Singapur resulta inolvidable por muchos motivos. Entre ellos, no puedo dejar de mencionar los siguientes:
-El modo increíble, casi milagroso, en que conviven chinos, indios y malayos; cómo se toleran y coexisten con sus diferentes religiones: budista, musulmana e hinduista. Incluso hay cristianos.
-Chinatown: las visitas frecuentes para comprar suvenires, rarezas o baratijas. Confieso que fui casi cada día que estuve en Singapur. El rojo y el dorado antes del Año Nuevo. También el naranja -por su semejanza con el dorado-. Colores que, según los chinos, traen buena fortuna.
-El Buddha Tooth Relic Temple: en Chinatwon es el más increíble complejo budista de esta ciudad-estado.
-La riquísima pero difícil tarea de comer su plato más típico, el chilli crab (cangrejo picante) con palitos.
-Little India: el aroma intenso de los collares de flores que arman los hindúes y venden en puestitos en sus calles. La deliciosa comida india, servida siempre sobre hojas de plátano: el naan (pan plano), las samosas (similares a nuestras empanadas, pero con forma cónica).
-Lo sobrecogedor de Sri Mariamman, el más antiguo templo hindú de Singapur: me quedé sin palabras, sin aliento, al encontrarme frente a él. Tuve la suerte de poder recorrerlo con mi compañera nepalí Beena Rajbhandari, y de observarla rezar, conmoverse, ofrendar al modo hindú. Los perfumes, las ofrendas de flores, frutas y velitas; el azul y la severidad de sus deidades; los devotos descalzos y rezando.
-La sobriedad, el silencio, el respeto que inspira la mezquita del sultán. La belleza de su pintura verde.
-Las locuras y ofertas de Bugis Streeet, la calle más importante donde hacer shopping: la visitan tanto turistas como lugareños.
-Clarke Quay, a orillas del río Singapur: zona de pintorescos bares y restaurantes, donde tomar un barquito y recorrer dicho río, y ver ni más ni menos que al Merlion, suerte de león-pez que es el ícono por excelencia de este país.
-Las maravillas del Museo de Civilizaciones Asiáticas, algo único: las actividades interactivas para los visitantes, como por ejemplo atuendos mongoles con que disfrazarse, experiencia que ni loca me perdía.
-La sorpresa que a uno le causa el orgullo inmenso que los singapurenses tienen de Sentosa, isla que intenta inexplicablemente ser la Disneylandia de Singapur.
Este país que busca hacerse inolvidable por su vanguardia, su modernidad, su mirada hacia Occidente, lo logra sin embargo por sus tradiciones, sus costumbres más antiguas, su modo de hacer que convivan de manera pacífica las culturas y religiones dominantes.
Singapur: sus fuentes repletas de peces koi, la intachable conducta de sus niños, la rebeldía tan medida de sus adolescentes, el aroma intensísimo y poco tentador del durian -fruta poseedora de un fuerte olor acebollado-, la calidez con que nos ha tratado su gente, sus cábalas, ritos y creencias? Singapur, vestida de rojo y dorado para sus fiestas. Singapur, un lugar inolvidable por demasiados motivos.
Luciana Pechacek









