo de vivir, pero cuando llega el Mundial, ese sentimiento nos alcanza a —casi— todos. En el modo hincha pasan muchas cosas, sobre todo, se suspende por un rato la exigencia individual para dejarse sorprender por algo mágico y colectivo. ¿Qué podemos aprender de eso?

Encontrarse con los afectos

Frente a las exigencias desmedidas del día a día, a veces sostener los afectos no es una tarea fácil. La falsa ilusión de cercanía que nos dan las redes sociales puede contribuir a confundir un mensaje con una conexión real. En el contexto del modo hincha, eso cambia. Juntarse a ver cada partido es un ritual que necesariamente nos conecta. Elegimos con quiénes lo hacemos, nos predisponemos a compartir un momento emocionante, nos mostrarnos vulnerables frente a otros, entonces todo adquiere un sentido que no siempre les damos a los encuentros. Para Débora Majul, licenciada en Psicología, existe una explicación para esto: “Hay algo muy potente en la experiencia de ser hincha, que vale la pena pensar en un contexto social hoy fuertemente atravesado por la lógica de la hiperproductividad. Me parece que habilita otra temporalidad, otra forma de estar con otros, un espacio donde el valor no está puesto en producir ni en rendir, sino en compartir, en sostener una pertenencia, en habitar algo de lo incierto. Ahí aparece la dimensión colectiva como algo significativo”.

Entregarse a la magia

Otra de las exigencias de hoy en día es la de estar en control. Sabemos que nos enfrentamos todo el tiempo a imponderables, pero tratamos de estar afiladas e ir previendo qué es lo que puede salir mal y tratando de que nada nos sorprenda. Sin embargo, uno de los fenómenos del Mundial pasado fueron las “brujas” de redes sociales que les limpiaban la energía a los jugadores y congelaban a los rivales. A eso se suman los más clásicos cabuleros, la camiseta que no se cambia ni se lava, los menúes y las ubicaciones frente al televisor que se mantienen.

“El hincha no controla el resultado, no puede optimizar lo que sucede en un partido, pero se entrega como a una experiencia afectiva, a lo corporal, a lo simbólico, que tiene un lugar central para ese momento”, explica la Lic. Majul. “Las cábalas, esas promesas, esos rituales, lejos de pensarse como algo irracional, se pueden leer como una forma de tramitar esa incertidumbre”.

No es una cosa u otra

No se trata de dos mundos opuestos: el de la productividad y el pensamiento crítico versus una irracionalidad total. El filósofo (e hincha de Boca) Federico Penelas, pone como ejemplo claro las discusiones entre hinchas: “Puede ser muy acalorada, puede ser muy apasionada, pero es muy argumentada también. La vivencia del hincha es la vivencia de la argumentación”. Podemos pensar el modo hincha en un solo sentido, pero Penelas aclara: “La experiencia del hincha es una experiencia variopinta que tiene que ver, además, con el vínculo familiar, con el vínculo con un barrio y, eventualmente, con el vínculo con un país”. Sin lugar a dudas, en tiempos en los que los algoritmos nos dan de comer dopamina constante y la frustración es un mal de época, entregarse a ser hincha tiene muchos aspectos de los que podemos beneficiarnos para escapar, aunque sea por un rato, de las exigencias a las que el mundo contemporáneo nos somete.

“Ser hincha es buscar un lugar donde compartir un sentimiento, un sueño, una historia”

MINIBíO: KARINA MEDINA, INTEGRANTE DE @HINCHAS.ARGENTINOS, UNA PLATAFORMA QUE REÚNE A FANS.

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KARINA MEDINA, INTEGRANTE DE @HINCHAS.ARGENTINOS, UNA PLATAFORMA QUE REÚNE A FANS. - Gentileza

Para Karina Medina, la historia como hincha de la Selección no es nueva. Nació a sus ocho años, frente al televisor, viendo el Mundial de 1986. De esa época llegan los recuerdos de la familia saliendo a gritar los goles a la calle, de Maradona, del gol a los ingleses (con una significación especial porque su hermano es excombatiente). Y entre los recuerdos aparece el de los pocos hinchas argentinos que estaban en la tribuna y el nacimiento de un sueño: “yo quiero estar ahí”. Por muchos años, el sueño quedó en eso.

