
Agustina Cherri y su nueva faceta de emprendedora beauty: "Tengo 42 y no me toqué jamás la cara porque me da terror"
El año pasado se transformó en emprendedora y le dio luz a un proyecto tan personal como innovador. Charlamos sobre los desafíos de materializar, los aprendizajes de la maternidad y todo lo que se viene.
Estilismo de : Manu Aversa
1 de enero de 2026

Vestido con cuello alto (Molina Atelier) - Créditos: Coni Dietrich
Agustina Cherri ya es una amiga de la casa: la vimos crecer y brillar como actriz, acompañamos sus maternidades —en esta produ, recordaremos entre risas la vez que le hicimos un peinado con mamaderas incrustadas cual ruleros— y es por eso que también ahora somos testigos de su nueva transformación: a fines de 2025, lanzó su propia marca de skincare natural, con productos a base de hongos reishi. Por eso, para este arranque de año tomamos como leit motiv el mundo fungi en esta produ de fotos que juega con la magia, la psicodelia y la posibilidad de subirnos a universos nuevos. Tal como ella hizo.
¿Cómo fue el dar a luz este proyecto tan tuyo?
Yo creo que lo más importante fue haber podido atravesar los miedos que me daba, porque debo reconocer que este proyecto me generaba mucho miedo, mucha incertidumbre, muchas preguntas... “¿Voy a poder?”, “¿tengo claro lo que quiero?”, “¿la gente va a entender?”. No solo el porqué, sino lo que yo quiero transmitir con Mundía, que es mucho más que una marca de skin a base de hongos reishi. Hay un concepto que yo quiero transmitir.
¿Qué era exactamente eso que querías transmitir?
La idea está desde hace más de 10 años: quería hacer mi marca, quería una cosmética distinta. Y lo quería hacer de una manera seria, no quería caer en hacer una cremita, no quería un pote con mi nombre. De hecho, yo quería un desarrollo exclusivo. Es una fórmula que desarrollé con especialistas. Entonces sí fue un trabajo, porque esa semilla inicial y esa búsqueda de qué activos, de qué manera, con qué productos, llevó mucho, mucho tiempo.
¿Cuáles eran los principales miedos y qué te decías a vos misma? Porque a veces el miedo paraliza...
Bueno, durante muchos años me paralizó. Yo busqué excusas, pero en realidad era porque no me animaba a dar ese paso. Creo que mi principal miedo era conmigo, que no me creía capaz de poder hacer otra cosa. Era como: “Yo soy actriz. ¿Cómo de repente voy a hacer otra cosa?”. Y después también tratar de entender en mi cabeza de qué manera lo quería hacer. Yo quería generar algo que me trascendiera y cree una comunidad de cosmetología consciente, simple, aplicable, sostenida en el tiempo, y todo eso tenía su proceso. Porque yo, para hacer Mundía, tuve que frenar lo mío. Y ahí fue como la primera apuesta a poder decir a mi trabajo, a una obra de teatro: “No, me voy a quedar en mi casa”. “¿Haciendo qué?”. “No sé, cómo te explico que es una crema...”. Era rarísimo, no me animaba ni a decirlo. Era: “No, me quedo en mi casa”, y me quedé en mi casa mucho rato, que también es una apuesta, no solo por salir de los medios, sino también desde lo económico. Entonces eran riesgos de todo tipo.

Top (Las Pepas $119.999) falda con herradura (Esquina Esquina). - Créditos: Coni Dietrich
Y también hay algo de cambiar el mindset de cabeza, tenés cabeza de emprendedora ahora. ¿Qué aprendiste de vos en este proceso?
El otro día, yo estaba con la computadora, muy metida y medio a deshora, y mi hija de seis años me dijo: “Mamá, prefería cuando eras actriz”. Claro, estamos todos acostumbrándonos. Un emprendedor no tiene mucho horario, surge un problema y hay que apagar el fuego. Y aparte yo, que soy re freaky, leo un comentario tipo “todavía no me llegó el producto” y ya estoy llamando, porque estoy yo atrás de todo eso. Porque despierta una pasión que no tiene hora ni lugar, porque sos vos 24/7 y todo el tiempo me voy a dormir pensando en cómo puedo mostrar el producto, cómo puedo comunicar lo que quiero comunicar.
¿Y tu pasión por el mundo fungi, dónde nace?
