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 • HISTORICO

"Si querés, te podés sentir distinta"




Los días más lindos son aquellos en los cuales me vuelvo consciente de la magia de la vida, de la naturaleza y del gran, enorme, desbordante corazón de algunas personas.
Alguna vez y hace mucho tiempo atrás, después de padecer un año de insomnio crónico, tomé la resolución de apoyar la cabeza en mi almohada en paz. Supe que esa calma la iba a encontrar si tenía la capacidad de descubrir en cada día algo que haya valido la pena. Me afectaba la idea de días perdidos, días para el olvido. Pero ¿cómo encontrar el sentido en aquellos momentos oscuros, de corazón roto y angustia en la garganta, el pecho, la boca del estómago y el cuerpo entero? El único camino era abriéndome a los sentidos y trascender lo netamente humano y racional; ser consciente de la belleza en el sonido de la lluvia, una puesta del sol, el aroma a tierra mojada o pasto recién cortado, la música, los libros y tanto más. No necesitamos de grandes eventos trascendentales para hacer de cada día un día valioso. Y no necesitamos estar enamorados de otra persona para que todo adquiera un sentido superior. Podríamos estarlo, sería maravilloso, sí, pero también podemos estar enamorados de las sensaciones de la cotidianidad y sentir el corazón pleno.
Confieso que esa resolución de encontrarle el valor a cada día, a pesar de los duelos, a pesar de las separaciones, a pesar de las enfermedades, no siempre la pude llevar a cabo. Hubo muchos olvidos, hubo muchos días en los cuales la angustia superó cualquier determinación. Pero está bien así, porque aunque a veces la haya hundido, la resolución nunca fue olvidada realmente. Y en los días en los cuales resurge, se instala firme y es simplemente maravilloso.
Esta última semana, justo cuando todos estos pensamientos, sentimientos y sensaciones estaban rondando mi espíritu, me llegó un largo mensaje de mi tía, que es también mi madrina, que tiene unos veinticinco años más que yo, y que también en la vida, de golpe y sin anestesia, le tocó volver a empezar.
Creo que a veces está bueno escuchar lo que podría ser un futuro yo, más sabio, más vivido, para encontrar otros puntos de vista y considerarlos con la mente abierta, aun si no estamos de acuerdo en ciertos aspectos. Palabras de un yo del futuro que viene a recordarte que el tiempo pasa, que en un abrir y cerrar de ojos ya no tendremos ni veinte, ni treinta, ni cuarenta. Un yo del futuro que te dice, en otras palabras, que hoy es un día maravilloso, que hoy se puede resetear y cambiar el rumbo.
Para acompañar un fragmento que escribió mi tía, Marianne, dejo este tema. Versión electrizante. “Siempre confiá en quién sos”, dice por ahí:
"El tiempo pasa Cari.
En tu última relación actuaste en legítima defensa. Yo te pregunto, ¿hay que defenderse? Para mí hay que soltar y ser libre. Tratar de entenderse, conocerse y asomarse un poco, apenas a lo que el otro muestra. Compartir. Siempre hay algo por lo que vale la pena compartir. A veces nos pide o pedimos algo que el otro no está dispuesto a dar. El otro es otro y es así. Nos corre la maternidad, el reloj biológico, a los hombres no, son distintos. Esto siempre fue así y eso nos coloca en un lugar de dependencia. Sobre todo cuando tenemos una estructura mental tradicional, con un modelo a seguir. Soltá, sé libre, largá el modelo. La felicidad no está afuera está adentro tuyo. Todo está adentro tuyo, la serenidad, la alegría, las ganas de jugar, de querer, de compartir. Por un tiempo, poco, mucho, alguito, demasiado. No importa. Adentro tuyo están tus heridas y tus alegrías. Buscá la fuerza, la serenidad, el amor incondicional y la alegría, olvidate de las estructuras, tus ideas preconcebidas. Si sos libre, nadie te puede hacer daño.
El amor incondicional es ese que sentimos por todo ser vivo, vemos en el otro lo bello y reconocemos la bestia. Como a los amigos, los chicos, nuestros hermanos, que los queremos así como son, con sus clarooscuros. Tal vez ese flaco está en lo cierto cuando te dijo que te faltaba una primavera. Andá con una canasta de flores al río, imaginate que esa es la tercer primavera, tirala y a soltar. Ya habrán pasado entonces las tres primaveras. El 21 de diciembre, van dos primaveras por una, al agua, que se la lleve el río. No te rías, están buenos los rituales. Nosotras somos cerebros que caminan. Olvidate de eso, reseteate. A soltar se ha dicho. De repente sin pensarlo, si querés, te podés sentir distinta. "
Hoy no tengo interrogantes, sólo un deseo: que aprendamos a resetear y que los sinsabores se vayan con las flores en el río. Es tiempo de renacer.
Beso,
Cari

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