“Cuando lo veas, te vas a enamorar”. Es una frase muy común. Se dice con seguridad, como si fuera algo que les pasa a todas las madres. Como si el momento en que nace un bebé tuviera que venir acompañado, necesariamente, de un amor profundo e inmediato. Tal y como se ve en las películas.
Pero no siempre pasa así.
Para muchas mujeres, el nacimiento está atravesado por cansancio, nervios, incomodidad física, miedo, sorpresa o simplemente desconcierto. El bebé nace y, junto con él, aparece una enorme responsabilidad. A veces lo primero que se siente no es amor, sino impacto. Y eso suele generar mucha confusión, porque no es lo que se espera que pase.
Y lo más importante? Casi nadie habla de esto. No porque sea raro, sino porque no encaja bien con el relato más difundido sobre la maternidad. Entonces muchas mujeres se preguntan si hay algo mal en ellas, si deberían estar sintiendo otra cosa, si ese amor del que todos hablan va a aparecer. Y en la gran mayoría de los casos, aparece. Pero no como un flechazo. Aparece de a poco, con los días, con el contacto, con conocer a ese bebé que al principio es casi un desconocido. Aparece cuando se empieza a armar el vínculo, cuando la situación deja de ser tan abrumadora, cuando el cuerpo y la cabeza se acomodan un poco.Decir esto no es cuestionar el amor materno ni restarle importancia. Es simplemente reconocer que no todas las experiencias son iguales y que no hay un único modo “correcto” de sentir en el momento en que nace un hijo.
Tal vez, en un mes en el que se habla tanto de amor, por ser el Día de San Valentín, podamos ampliar un poco la conversación. Dejar de pensar el amor solo como algo que ocurre de inmediato y empezar a aceptarlo también como algo que se construye. Incluso, y especialmente, en la maternidad.
Nannu Rosas Es cofundadora de Alice in Momland, la primera marca que acompaña a las mujeres durante el embarazo, postparto y lactancia.