Yo soy muy curiosa, y cuando hay algo que me atrapa, soy de investigar. Me pasa siempre, incluso con la alimentación, como cuando leí sobre comida macrobiótica, me puse a investigar, tomé un curso de comida macrobiótica, fui macrobiótica unos años. Me pasó con el veganismo, con el vegetarianismo. Soy muy de investigar y tomarme a pecho. Cuando escuché, empecé a meterme un poco más y terminé descubriendo un mundo maravilloso que no solo tiene el reishi, que es el que específicamente usamos nosotros, sino una amplitud indeterminada de hongos que sirven para un montón de cosas que están aplicadas hoy en día en la medicina, que son fabulosas.
No solo en skincare, hay usos medicinales, psiquiátricos...
Y yo creo que todavía los seres humanos no conocemos ni estamos explotando el 100% de lo que los hongos tienen para ofrecernos. Hay algo que tiene que ver con el micelio que tienen todos los hongos, que tiene esta conectividad subterránea, esa red que corre por debajo y que conecta el ecosistema del mundo entero. También tiene que ver con esto, ¿no? Cómo todos estamos conectados y todos influimos un poco en el otro. Y específicamente el hongo reishi, las propiedades que tiene para la cosmetología son alucinantes. Cicatriza, regenera la piel, es totalmente hidratante, calma, protege... Entonces era como decir: “Ah, bueno, es espectacular”.

Top y pantalón (Rocio Rivero Art Couture). - Créditos: Coni Dietrich / Arte digital por Pepita
Siento que también está alineado a una búsqueda de simplificar que va más allá del skincare, estamos queriendo simplificar la vida. ¿No te pasa?
Sí, volver a lo esencial, volver a lo que necesito. No necesito más que eso. Lo que tiene Mundía es que es una crema del presente, que te sostiene y que te mantiene con lo que vos sos hoy. Yo me quiero ver hoy espléndida, no quiero que me saques la arruga, la arruga que quizá tengo hasta por reírme, ¿viste? A veces una quiere borrar algo que ya fue, y tampoco te promete que va a prevenirte lo que va a pasar, porque una crema del hoy es una rutina del hoy, que para mí es lo que más tranquila me hace sentir, porque también te genera como esta paz, ¿no?, como que te saca un poco la ansiedad del hecho de decir: “En 15 años, ¿cómo estaré?” No sé.
Para vos, ¿qué es hoy la belleza, a tus 42?
Para mí, no hay nada más hermoso ni nada más bello que la belleza de lo verdadero, ¿viste? Yo soy esto y no me toqué la cara y no me la pienso tocar porque me da terror. Quizás en 50 años le pierdo el miedo y aparezco toda hecha. Pero hoy me da miedo. Y poder abrazar lo que yo soy hoy, que es resultado de un montón de cosas que pasé, me parece que es lo más hermoso. Para mí, no hay nada más bello que lo verdadero, más en este mundo en el que estamos ahora de los filtros. Yo soy re pro de cuidarse la cara, pero que sea sano. Soy re pro de maquillarme, de verme linda, de sentirme cómoda. Pero hay un límite, ¿no?, ¿hasta dónde yo me veo en una foto y no me reconozco?
¿Cuáles sentís que son los mitos fuertes de belleza que nos hicieron mucho daño a las mujeres?
Yo creo que es re difícil. Tengo hijas, una adolescente y otra chiquita, y las veo. Hay algo que está muy incorporado en las redes sociales, en lo que es el filtro, en lo que es la foto, en “sacámela de vuelta”, en que me saco 25 millones de fotos para verme bien, y la veo a la de seis ya diciendo: “Esto no me combina con esto” o “y las pecas que tengo naturalmente, ¿se me van a ir?”. ¿De dónde sale este cuestionamiento hacia lo que te va sucediendo en la cara? Porque ella nació sin pecas y ahora está llena de pecas y está como: “¿Esto se me va a ir?”. Yo no sé, nunca me pregunté en la vida cuando me salió el lunar a los 5 años si me iba a crecer. Bueno, ahí tengo una conciencia de lo estético que es muy fuerte. Yo, mamá actriz, tengo un beauty en mi casa, que tengo 25 millones de maquillajes. Entonces, ¿cómo explicarles que yo también trabajo, tengo un evento y lo tengo que resolver? Quizá por ese lado yo me fui al contrapunto: cuando no trabajo, no uso nada de maquillaje, soy un escracho... Ahí está, ¿ves?
Mirá, lo dijiste vos sola...
Claro, eso es lo que nos pasa a las mujeres: “Sin maquillaje soy un escracho”. Ese es el chip que tenemos incorporado, y mi trabajo más grande es decir: “Pará, no, yo me levanto y soy esto”. Y te llevo al colegio, voy al supermercado, esta es mamá, el resto es trabajo. Está hermoso sentirse bien con una misma. Pero el límite es cuando vos creés que si no te ponés nada sos un escracho, y lo tenemos incorporado, te sale decirlo. Es terrible.
