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Primera menstruación: cómo hablar con nuestras hijas (e hijos) sobre el ciclo, el cuerpo y la salud

¿Cómo debemos abordar el tema ahora que los chicos tienen acceso a tanta (des)información en red? ¿Qué mitos tenemos que deshacer primero nosotras para luego enseñarles a ellos?

Nosotras

Hoy en día ya no se regalan flores, ni se felicita a las niñas por "hacerse señoritas" como en otra época. La menarquía o primera menstruación siempre trajo aparejados mitos heredados de otros tiempos que complicaron, en muchos casos, la conversación o "la charla" con nuestros hijos e hijas.

Hoy en día ya no se regalan flores, ni se felicita a las niñas por "hacerse señoritas" como en otra época. La menarquía o primera menstruación siempre trajo aparejados mitos heredados de otros tiempos que complicaron, en muchos casos, la conversación o "la charla" con nuestros hijos e hijas.



Durante mucho tiempo la primera menstruación estuvo rodeada de rituales que hoy suenan lejanos. En muchas casas se regalaban flores o bombones, algunas madres felicitaban a sus hijas por “hacerse señoritas” y la llegada del período se vivía como una especie de ceremonia que marcaba el paso simbólico de la niñez a la adolescencia.

Pero junto con esos gestos también venían los silencios. Durante generaciones, la menstruación fue un tema que se aprendía a medias: algo que se comentaba en voz baja entre amigas, que se intuía en el baño de la escuela o que se descubría en el propio cuerpo antes de entender realmente qué estaba pasando.

Muchas mujeres recuerdan que gran parte de ese conocimiento circulaba entre compañeras. Las más grandes enseñaban a las más chicas cómo usar una toallita o un tampón, cómo calcular los días del ciclo o qué hacer si el pantalón se manchaba en medio del recreo. Era un aprendizaje colectivo, transmitido casi de forma artesanal, de generación en generación.

Hoy el contexto es distinto, pero las preguntas siguen existiendo. La diferencia es que ahora, además de lo que aprendemos en casa o en la escuela, los chicos tienen acceso a internet desde muy temprano. En ese universo conviven información científica, experiencias personales y también muchos mitos.

Por eso el desafío ya no es solamente “tener la charla”. Hoy la clave es construir una conversación más abierta y sostenida sobre el cuerpo, la salud y los cambios que trae la adolescencia.

¿A qué edad llega la primera menstruación?

La primera menstruación suele aparecer entre los 10 y los 14 años, aunque cada cuerpo tiene sus propios tiempos y pequeñas variaciones pueden seguir siendo completamente normales.

La edad en que aparece está influida por varios factores. La genética suele tener un peso importante, pero también intervienen aspectos como la alimentación, el nivel de actividad física, el estrés o los cambios en el peso corporal.

La médica ginecóloga Sandra Magirena (MN 65130) explica que la menstruación forma parte de un sistema hormonal complejo que involucra al cerebro y a los ovarios. Por eso, cualquier factor que altere ese equilibrio puede impactar en el ciclo. Cambios bruscos en el peso, una actividad física muy intensa (especialmente en deportes de alto rendimiento) o situaciones de estrés emocional pueden modificar la regularidad del ciclo menstrual.

Comprender esto también ayuda a desarmar una idea muy extendida: la de que el ciclo es algo completamente automático. En realidad, se trata de un proceso biológico sensible al contexto en el que vive cada persona.

Menstruar no debería doler: cuándo consultar

Muchas adolescentes experimentan molestias durante los primeros días de la menstruación. Esa sensación de pesadez abdominal o los cólicos leves pueden formar parte del proceso fisiológico del ciclo. Sin embargo, los especialistas insisten en algo que durante mucho tiempo se naturalizó: el dolor incapacitante no es normal.

La microbióloga y embrióloga Cecilia Belgoff explica que el dolor menstrual puede considerarse dentro de parámetros fisiológicos normales cuando aparece durante el primer o segundo día de sangrado, dura entre 24 y 72 horas y mejora con medidas simples como descanso, calor o analgésicos comunes, sin interferir de forma significativa con la vida cotidiana.