Pero en 2014, lo que parecía imposible se volvió posible: en una mejor posición económica y con el Mundial sucediendo en Brasil, se dio el empujón que necesitaba. Entonces, Karina arrastró a su hermano a ese sueño y así siguió, hasta hoy. Entre sus viajes, se cuentan las Copas del Mundo, la Copa América, la Finalissima y varios partidos de eliminatorias. La locura y la pasión, lejos de parar, se profundizaron. Karina forma parte de Hinchas Argentinos (@hinchas.argentinos) y se ocupa de buscar info para difundir, compartir en grupos y en el programa La Termoneta, que brinda información a los hinchas para acompañar a la Selección alentando donde se pueda. Obviamente, todo eso culminó en el Mundial de Qatar 2022 y finalmente acompañar a la Selección en su consagración. “Fue una experiencia inédita. En un país tan lejano, que tal vez nunca hubiera conocido si no era por el Mundial, con una cultura muy diferente, todos los obstáculos que tuve que pasar, la verdad es que todo valió la pena y volvimos campeones. Sueño cumplido. Más no se podía pedir”, dice.

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¿Y qué pasa una vez que ya se cumplió un sueño? “Cumplir el sueño me transformó en el sentido de que, como nos pasó a muchos, tenés que buscar otro sueño, un camino nuevo que transitar”, cuenta Karina. “Fue verme niña otra vez sentada frente a la TV como en el 86 y decir ‘lo logré’. En el contexto de una familia humilde y tan futbolera... Tengo 5 hermanos varones mayores a los que iba a ver jugar a los potreros de la mano de mi papá, todo para mí fue de película”.

Pero los sueños se renuevan y este año, obviamente, vuelve a viajar. En la previa, todo es ansiedad: por conseguir entradas, ver el alojamiento, buscar vuelos, todo en modo low cost. Y esta vez el motor es que, en principio, sería el último Mundial de Messi, la ilusión de repetir la copa y todo lo que genera en comunidad.

“Es muy lindo el clima que se vive en un Mundial entre los hinchas, si viajás solo, en el camino te llevás amigos, quien te da una mano cuando lo necesitás, así sea un lugar para dormir, un traslado juntos a los partidos o banderazos, etc. Creo que estando juntos sacamos lo mejor de nosotros para que todo sea alegría. Y con los hinchas de otros países también hay buena onda”. Además, nos comparte: “En estos espacios aparecen personas, historias, que tal vez en otras circunstancias no hubieras conocido. Te abrazás o compartís una pasión con alguien que puede ser muy diferente a vos, con otra historia, con otros orígenes sociales, con otras vidas”.

“Somos hinchas de los viajes, de los desafíos,  de las cosas difíciles. somos hinchas de la vida”

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 Lucas Ledezma, Matías Villarrual Vercesi, Leandro Blanco Pighi y Silvio Gatti son amigos e integrantes de @todoapedal. juntos viajarán al mundial en bicicleta. - Gentileza

MINIBíO: Lucas Ledezma, Matías Villarrual Vercesi, Leandro Blanco Pighi y Silvio Gatti son amigos e integrantes de @todoapedal. juntos viajarán al mundial en bicicleta.

Cuatro amigos en bicicleta se proponen llegar en menos de 46 días desde Córdoba hasta Kansas City, Estados Unidos, para alentar a la Selección Nacional. ¿Suena a una locura? Bueno, tal vez no parece tanto si consideramos que en 2022 ya fueron a la Copa del Mundo en Qatar pedaleando.

Esta idea de ir a los Mundiales en bicicleta a alentar a la selección argentina surge de Lucas Ledezma, el capitán del equipo de Todo a Pedal (@todoapedal). Él fue el que empezó con toda esta locura y fue al Mundial de Brasil 2014 y después al de Rusia 2018. El equipo se terminó de conformar con Matías Villarruel Vercesi, Leandro Blanco Pighi y Silvio Gatti para ir al Mundial de Qatar 2022 y ahora, nuevamente, con toda la ilusión antes de salir este 2026. “Somos de esas personas que, si se quedan quietas, se marchitan. Nos gusta el movimiento, nos gusta ir tras desafíos cada vez más grandes, nos gusta alcanzar las cimas de la vida, nos gusta soñar y cumplir. Somos hinchas 100% de la aventura y de ir tras esas cosas que, al principio, cuando las nombrás por primera vez, suenan imposibles, pero después sabés que, paso a paso, las podés conseguir”, comentan.