Viste que están las nenas de la edad de tu hija Alba, de 6, 7 años, que están usando skincare, filtros..., ¿cómo lo frenás?
¡Me quiere usar todo, lo tiene prohibido! ¡Prohibido! Porque no está hecho para un niño, tiene cosas que no están aptas para los niños. Los niños no tienen que usar los productos de los adultos. Eso es una bajada que, como padres, deberíamos tener súper incorporada. Es como: el vino se hizo para el adulto y el pucho se hizo para el adulto. O sea, jamás se te cruzaría por la cabeza dárselo a un niño. Bueno, es lo mismo, lo está consumiendo de alguna manera. Todo lo que te ponés por la piel entra.
¿Y te preocupa el paso del tiempo?
Me preocupa estar bien, pero estar bien es estar sana. Si vos tenés una piel sana y la cuidás, la verdad es que es como la parte de la salud. Como cuando una va creciendo y se va haciendo estudios más seguido, tenés que controlarte, tenés que cuidarte. Bueno, la piel es lo mismo, quizá cada vez le tenés que dar más bola, pero como a todo. Yo la veo a mi hija, que tiene 17 años, se levanta y la cara tiene el glow natural porque tiene el colágeno natural. Pero bueno, eso se va acabando, entonces tenés que encontrar recursos para sostener esa vitalidad natural.

Vestido, chaqueta de denim y sombrero simil piel (Valentina Karnoubi). - Créditos: Coni Dietrich
¿Qué otros hábitos sostenés para sentirte bien?
La alimentación, pero me gusta mucho cocinar también y tengo una huerta muy grande en mi casa. Tratamos de sacar muchos alimentos de ahí, que en realidad lo que te hace la huerta es más una conexión con eso, que me lleva a la conciencia, ¿viste? Entonces, cuando voy a un supermercado o a una verdulería, trato de ir por los productos de estación, no por ir en contra, porque conozco lo que es de verdad y lo que está “pichicateado”, porque no existe. Digo, es imposible que te crezca una frutilla en julio. Bueno, entonces esta frutilla algo raro debe tener, o averigüemos de dónde viene. Me parece que tiene que ver con eso, con la conciencia, y después con entender que hay cosas industrializadas que hacen mal, y trato de hacerlas en casa. Por ejemplo, a mis hijos les gusta comer galletitas, y en vez de abrir un paquete, les hago galletitas con las cosas que tengo en casa.
Ahora, en esta nueva etapa emprendedora, ¿cómo ves a tu Agus actriz?
Mientras estaba haciendo las fotos con ustedes, me llegó un mensaje de mi mánager para ofrecerme una obra para mitad de este año. Todo este tiempo decía: “Ay, no, le voy a decir que no porque no puedo”. Pero bueno, ahora contesté: “Dejame que la lea y te digo”, porque también es como que en un momento todos estaban tipo con el luto de Agustina actriz..., ¡no! Es algo que nunca voy a dejar de hacer, pero sí me va a permitir elegir qué hacer. Pero en algún punto también no sé quedarme en mi casa sin hacer nada. Mundía me lleva mucho tiempo, pero creo que quizá pueda entrar en algo más esquematizado y un poco más armado que me permita, por ejemplo, poder hacer una obra de teatro. Pero me tiene que encantar, me tiene que volver loca.
¿Sos disciplinada y organizada con el emprendimiento o sos medio bardo?
No, estoy aprendiendo a organizarme, porque toda la vida me organizaron el día. Entrás citada a las 7 de la mañana, grabás dos escenas, tenés un bache de dos, te vas a exteriores, grabás cinco, termina tu día 6:30. Hermoso. Ahora la tengo que armar yo a la agenda y entender que todos tienen horarios. Me re costaba al principio y era: “Ay, perdón la hora”, y Agustina zarpada que a las 11 de la noche se le ocurrió algo y ya quiso comentarlo. No, no era por ahí. Pero sí me avivo o pido perdón. Voy aprendiendo.
¿Qué es lo más difícil hoy de tu maternidad, criando niños y adolescentes?
