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 • HISTORICO

Qué es el orbiting, la nueva dinámica tóxica de relacionarse por redes sociales

Mientras que las redes sociales logran conectarnos con muchísimas más personas y eso está buenísimo, qué sucede cuando el o la que te gusta te tira fueguitos todo el tiempo pero... nunca acciona. Llamado orbiting, te contamos de qué se trata esta nueva dinámica tóxica de las redes sociales.


Qué es el orbiting, la nueva dinámica tóxica de relacionarnos.

Qué es el orbiting, la nueva dinámica tóxica de relacionarnos. - Créditos: Getty



Llamamos orbitar a la acción que realiza un objeto alrededor de otro mientras está influido por alguna fuerza. En el caso del planeta Tierra, esta fuerza, que lo hace girar alrededor del sol, es la gravitacional. En el caso de tu ex, esta fuerza, que lo hace girar alrededor de tus perfiles en redes sociales.

Resulta que, a la hora de hablar de relaciones, eso que nos mueve a gravitar alrededor de alguien puede ser tan misterioso como las mismísimas fuerzas del universo. ¿Qué es lo que nos mantiene a tantos dando vueltas alrededor de alguien que ni fu ni fa?

Qué es el orbiting y por qué es una dinámica tóxica

Aunque tendemos a creer que somos las únicas a las que nos pasan ciertas cosas, en la esfera privada, en la galaxia personal de las relaciones, algunos patrones se repiten. Esta es la razón por la que surgen términos que ponen nombre a prácticas y actitudes. El orbiting es ese desconcertante comportamiento que ejerce alguien que, aunque en la "vida real" no muestra demasiado interés en otro, sigue de cerca sus apariciones virtuales: likea, mira sus stories, envía reacciones y hasta comenta.

Todos tenemos a alguien que nos orbita: uno que nos encanta pero nos ghosteó, otro que amagó pero nunca terminó de decidirse e incluso alguna historia de amor importante que, de vez en cuando, amenaza con renacer de las cenizas. Y es seguro que, al menos en algún momento, nosotras también orbitamos: repasamos la cuenta de ese flaco que nos gustaba pero no nos cerró (a ver si ahora sí nos cierra) o nos tentamos con una histeriqueadita virtual reaccionando con un (para nosotras) indefenso fueguito. Lo que vuelve todo esto complicado es que nadie sabe el verdadero impacto que puede tener en el universo del otro una pequeña señal.

Las redes sociales potenciaron muchos comportamientos tóxicos en la manera en que nos relacionamos.

Las redes sociales potenciaron muchos comportamientos tóxicos en la manera en que nos relacionamos. - Créditos: Getty

El mandar un fueguito, como comportamiento de orbiting

Continuar bajo la mirada de alguien a quien deseamos, recibir su aprobación en forma de comentario o reacción, no le da lo mismo a nadie. El orbiting no significa nada, pero es una posibilidad y eso es lo que nos engancha.  A hombres y mujeres se nos salta el corazón de solo pensar que esa historia que tanto nos costó cerrar podría volver a abrirse, o que esa noche que nos dejó inmersas en una nube de felicidad podría repetirse.

También nos enoja ver cómo alguien que nos dijo que no ahora aparece desparramando sus "tal vez sí" por nuestras fotos. ¿Eso significan un par de likes? Nadie puede asegurarlo, pero, a esta altura, nadie puede tampoco ser tan ingenuo como para pensar que "toquetear" virtualmente un asunto pendiente no despertará cierto revuelo en el otro. ¿Por qué lo hacemos? Simple, porque es fácil, porque podemos y porque nos da lo que buscamos: no borrarnos del todo del mapa, aunque ni sepamos qué queremos.

Por qé es clave repensar nuestros comportamientos para evitar el orbiting

¿Es el orbiting una falta de respeto? No necesariamente. Siempre existió y existirá aquello de "tener a alguien en el tintero", aunque probablemente, en la era de las redes, ahora sea todo más gráfico. Las relaciones no son lineales, no son algo que avanza por estadíos estructurados y predeterminados. Las cosas pueden tener sus vueltas, nos guste o no, la gente puede tener múltiples intereses y los tiempos pueden no coincidir. La diferencia es que, actualmente, esos avances y retrocesos, esos procesos internos, quedan fácilmente plasmados en incoherentes idas y vueltas virtuales.

Nuestra ansiedad actual y cierto sentido de urgencia tampoco ayudan a encontrarle un sentido que a veces solo puede dar el tiempo. El orbiting puede ser una falta de respeto si alguien que te rompió el corazón y te mostró que no le importabas te hace notar su presencia ahora para tenerte en stand by. Ese tipo de comportamientos son inadmisibles, pero solo pueden leerse correctamente en el contexto de una relación ya establecida y entre personas que se conocen. Ahora bien, si entre tu satélite y vos apenas hubo algunas chispas truncas, que el otro merodee no es extraño, esa persona también puede estar intrigada por el potencial entre ustedes. El orbiting, en esos casos, bien puede ser un halago, un signo de que estás presente en el deseo del otro aunque eso no adquiera un formato puntual en el mundo real.

Sé dueño de tu sistema planetario

Es gracioso tener que recordarlo, pero nosotros tenemos control de quién entra y quién sale de nuestra área gravitacional. Si algún satélite tiene un tufillo pasivo agresivo o estás poniendo más energía de la que te gustaría en provocar reacciones, siempre podés encarar las cosas con un mensaje directo que busque bajar a tierra y blanquear intenciones.

También, claro, podés vedar el acceso a tu contenido bloqueando a ese ambiguo cuerpo celeste. Siempre habrá misterios y zonas grises en los comportamientos ajenos, y eso es justamente lo que hace tan desconcertante pero interesantes las relaciones. El punto es hasta qué punto una mirada o un fueguito pueden sacarte de eje. En este juego, el que se lo toma muy en serio pierde.

Por Mercedes Romero Russo. Escritora. Leela en @merconfiltro.

Experta consultada: Cecilia Fochesatto. Su mail es cecifochesatto@gmail.com y su cuenta en Instagram: @ce.xologa.

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