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“La recepción de la gente local, a medida que vamos avanzando, es tremenda”, cuenta Lucas. “A mí no deja de sorprenderme la infinita generosidad del humano, de las personas. Hay un montón de prejuicios en torno a ciertos territorios, ciertos países, y la verdad es que, una vez que estás viajando en ese lugar, la gente te demuestra que somos todos iguales, que todos tenemos los mismos deseos, las mismas ganas de compartir, de ser felices, de mostrarnos tal y como somos”.

El esfuerzo no lo hacen solo los cuatro que se encuentran frente al manubrio. Familia, amigos, parejas, todos hacen fuerza y constituyen un grupo de gente apoyando algo que pareciera una locura, pero que para ellos es la manera más cuerda que se los ocurre para habitar la vida y llenarla de contenido.

“La verdad es que cada viaje deja muchísimas enseñanzas, no solo cada viaje, sino cada ciudad, cada pueblo, cada lugar que visitamos, el contacto cultural, el intercambio, el conocer otras formas de vivir, la generosidad de la gente, poder palpar todo eso en ruta y más haciéndolo en bicicleta, que cada metro avanzado es tracción a sangre con mucho esfuerzo y con mucho corazón, a un ritmo que te permite ver absolutamente todo lo que pasa a tu alrededor; nos llena de enseñanzas, de aprendizajes. Siempre decimos que somos una persona cuando salimos y otra totalmente diferente, evolucionada, crecida, cuando regresamos después de travesías de esta índole”, señala Lucas.

“En los Mundiales sale lo más lindo: el hacer comunidad, compartir, prepararse, esforzarse”

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 Juana y Dante son hermanos y crearon @rumboalmundial.ar, un proyecto de venta de llaveros con el propósito de poder viajar al mundial. - Gentileza

Minibío: Juana y Dante son hermanos y crearon @rumboalmundial.ar, un proyecto de venta de llaveros con el propósito de poder viajar al mundial.

Juana y Dante se quedaron con ganas de ir al Mundial pasado. Lo disfrutaron mucho, lo vivieron con su papá, Pato, a quien le gusta mucho el fútbol, y también con su mamá, que es más de solo seguir los Mundiales. Tampoco faltaron los festejos con los vecinos, y así empezó a gestarse esta idea. Los chicos dicen que se quedaron con ganas de estar ahí y por eso, hace menos de un año, les plantearon a sus papás que querían viajar.

La respuesta que recibieron fue realista pero alentadora: viajar es muy caro, pero vino acompañado de una contrapropuesta. Como su mamá tiene un emprendimiento de impresiones 3D y ellos saben usar las máquinas, les propusieron hacer y vender llaveros. Así empezó todo. Armaron unos modelos, abrieron una cuenta de Instagram, @rumboalmundial.ar, y subieron un primer video que, para su sorpresa, rápidamente se viralizó.

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La realidad los sorprendió; como el primer video fue viral, mucha gente empezó a querer comprar y la logística fue armándose de a poco. Responder mensajes, gestionar ventas, despachar: cada uno en la familia fue tomando un rol. Desde que arrancaron las clases, los chicos volvieron a sus rutinas y actividades y se encargan de los videos diarios. Para eso se reúnen, intercambian ideas, se ocupan de armarlo, grabarlo y editarlo. “Los papás nos ocupamos de todo el resto: gestión, impresión, pedidos y repartos”, cuenta Pato, y resalta: “Creo que el aprendizaje más grande para ellos es que, sin darse cuenta, a su modo y jugando, están aprendiendo a llevar un proyecto adelante. Están viendo todo el esfuerzo que implica tener un emprendimiento. Están aprendiendo el valor del dinero, del trabajo y del esfuerzo. A manejar la frustración, pero también a alegrarse por los logros. Entre todos, en unos meses montamos una miniempresa. Con todo lo que eso implica. Y creo que es un aprendizaje para toda la vida”.