Las demandas son muy diferentes, creo que eso es lo más difícil, porque todo el tiempo tengo que cambiar el chip a ver a cuál le estoy hablando, porque como madre vos tenés una bajada de qué sí, qué no, pero hay cosas que la de 17 sí, pero el de 3 no, ¿viste? A veces Nilo me dice: “Mamá, tengo una juntada, termina a las 4, ¿me vas a buscar?”. “Sí, sí”. “¿En serio?”, me dice. Digo: “Ah, no, no”, porque es Nilo: “Vos hasta la 1:30, 2 y te voy a buscar”. Como que me pasan esas cosas. Pero nada, voy haciendo todo al unísono. Hace un rato, me escribe Muna: “Mamá, aprobé, mañana tengo una prueba. ¿Cuando llegás me ayudás a estudiar?”. Entonces sé que en algún momento del día me tengo que sentar con ella a estudiar porque mañana tiene dos exámenes. Por otro lado, Nilo que ya terminó y me dice: “Mamá, quiero empezar el gimnasio, ir a correr” y le digo: “Bueno, dale, te llevo”. Soy un Uber, ese es mi nuevo emprendimiento... (risas). Mami Uber: vas, venís, vas, venís, vas, venís.

Top (consultar precio) y falda (Jazmin Chebar, $390.000). - Créditos: Coni Dietrich / Arte digital por Pepita.
Y con los chiquitos, ¿te cambió en algo ser mamá con la cabeza de 40?
Cuando eran bien bebés, tenía mucho más miedo de todo. Quizá por la conciencia que una tiene siendo más grande de los peligros. Me acuerdo con Muna, a los 25, sentía como que iba más liviana, ¿viste? Después, con la experiencia, decís: “Ah, qué peligro es la vida”. Todo es un dilema. Eso por un lado, pero por el otro, mucho más relajada en muchas otras cosas. De hecho, Muna muchas veces me dice: “Ay, mamá, si yo hubiese hecho eso, me hubieses dicho tal cosa”, y bueno, ya está. Bono, pobrecito, el cuarto que también se va haciendo el lugar y aparte lo educan todos, de repente el de 14 se cree con derecho a retar, por ejemplo: “Bono, no toques eso”. Entonces, el nene va como diciendo: “¿Quién me va a cagar a pedos ahora?”.
Y lo bueno es que los más grandes también cuidan a los más chicos.
Sí, pero a veces tenés que poner un límite porque de repente se lo toman muy a pecho, juegan a ser los padres.
¿Y qué aprendiste en estos años sobre los desafíos de una familia ensamblada? ¿Qué cosas lindas rescatás de esa experiencia?
Bueno, mi caso es muy particular. El ensamble sucedió hace tantos años y tan naturalmente que somos una gran familia todos. Ahora es como que estamos muy acostumbrados a que somos todos juntos, y para los chicos sobre todo hay una naturalidad ahí que se da muy hermosa. Tanto de mis hijos más grandes con Tomás (Vera), que es el papá de Alba y Bono, como de Alba y Bono con Gasti (Pauls), que lo aman profundamente y que muchas veces, ante todas las opciones que tienen, eligen ir a la casa de Gasti con sus hermanos.
¿Hacen pijamadas en lo de Gastón?
¡Re! Ellos tienen dos hermanos más grandes que tienen dos casas, entonces, cuando eran más chiquitos, era como: “¿Y a dónde se van Muna y Nilo?”, y yo les decía: “A la casa del papá”. “Yo quiero ir”, pedían, y Gasti me decía: “Bueno, vengan”. Entonces, en realidad, cuando les tocaba con Gasti, Gasti se los llevaba a todos, a los cuatro. Vivimos en el mismo barrio, a tres cuadras, entonces eso, cuando eran chiquitos, era como: “Bueno, si se pone a llorar o no sé qué, te lo llevo”. El tema es que fue pasando y los pibes nunca se ponían a llorar, se quedaban, y bueno, se terminan quedando los cuatro. Y Gastón, en ese momento, también los abrazó, y mis hijos más chicos tienen un lugar, un espacio en la casa de Gastón también. Entonces, es como que la casa de Gasti también es su segunda casa.
¿Y qué mantra de mamá te repetís cuando estás medio desbordada?
“Paciencia, Agustina”. Mis hijos me cargan, me imitan muy bien, Nilo es un gran actor, es un gran imitador. A veces digo: “Wow, qué fuerte lo que estos pibes ven”, porque yo de repente hago como un llanto, como que me largo a llorar delante de ellos, como “no puedo más”. Les hago eso y ellos me imitan. Es muy espectacular. Si tengo que pensar en algo para volver al eje, es cuando lo veo a Bono, pienso en Nilo, que encima son muy parecidos, y digo: “¿En qué momento Nilo se transformó en lo que es y era Bono?”, y quiero abrazar a Bono, porque en dos minutos va a ser como Nilo, y como que pasa muy rápido, ¿no? Pasa muy rápido. El otro día nació mi ahijado y yo estuve en el parto, fue re movilizante. Llegué a mi casa y lo vi a Bono, que es mi bebé, entonces lo abracé y le dije: “Ay, prometeme que siempre vas a ser mi bebito”. “No soy bebé”, me dice. Digo: “Pero prometeme que siempre”. “Bueno, mamá, si vos querés, sí. Voy a ser tu bebito siempre”. Me mata, porque veo que crecen, pasa muy rápido.

