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San Valentín: cuando el amor existe, pero las conversaciones no llegan a darse a tiempo

El amor puede estar, pero sin diálogo se desorienta. En este San Valentín, la psicóloga y Máster Coach Yamila Martorell explica cómo las conversaciones pendientes impactan en los vínculos.


pareja hablando

San Valentín: cuando el amor existe, pero las conversaciones no llegan a darse a tiempo - Créditos: Getty



“No se puede vivir del amor, las deudas no se pueden pagar con amor”, cantaba Andrés Calamaro en los 90. Hoy, esa frase resuena con más fuerza que nunca: el amor, por sí solo, no alcanza para sostener la vida cotidiana. No porque falte sentimiento, sino porque las relaciones se construyen en contextos exigentes, con agendas llenas, cansancio acumulado y una sobrecarga emocional que pocas veces se nombra.

En este San Valentín, tal vez la pregunta no sea cuánto amor hay, sino qué está pasando con los proyectos, las conversaciones y la manera en que se comparte la vida.

“Las parejas no se desgastan de golpe: se van desconectando de a poco”, explica Yamila Martorell, psicóloga, Máster Coach Profesional y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP). Y suma: “Hoy veo muchos vínculos donde el amor sigue presente, pero las conversaciones importantes se postergan por cansancio, por miedo al conflicto o por no saber cómo decir lo que pasa”.

Las relaciones no ocurren en una burbuja. Se despliegan en medio de trabajos demandantes, ritmos acelerados y decisiones que muchas veces se toman en automático. Lo que suele tensionar a las parejas no son grandes crisis románticas, sino una suma de pequeñas desconexiones: agendas que no coinciden, diálogos que se evitan, acuerdos que quedaron viejos.

“El problema no es que no haya amor, sino que muchas veces hay proyectos desalineados que nunca se revisaron”, señala Martorell. “Se sigue adelante por inercia, pero sin volver a preguntarse si los dos están yendo hacia el mismo lugar”.

 

En los vínculos actuales, el desgaste rara vez aparece de golpe. Se cuela en silencios cotidianos, en temas que se evitan para no generar conflicto, en concesiones que se repiten sin ser nombradas. No siempre se discute: muchas veces se acumula.

“Cuando lo no dicho se sostiene demasiado tiempo, el cuerpo lo empieza a expresar con irritabilidad, distancia o desinterés”, advierte la especialista. “No es que falte cariño, es que falta claridad emocional”.

A comienzos de año, esta sensación suele amplificarse. La rutina vuelve con menos energía disponible y más exigencias. Para muchas parejas —sobre todo las que conviven o están armando proyectos compartidos— aparecen preguntas profundas: cómo nos organizamos, cómo nos cuidamos, hacia dónde vamos.

“Ya no se trata solo de resolver lo práctico, sino de sentir que se camina en la misma dirección”, dice Martorell. “Y eso solo se logra conversando, no suponiendo”.

Diversos estudios sobre bienestar emocional muestran que la incertidumbre sostenida incrementa la ansiedad, la irritabilidad y la desconexión afectiva. Los vínculos íntimos, lejos de estar aislados, se convierten en el espacio donde ese malestar encuentra salida… o silencio.

“Muchas discusiones visibles son la punta del iceberg de expectativas no dichas”, explica. “Seguridad, reconocimiento, cuidado, autonomía: cuando eso no se habla, cada uno actúa desde sus propias interpretaciones”.

 

En muchas parejas, las diferencias de historia, crianza o valores generan lecturas distintas frente a las mismas situaciones. Uno siente que da demasiado; el otro, que nunca alcanza. Sin conversaciones honestas, el vínculo se llena de malentendidos silenciosos.

Hablar no garantiza soluciones mágicas, pero sí previene desgastes innecesarios. “No se trata de resolver todo, sino de revisar cómo estamos siendo pareja hoy”, propone Martorell. “Qué acuerdos necesitan una nueva versión y qué cosas ya no funcionan como antes”.

Para que esas charlas sean nutritivas, no alcanza con “decir lo que molesta”. “Importa mucho desde dónde se habla”, aclara. “Elegir momentos sin urgencia, expresar lo que uno siente sin atacar, escuchar sin estar armando la respuesta mientras el otro habla”.

Y concluye: “El verdadero riesgo no está en las conversaciones incómodas, sino en seguir evitando aquello que pide ser dicho”.

Tal vez, en este Día de los Enamorados, el mayor gesto de amor no sea una celebración perfecta, sino animarse a escuchar y decir con más presencia y respeto. Porque cuando el contexto presiona, el amor no desaparece. Pero si no se lo conversa, se va apagando de a poco.
Y casi nunca es por falta de sentimientos, sino por falta de conversaciones honestas.

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