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Samanta Anguiano: la botánica que cuida la biodiversidad de Pinamar

Con su proyecto "Respirá Pinamar", promueve que el paisaje del balneario sea sostenible y se convierta una “ciudad jardín”, en equilibrio biológico con la comunidad que la habita.




Hay personas que cuidan un jardín pequeño y son grandes. También hay mujeres que son jardineras de una localidad entera, y se vuelven inmensas cuando hacen su trabajo con el compromiso de Samanta Anguiano. Ella es la encargada del paisaje de Pinamar S.A. Su función actual es generar la capacidad de forestación necesaria para sostener esta ciudad jardín. Para eso, monitorea, investiga, desarrolla especies para ampliar la diversidad biológica y junto con su equipo produce unos cien mil árboles por año.

Hoy nos trae amapolas del desierto de California y las presenta con entusiasmo. Nos cuenta que las "domesticó" en cultivo para después sembrarlas en varios bulevares; está esperando que "exploten" y les tiene fe. Halaga sus colores, su resistencia y la textura asombrosa de sus pétalos. "Pero el paisaje es mucho más que una planta bonita –aclara Samanta–. Es una concepción social porque hay humanos que lo contemplan, y esto genera determinada identidad sociocultural."

LA VIRTUD EN LA DIFERENCIA

Recorre las calles sinuosas de Pinamar observando a su paso cómo están los árboles, qué tal avanza el campo de golf que lograron mantener verdísimo sin riego computarizado, sonríe al ver las flores que trajo junto al mar para llamar a nuevos pájaros y, después del paseo, nos invita orgullosa a pasar a su "laboratorio", un vivero donde realiza investigación y cuida el crecimiento de los pinos: hay algunos de cinco días, otros de meses, incluso años. Y todos ellos serán bosques algún día.

En lo informal, ella es mucho más que directora de Espacios Verdes, tal como indica su tarjeta. Colabora en forma voluntaria con distintas ONG sin fines de lucro: está a cargo de la campaña Respirá Pinamar, impulsa la Semana del Árbol, es miembro de la Red Argentina del Paisaje y colabora con los bomberos voluntarios junto con su hija mayor.

De chica, le diagnosticaron hiperactividad, y lo que parecía un defecto resultó que fue muy valorado por su profesora de danzas clásicas: "Sos perfectamente inquieta y obsesiva para lo que esta disciplina requiere", le dijo. A partir de entonces, no solo bailó hasta que hace tres años tuvo una lesión de la columna, sino que aprendió a buscar siempre en la diferencia una virtud. Y también, a hacer de los fracasos tan solo una anécdota.

COSECHARÁS TU SIEMBRA

Samanta tiene 39 años y es mamá de dos adolescentes. Estudió Biología en la universidad de su ciudad natal, Mar del Plata. Abandonó la carrera cuando su madre sufrió un ACV que le dejó una discapacidad de por vida. Ella, su única hija, sintió que no había nada más importante que acompañar a su mamá en ese momento. Aceptó que era la historia que le tocaba. Pero tenazmente, sostuvo su pasión por aprender. Ya había perdido la regularidad en la facultad y cuando tuvo que volver a elegir optó por sufrir menos. Se puso a estudiar paisajismo y se volcó a la botánica con la sospecha de que ver morir una planta le causaría menos dolor que tratar la agonía de un animal. Pero hoy reconoce que le falló el cálculo. Ama a las plantas y la alegría que le produce multiplicarlas y cuidarlas es directamente proporcional a la angustia de verlas incendiarse o directamente desaparecer. "En la ciencia, como en cualquier aspecto de la vida, una genera movimientos expansivos, suma datos y perfecciona, todo sin certezas de lo que vuelve. La incertidumbre está presente siempre, sin embargo, se puede achicar muchísimo el margen de error si los intentos fallidos solo se consideran ensayos –afirma–. En el vivero forestal capacitamos a gente que a veces no tiene ningún estudio formal, pero cuando descubrís talentos dormidos, lo que hacés es que crezca exponencialmente la curiosidad, la voluntad, y eso es beneficioso para todos". Samanta se refiere a los cientos de empleados y vecinos que pasan por su laboratorio y terminan siendo voluntarios junto con ella, pero podría estar hablando de una semilla, la germinación, el cuidado que requiere y de la maravillosa oportunidad de sumar en la sociedad. "Así es la matemática perfecta del mundo, todo es como nos enseña la naturaleza".

Qué es Respirá Pinamar

Es una campaña socioambiental de voluntariado para generar y divulgar prácticas botánicas sostenibles, deportes no motorizados y formas de turismo sustentable. Los talleres están abiertos a la comunidad, van desde eficiencia hídrica hasta plantaciones de árboles.

¿Qué te gustó más de este proyecto? ¿Conocés sobre otras campañas para mejorar el medioambiente? Conocé también Lo que piensa una bailarina: Ana Azcurra

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