Hay algo que está pasando en la moda y que se puede resumir en una palabra: más. Más brillo, más color, más cristales, más strass, más aplicaciones. Después de años en los que el minimalismo, el lujo silencioso y la estética clean girl parecían tener el monopolio de las tendencias, ahora la tendencia cambió. Y, con esto, se impuso el bedazzling.
La palabra viene del inglés bedazzle, que significa deslumbrar, y se usa para describir todo aquello que está intervenido con pequeñas piedras, cristales, gemas o aplicaciones brillantes. En otras palabras: agarrar algo que ya existe y cubrirlo de strass.
Y si hubo una imagen que terminó de poner esta tendencia en el radar fue la de Kylie Jenner y su cumpleaños número 29. Para su celebración, inspirada en una estética de princesa pop y completamente rosa, la empresaria mostró una torta cubierta de pequeñas aplicaciones brillantes, además de vasos y otros detalles de la fiesta intervenidos con gemas.

Las imágenes rápidamente empezaron a circular en redes y el efecto fue inmediato: el bedazzling pasó de ser una estética nostálgica a convertirse en una de las obsesiones del momento.
Kylie lo volvió viral, pero la historia empezó mucho antes
Porque hay algo importante: Kylie Jenner no inventó el bedazzling. La fascinación por cubrir objetos y prendas con cristales tiene una fuerte conexión con la estética de los 90 y, sobre todo, con los primeros 2000.
Quienes vivieron esa época seguramente recuerden los jeans con strass, los cinturones llenos de piedras, las remeras intervenidas, los celulares decorados y las carteras que brillaban desde varios metros de distancia. Era la época de Paris Hilton, Britney Spears, Christina Aguilera y Mariah Carey, cuando la regla parecía ser que, si algo podía tener un poco más de brillo, definitivamente debía tenerlo.

Incluso existía una herramienta específica para hacerlo: el Bedazzler, que permitía aplicar pequeñas piedras y lentejuelas sobre distintos materiales. El resultado era una versión casera y personalizada de ese maximalismo que dominó buena parte de la cultura pop de la época.
Después, como suele pasar, la moda hizo lo contrario. Llegaron el minimalismo, los tonos neutros, el quiet luxury y la idea de que todo tenía que verse effortless.
El regreso del Y2K, pero llevado al extremo
El regreso del bedazzled no ocurre de manera aislada. Es parte de una recuperación mucho más grande de los códigos de principios de los 2000: cinturones con strass, anteojos envolventes, aros XL, carteras vintage y accesorios que llaman la atención están volviendo a aparecer en las calles, las pasarelas y, sobre todo, en las redes.
Pero esta vez hay una diferencia. La generación Z no está simplemente copiando los looks de hace 20 años: está tomando esa estética y subiéndole el volumen.

Por eso el bedazzling actual no se limita a una prenda con algunas piedritas. La lógica es mucho más amplia: si algo existe, probablemente pueda ser bedazzled.
Una cartera. Un celular. Un vaso. Una botella. Un neceser. Un espejo. Un par de zapatos. Un packaging de maquillaje.
Y ahí está una de las claves de su éxito: no necesariamente requiere comprar algo nuevo. También permite personalizar lo que ya tenés, intervenirlo y darle una segunda vida. Es una tendencia que tiene algo de moda, algo de manualidad y muchísimo de contenido para redes.
Del accesorio a las uñas

Como suele pasar con cualquier fenómeno que funciona visualmente, el beauty fue uno de los primeros universos en adoptarlo.
Las gemstone nails son probablemente una de sus versiones más fáciles de reconocer: manicuras cubiertas de pequeños cristales, piedras, perlas y aplicaciones que hacen que las uñas parezcan verdaderas joyas.
Hay diseños más discretos, con apenas algunas gemas sobre una base nude o cremosa, y otros que directamente llevan el concepto al máximo, con flores de strass, dibujos y diferentes colores de piedras. Dua Lipa y Sabrina Carpenter son algunas de las celebrities que ayudaron a llevar esta estética a la conversación beauty.
También vuelven las aplicaciones de cristales sobre el rostro y el cuerpo. Los body gems, que fueron un clásico de la cultura pop de los 2000, están regresando de la mano de una generación que encontró en TikTok e Instagram una especie de archivo infinito de referencias Y2K.
Ahora también en la panza

Quizás una de las versiones más inesperadas de esta tendencia está apareciendo en las fotos de embarazo.
Las bedazzled baby bumps son exactamente lo que su nombre indica: panzas de embarazadas decoradas con cristales, gemas, corazones, estrellas, perlas y pequeñas aplicaciones adhesivas para crear producciones de fotos completamente diferentes a las tradicionales.
Y el bedazzling parece ser el compañero perfecto para esa nueva estética.
¿Por qué todo tiene que brillar?
Quizás la explicación sea mucho más sencilla de lo que parece: nos cansamos de que todo fuera tan perfecto y minimalista.
Después de años de beige, maquillaje natural, prendas básicas y accesorios discretos, vimos cómo la personalización empezaba a ganar terreno tímidamente: primero fueron los charms y los Labubus, que se convirtieron en el detalle infaltable de 2024 y 2025. Ahora, 2026 llega con cristales, strass y mucho color para llevar esta tendencia un paso más allá y llenar de brillo todo lo que encuentres en tu placard.
Belén Sanagua Es periodista, locutora y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Se desempeña como subeditora de la web editando moda y beauty aunque, además, escribe para otras secciones.
En esta nota:
Tendencia beauty












