Agustina Guz: de pastelera en Bake Off a emprendedora de talles especiales

Luego de su paso por la televisión con el reality de cocina, encontró su propósito al ayudar a otras mujeres que, como ella, no encuentran talles de ropa interior.


Agustina Guz cambió la pastelería por la lencería de talles especiales.

Agustina Guz cambió la pastelería por la lencería de talles especiales.  - Créditos: Gentileza de Maxi Estevez.



"En mi familia todos cocinan, pero mi abuela es la que más cocina y vive en mi edificio, así que siempre me trae un plato", confiesa Agustina Guz. Sin embargo, tardó en encontrar su vocación. De chica jugaba a ser maestra jardinera, más tarde pensó en ser abogada y finalmente se decidió por la contabilidad. En ese camino, continuaba en la exploración de sus inquietudes: hizo un curso de bartender que la llevó a la cocina y tiempo después a seguir su pasión: la pastelería.  Amante del chocolate y la fruta, a poco de cumplir los treinta, una amiga la anotó en Bake Off Argentina, un reality de televisión, para poner a prueba sus conocimientos. "En el momento que lo filmamos era como un juego de chicos. Con los jurados fuera de cámaras compartíamos muchas cosas y nos ayudaban y nos enseñaban un montón. Yo creo que nadie cayó en la televisación mientras los filmábamos", recuerda.

Entre ollas y sartenes

"Yo fui a un programa a hacer tortas y de golpe salía en portales de noticias como 'el audio secreto de…'. Creo que ninguno estaba preparado para la exposición", asegura sobre su pasaje por Bake Off Argentina. Esa repentina fama llevó a varias de sus compañeras a cuadros de ansiedad y depresión. A pesar del estrés, Agustina, que quedó semifinalista del programa, logró capitalizarlo a su favor. No solo creó "Espacio de a Dos", un emprendimiento de cursos de pastelería junto a su amigo y socio Damián Pier Basile, sino que se convirtió en influencer y empezó a trabajar con marcas

Y fue gracias a esa comunidad en Instagram que encontró el siguiente paso para su carrera. Era noviembre de 2021 y estaba en Las Vegas. Agustina subía fotos del viaje, pero en lugar de preguntarle por los lugares, muchas mujeres le consultaban por la malla, una bikini negra con una particularidad: sostenía a la perfección, sin tiras al cuello y en un diseño moderno, su busto de 110. "Me la mandé a hacer porque era lo único que me podía poner", cuenta.

 

Agustina Guz fue semifinalista del programa Bake Off Argentina.

Agustina Guz fue semifinalista del programa Bake Off Argentina.

Ser talle grande

Desde edad temprana, Agustina fue "melonera", como lo llama ellaPor prescripción médica, estaba eximida de hacer gimnasia en el colegio y aún hoy no puede saltar ni correr, ya que el impacto lastima su piel. Esto le dificultaba encontrar mallas y ropa interior, y las pocas veces que conseguía algo eran modelos con diseños viejos o que simplemente ampliaban el talle, sin tener en cuenta las necesidades específicas de agarre y sostén que requiere un busto grande. Cuando podía viajar, traía corpiños en cantidad (incluso la han parado en la Aduana para preguntarle si importaba), porque era la única forma de conseguir en su talle. "Tenés que sostener las tetas todos los días, es algo que te afecta el día a día no poder ponerte un corpiño. Hay gente que me dice que hace 13 años se las arregla con un solo corpiño, porque es el que encontró que le entra", cuenta. 

A los veintitrés, averiguó para reducir su busto. Pero el médico le advirtió que siendo tan joven, no le convenía, ya que si deseaba ser madre luego iba a tener que volver a operarse. "Cuando era chica vivía con las tetas al aire, no me importaba. Las usaba a mi favor, me han traído beneficios como no hacer nunca una fila en un boliche. Pero sí sufría los comentarios en la calle, en la playa, la pileta. Me volví peor de grande, igual", afirma. De carácter fuerte, entabló varias peleas ante los improperios recibidos. La otra estrategia era taparse y caminar con anteojos y auriculares, para aislarse de esos comentarios.

Cuando empezó a recibir tantos mensajes en Instagram de mujeres que sufrían lo mismo, decidió hacer algo. Contactó a la mujer que le confeccionaba sus propias mallas y le propuso lanzar una cápsula. Era octubre y el verano ya estaba casi encima, no tenía experiencia ni conocimiento en el rubro textil, pero al ver que había tanta necesidad, se arriesgó y se lanzó a la pileta.

Una marca de ropa interior diferente

Agustina arrancó D Talle, el emprendimiento de mallas un poco a ciegas, pero en poco tiempo fue un éxito. La primera tanda de mallas, en noviembre del año pasado, se agotó enseguida. "Mi idea es lograr prendas que solucionen. No puede ser que irte de vacaciones sea un dolor de cabeza, o que evites ir al gimnasio, porque te tenés que poner dos corpiños. Hay muchas personas que les pasa eso hace un montón de tiempo y todos lo tomaban como que era una boludez, y no es ninguna boludez, es muy molesto", señala.

Luego de unos de meses de buscar proveedores y organizar bien el negocio- a la par de su empresa de cocina-, en agosto retomó la actividad y agregó ropa interior y deportiva con talles de busto grande. "Una señora de 60 años me mandó un video tirándose de bomba a la pileta con toda la familia. Me dijo que era la primera vez en su vida que lo podía hacer, porque la malla le agarra. Yo me quedé helada…", declara. 

Se asoció a su novio, que se ocupa de la parte contable, y ella se dedica al trabajo con las diseñadoras, los talleres y la comunicación de la marca. "Yo no creo que pueda tener corpiños desparramados por todas las lencerías. Pero mi objetivo no es ese. Es una marca concentrada en esta necesidad, porque necesitás breteles más anchos, que sostengan, que no te pinche abajo del brazo. Me enfoco en eso", afirma. 

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