Así fue como una historia que empezó sin muchas expectativas terminó dando resultados sorprendentes: la gente que los sigue quiere que los chicos cumplan su sueño de un modo hermoso y desinteresado. “Es una de las cosas hermosas que tenemos los argentinos —agrega Pato—, es ese mismo sentimiento que se tenía en la calle después de cada partido cuando salíamos a festejar con desconocidos porque habíamos ganado”.

El sueño está cercano a cumplirse. Los chicos ya tienen los pasajes y las entradas para un partido de Argentina. “Nosotros, como padres, no podemos pedir más —comenta Pato—. Estamos orgullosos de ellos”.

“Ser hincha es encontrar dónde poner la pasión que uno siente por algo”

Minibío: Juliana Yantorno diseñó la estampita del “Messi nuestro” en honor a thomi, su marido.

La historia de Juliana se hizo viral después de la Copa del Mundo de 2022, cuando, gracias a Andy Kusnetzoff, le hizo llegar a Lionel Messi una estampita que había hecho junto con su pareja, Thomás, para el mundial de Rusia 2018. Y ahí cumplió un sueño que no solo era propio.

Juliana es diseñadora, entonces, cuando a Thomás se le ocurrió el Messi Nuestro, no dudó en pedirle que le diseñara la estampita. Su plan era llegar a Rusia para repartirlas allá: con todo cerrado, imprimió 10 mil y se las llevó al Mundial. Ese año, con el fin de la participación de la Selección, se terminó el tema de las estampitas y volvieron a la realidad. A los meses del Mundial, Thomás le propuso casamiento; en febrero de 2020 se casaron y en noviembre se enteraron de que Juliana estaba embarazada de Aureliano. Ese mismo año, en diciembre, Thomás falleció en un accidente. Para Juliana, el bebé en camino y la compañía de su familia fueron la manera de sobrellevar ese momento tan difícil.

Los preparativos para el Mundial de Qatar 2022 fueron muy emocionantes y la experiencia de ver todos los partidos con Aureliano también: “Thomi falleció a fines de 2020, con lo cual íbamos dos años de duelo; el principio del duelo, cuando perdés a alguien, es muy doloroso, muy triste”, y al mismo tiempo, eso se contrarrestó con la alegría por la victoria de Argentina.

En ese contexto, la estampita se resignificó. Hasta que un día, Juliana se enteró de que alguien la estaba vendiendo. Lo que más le molestó fue que le habían borrado el nombre de Thomi; no se trataba de comercializarla, se trataba de su memoria. Entonces, escribió una carta contando su historia y se la acercó al programa Perros de la calle antes de la final. Lo que no se imaginó era lo que iba a pasar: lo que escribió fue tan conmovedor que Andy se comprometió a hacérsela llegar a Messi. Pero no solo cumplió su promesa, la sorprendió en vivo con un llamado al capitán de la Selección, una charla mano a mano súper conmovedora que fue viral.

Para ella, este sueño cumplido fue una posibilidad de conectarse con Thomás y su historia de amor desde un nuevo lugar: “Siento que, a partir de lo de la estampita, fue como un nuevo capítulo del duelo, un capítulo donde me encontré muy acompañada por mucha gente, donde recibí abrazos y palabras de amor de muchísimas personas”, comenta Juli. Además, esta vez el sueño también está atravesando a Aureliano.

“Este Mundial es el segundo sin Thomi, pero por ahora no lo pensé mucho desde ese lugar, sí lo pensé más como que Aure ahora es más grande, tiene cuatro años y medio, la estampita va a estar presente, entonces va a ser un momento en el que Aure va a poder conectarse de la forma que a él le salga”. Y agrega: “La historia de la estampita va a ayudar a Aure a conocer a su papá... Esta historia que fue una historia enorme, que se hizo muy, muy grande y llegó a muchísima gente..., gracias a eso hay un registro audiovisual, y también un montón de otras historias que tienen sus amigos, anécdotas que tenemos en la familia, que las vamos a charlar con él”.

Expertos consultados: Federico Penelas Filósofo y profesor de Filosofía.

Débora Majul. Lic. en Psicología. Becaria doctoral de Conicet.