La situación cambia cuando el dolor obliga a faltar a la escuela, provoca náuseas intensas, vómitos o desmayos, o empeora con los años. En esos casos es importante consultar para descartar otras condiciones como endometriosis, adenomiosis, miomas o procesos inflamatorios.

“Durante mucho tiempo se les dijo a las mujeres que era normal sufrir cada mes. Hoy sabemos que el dolor es un síntoma que merece ser escuchado”, señala la especialista.

Mitos sobre la menstruación

Menstruar significa “hacerse mujer”.
La primera menstruación es un cambio biológico importante, pero no define la madurez emocional ni la identidad de una persona.

El dolor fuerte es normal.
Las molestias leves pueden ser frecuentes, pero el dolor intenso que interfiere con la vida diaria merece evaluación médica.

No se puede hacer ejercicio durante la menstruación.
La actividad física moderada no solo es posible sino que, en muchos casos, ayuda a aliviar molestias.

Los ciclos deberían ser exactamente de 28 días.
Ese número es solo un promedio. Los ciclos pueden variar entre 21 y 35 días y seguir siendo normales.

El flujo vaginal siempre indica infección.
El flujo forma parte del funcionamiento natural del ciclo y cambia a lo largo del mes.

Un checklist para mamás (y papás)

Hablar sobre menstruación antes de que aparezca la primera regla puede ayudar a que la experiencia sea menos desconcertante para las adolescentes.

Algunas ideas que recomiendan los especialistas:

  • Explicar qué es la menstruación de forma simple y sin eufemismos.

  • Aclarar que cada cuerpo tiene sus propios tiempos.

  • Mostrar los distintos productos de gestión menstrual y cómo se usan.

  • Hablar también de los cambios emocionales que pueden aparecer durante el ciclo.

  • Incluir a los varones en la conversación para naturalizar el tema.

  • Asegurarse de que la adolescente tenga acceso a productos de higiene menstrual cuando los necesite.

  • Acompañar en la consulta profesional: llevar a las niñas a una ginecóloga es clave para ayudarlas a sacarse las dudas y a que puedan aprender la importancia de cuidar su salud. También, es una herramienta para las mamás a las que les cuesta un poco más la conversación. De esta manera nos aseguramos de que las niñas y adolescentes acudan a una fuente confiable para aprender y no a Internet o consejos de amigas.

Más que una charla puntual, lo importante es construir un espacio donde las preguntas puedan aparecer sin vergüenza.

Porque, en definitiva, aprender a entender el propio ciclo no solo sirve para atravesar la adolescencia: también es una herramienta de conocimiento del cuerpo que acompaña a las mujeres durante toda la vida.

Si tenés hijos varones, es importante hablar de menstruación

Durante mucho tiempo la menstruación fue presentada como un “tema de mujeres”. En muchas casas la conversación ocurría entre madres e hijas, mientras que los varones quedaban completamente al margen.

Sin embargo, hoy cada vez más especialistas coinciden en que la educación menstrual también debería incluir a los chicos. No solo porque conviven con hermanas, compañeras de escuela o amigas, sino porque entender cómo funciona el cuerpo humano forma parte de una educación sexual más completa.

Cuando los varones crecen sin información sobre menstruación, lo que suele ocupar ese lugar son los prejuicios, las bromas incómodas o la desinformación que circula entre pares. En cambio, cuando el tema se aborda con naturalidad desde chicos, la menstruación deja de ser algo misterioso o vergonzoso y pasa a entenderse como un proceso biológico más. Y los educa en el respeto a las mujeres, su cuerpo y sus decisiones.

Hablar con ellos tampoco requiere una charla solemne. Muchas veces alcanza con incorporar el tema en conversaciones cotidianas: explicar qué es el ciclo menstrual, por qué ocurre, qué cambios puede generar en el cuerpo y por qué algunas personas pueden sentirse más cansadas o sensibles durante esos días.

También puede ser una buena oportunidad para transmitir algo fundamental: la menstruación no es algo que haya que esconder. Es parte del funcionamiento normal del cuerpo.

En ese sentido, incluir a los varones en la conversación no solo ayuda a desarmar tabúes. También contribuye a construir vínculos más empáticos y respetuosos desde la adolescencia. Porque comprender lo que le pasa al otro, aunque no lo experimentemos en el propio cuerpo, también es parte del aprendizaje sobre el cuidado y la convivencia.

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