Top plisado con brillos y pantalón (Rocio Rivero Art Couture). - Créditos: Coni Dietrich / Arte digital por Pepita.
¿Cómo acompañás a Muna y a Nilo, que tienen su vocación artística tan a flor de piel?
Estando atrás. Digo, más que con palabras, es con actos. La verdad es que no los soltamos nunca, siempre están acompañados. Cada propuesta que tienen se analiza, en la carrera de los dos hubo más “no” que “sí” y así vamos. Bueno, en el caso de Muna también es un mundo muy nuevo porque tiene que ver con la música, con una compañía discográfica y todo lo que eso tiene, y es estudiar, es entender, es asesorarme, llamar a mis amigos músicos y decirles: “¿Cómo se firma un contrato?”. Todo es más nuevo. Con Nilo, que tiene que ver con la actuación, es más fácil porque una ya tiene un camino recorrido y conocés a todo el mundo dentro del ambiente. Es acompañarlos, igual ellos nos vieron, tienen padres actores, entonces es como que conocen el medio. Lo entienden perfecto, no hacen planteos. Confían en nuestro criterio.
Recién nos contaste que estuviste en la experiencia del parto de una amiga. ¿Cómo fue para vos estar de ese otro lado?
Uno de los regalos más lindos que me pudo hacer mi amiga fue ese, porque si algo me faltaba, era eso. Aparte, yo soy muy fanática de los embarazos, de los partos, de la maternidad en sí. Me gusta parir, tuve buenas experiencias y cuando me lo dijo era como: “No puedo creer esta situación", y estar de ese lado y vivir todas sus contracciones y yo dándole todas las herramientas que a mí me sirvieron para ese momento. Fue una locura. Ver nacer a un ser humano es algo maravilloso que no todas las mujeres tenemos la posibilidad de ver desde fuera; si sos la madre es otro cuento, digamos...
¿Qué soñás para este año? ¿Qué te ilusiona del futuro?
Ya que sea el 26 me gusta porque yo con la numerología soy muy amiga y me encanta el número 26, la suma del 2 y el 6, el 8. Si me pongo a hablarte de numerología, por favor, cortá y poné play de vuelta. Me encanta. Soy como muy cabulera de los números.
¡Así que el 26 te cae bien!
Me cae bien el 26. Ya veo que es un año de mierda (risas)... Pero bueno, a mí me cae bien y viste que también cuando una pone el ojo, pone la vara alta, manifiesta y va. Pero tengo esta expectativa de ver crecer Mundía desde un lugar genuino, después de tanto trabajo y tanto esmero, y no correrme nunca de desde qué lugar se fundó, ¿viste? Porque es muy rápido. Ya lancé cuatro productos y me dicen: “¿Para cuándo un contorno de ojos?”. Y yo tipo: “No, Mundía no es eso”. Que no quiere decir que no aparezcan nuevos productos, pero si aparece uno, va a ser porque realmente yo necesito un nuevo producto en Mundía. Ahora, hacer por hacer, inventar por inventar, no.
¿Qué es lo último que aprendiste sobre vos misma?
Bueno, esto, que puedo aprender algo nuevo.
¿Porque hacía mucho que capaz no tenías esta sensación?
No, yo no estaba sorprendida de lo que yo podía hacer. Podés tener un personaje nuevo que te genera un desafío. Pero que en algún punto vos sabés si lo podés hacer o no, si te va a costar o no, desde qué lugar lo vas a encarar, pero no había ninguna novedad. Y descubrí una Agustina en una hoja en blanco, de decir: “Bueno, ¿cómo organizo esto? ¿De quiénes me quiero rodear? ¿Con quién quiero trabajar todos los días? ¿De qué manera quiero trabajar?”, porque también tiene que ver con eso. En ese sentido, yo soy bastante soldadito, como que soy muy de que lo que te digo te lo cumplo... Entonces también encontrar a esa gente que entienda cómo trabajo yo, de mucha responsabilidad y eso... Me encuentra contenta con el hecho de decir: “Re pude, ¿viste? Lo logré”.
Arte digital por Pepita.
Maquilló Mili Spagnuolo para Estudio Frúmboli.
Peinó Nacho López Fagalde.
Agradecemos a Ronda (@ronda.ba) y a Oriana Perdoncin su colaboración en esta nota.

Euge Castagnino Editora de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Es fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.
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