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 • HISTORICO

¿Familia Chasquibum? En estas fiestas evitá los chispazos

Reflexiones y ejercicios prácticos que te preparan para que los festejos sean lo menos explosivos posibles




Los chispazos pueden surgir en cualquier lado y convertirse en peleas memorables, de esas que te garantizan un pésimo comienzo de año. ¿Recordás que los chasquimbum no explotaban si pegaban contra una superficie suave? Esta es la clave para entender las peleas familiares. Para que un impacto se dé, se necesitan dos partes. Si bien es cierto que hay parientes sumamente complicados, si en tu cabeza y tus emociones lográs "suavizarte" como superficie de impacto, lo que sea que te lancen, no va a tener real contundencia en vos.

Desarmate

La mayoría de nosotras ya sabemos qué preguntas se vienen, qué planteos desearíamos evitar, qué comedias trágicas se repetirán. Y sabemos también que no podemos pretender que las cosas cambien por arte de magia en un año. Hay cosas que pasan en todas las familias una y otra vez y esas son las que hay que aprender a manejar. Durante los preparativos de diciembre, muchas nos encontramos a nosotras mismas con mala predisposición, diciendo frases como "si otra vez el tío está de mal humor, me voy a ir de la fiesta". Lo decimos aun sabiendo que el tío siempre fue un malhumorado y que lo más probable es que esa noche también lo sea. Cuando te anticipás mucho a los conflictos, sin darte cuenta, comenzás a pelear mentalmente antes de llegar a la fiesta, a enroscarte, a predisponerte para cumplir una autoprofecía. Preparás tus granadas para responder a los chasquibum que recibas y de ese modo ayudás a la escalada de violencia cuando las cosas están quenchis. Justamente porque ya sabemos con qué cosas nos vamos a encontrar es que tenemos, simplemente, que preparar las salidas más pacíficas posibles: evitar el roce, la superficie dura.

Interrogantes "disparadores"

Suena infantil, pero es cierto: mucha gente va a las fiestas familiares respondiendo a mandatos que jamás cuestionó. Hoy, siglo XXI, sabemos que la sangre, por la sangre misma, no garantiza lazos afectivos, que a medida que crecemos y nos hacemos adultos, construimos verdaderos vínculos que deben ser rediseñados con cada uno de los miembros de nuestro clan.
Está bueno preguntarte, entonces:
¿Qué tengo para agradecerle a cada una de estas personas?
¿Qué significan en mi vida?
¿Son parte de mi red de sostén?
¿Soy parte de la de ellos?
Estas preguntas te llevarán de inmediato a entender tus decisiones y reacciones. Si te sentás a reflexionar lo que te promueve la gratitud con ellos, vas a sentir que no importa mucho qué tanto te irriten ciertos conflictos: que ahí hay cosas por las que vale la pena estar. Que pertenecés a ese grupo. Tal vez no te lleves bien con tu cuñada, pero ella hace feliz a tu hermano y es buena madre de tus sobrinos y eso no es menor. Si no se te ocurren casi razones para agradecer y todo lo que surge en vos es bronca, entonces tal vez debas hacer el esfuerzo de identificar quiénes sí te dan lo que necesitás y pasar tus fiestas con ellos. A veces, haciéndonos este tipo de preguntas, nos caen fichas enormes, pero siempre es mejor esto que vivir peleando con los seres que, se supone, son los que más amás.

Sacale estruendo

Comer las uvas de las doce, abrir regalos, llevar los platos favoritos, iluminar bien la casa, armar un juego, invocar recuerdos: existen mil cosas para hacer aparte de hablar de política, fútbol, de tirarse con dardos venenosos por temas del pasado o resolver cuentas pendientes en la mesa. Especialmente en el caso de familias megapicantes, se aconseja armar entretenimientos (contar chistes, escribir deseos, ver películas o fotos familiares viejas, recordar viajes), rituales, temas de conversación livianos para que las cosas no se vayan de carril. En este caso, alguien asume cierta organización, conducción del festejo, y lo "encarrila" lo más naturalmente posible. Para este tipo de familias recargadas, se aconseja incorporar amistades a la mesa, esas que a veces no tienen con quién pasar sus fiestas y siempre es un lindo gesto participarlas a que festejen en familia (¡aunque sea disfuncional!). Es sabido que todos nos comportamos más prolijamente cuando la mirada del otro se posa sobre lo que hacemos. No siempre es así, pero es más probable que tu tía amargada manifieste menos su eterno descontento si hay "no tan conocidos" en la mesa y que algunas formas sean mucho más delicadas entre ustedes porque hay invitados.

Evitá tirar vos los chasquibum

No siempre somos nosotras las que recibimos los estallidos. A veces, nos morimos de ganas de "tirotear" a un miembro de la familia con opiniones, consejos, advertencias no solicitadas. Casi siempre lo hacemos en patota y sin una pizca de mala fe, pero lo hacemos. El clásico ejemplo es la tentación de agarrársela con el fumador de la mesa para "convencerlo" de que, en el año que entra, deje de fumar. Todo empieza como un comentario casual, sigue con expresiones de preocupación y termina con fuertes juzgamientos y desaprobación sobre su persona. Lógicamente, el fumador se siente atacado, ofendido, resentido. Cuando te querés acordar, la fiesta está arruinada. Contrario a todo lo que nos dice el folclore publicitario navideño, esta no es una fecha para hablar de cosas muy profundas, importantes, delicadas. Mucho menos delante de todos y como si fuéramos panelistas. Si estás preocupada por algún tema en particular de la vida de alguien de tu círculo, lo mejor es que puedan hablarlo a solas, acercarse de una manera más genuina y sin ensalada waldorf de por medio. •

Honrar los espacios vacíos

Con el correr de la vida, todos vamos aprendiendo lo que es despedir familiares o acompañarlos en sus enfermedades. Más que mirar lo perdido, ya sea a esa persona o su salud, lo ideal en las fiestas es agradecer la oportunidad de haber compartido con ellos y de seguir haciéndolo, aun cuando las condiciones no sean las que más nos gustarían. La aceptación de los procesos de la vida es mucho más fácil cuando se da en clan y, en lo posible, desde la alegría de anécdotas y conclusiones compartidas. Por supuesto, las emociones son fuertes y la tristeza suele tomar las mesas navideñas, pero cuando levanten las copas, no estaría nada mal que también brindaran en su memoria o por su lucha.
Experta consultada: Lic. Margarita Bonomo. Psicóloga, psicopedagoga y terapeuta familiar.
¿Cómo hacés para evitar los roces en las fiestas? Sobre este tema también te mostramos Dilema navideño: ¿con quién pasamos las fiestas?

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