Natalia Oreiro atraviesa un momento de esos en los que mirar hacia atrás también sirve para preguntarse quién quiere ser de ahora en adelante. Mientras estrenó hace algunos días Yo, Narciso, la película argentina que está arrasando en los cines y ya es la más vista del año, la actriz se permite una pausa para revisar algunas certezas propias. ¿Qué cosas todavía le importan? ¿Cuáles ya no? ¿Cuánto pesa la mirada ajena cuando creció bajo la atención permanente del público?
Mientras aprovechamos la llegada de la primavera para llenarla de flores, alegría y color, en esta charla Nati tampoco esquiva la polémica a partir de volverse centro de la conversación pública después de sus declaraciones en la mesa de Mirtha Legrand, por las que fue señalada por sectores del poder político. Con la misma convicción con la que defiende la necesidad de ponerse en el lugar del otro, reflexiona sobre el privilegio, la responsabilidad de sentirse parte de una sociedad y la importancia de no invisibilizar aquello que incomoda.
Contanos un poco cómo fue volver a la comedia, volver a trabajar con Adrián Suar…
Fue re lindo. A mí me gusta mucho hacer comedia porque siento que vuelvo contenta a mi casa, ¿no? Es como que llego y estoy feliz y me levanto feliz. Con Adrián, hacía 13 años que no filmábamos juntos, pero siempre estábamos en contacto para ver si volvíamos a hacer algo. Y, cuando apareció este proyecto, me gustó porque es muy diferente, es una comedia brillante. Y él es un actor muy generoso porque te da el espacio también para tener ese ida y vuelta tan importante. La actuación se trata más de mirar al otro, de escucharlo y no necesariamente de responder, ¿no?, que es un poco el tema de la humanidad. A veces yo siento que todos, y me incluyo, escuchamos para responder, pero no para comprender.
Y la peli trabaja, desde la comedia, un tema que no es gracioso, el tema de las personalidades narcisistas. ¿Qué aprendiste vos sobre el narcisismo haciendo esta película?
Es una patología incurable. Es algo, por supuesto, súper serio, que quienes tienen una pareja o un jefe narcisista pueden salir muy lastimados. Es difícil en un principio darte cuenta porque son personas encantadoras que siempre están como arriba. Incluso tendés como a cierta admiración hacia esa seguridad que tienen, pero poco a poco te van convenciendo de que tenés muchas fallas vos. Me parece interesante que desde la comedia se toque un tema tan serio porque creo que el cine abre las historias, ¿no? La ficción también abre puertas y abre el debate. Y la comedia siempre es una buena manera de entrar, porque desde la risa uno entra y después te quedás pensando y reflexionando. Están yendo un montón de hombres y mujeres, yendo en manada para etiquetar después al ex que las hizo sufrir. Tengo miles de mensajes así.

En algún momento, tu personaje es el que dice que todos tenemos nuestra cuota de narcisismo. El tema es cuando se te va de mambo.
Yo creo que igual hay como una pequeña confusión, y es más que entendible porque es muy finito el límite entre el yoísmo, el egocentrismo y el narcisismo. Ser narcisista es una patología. El egocentrismo, creo que es parte inherente al ser humano… y depende, básicamente, de que cuando sos muy ególatra, a quien más lastimás es a vos mismo. Porque todo te duele y lo tomás personal, cuando en realidad nada es tan importante, ¿no? Pasa que el narcisista no tiene ese sentimiento, no siente culpa. Y el egocentrista sí, ¿viste? Es como que el egocéntrico es el que siempre piensa que están hablando de él, que siempre tiene la razón, que siempre todo lo pasa por él, que sus experiencias son las más interesantes. Bueno, en la actuación, por supuesto que somos re egocéntricos. Algunas personas más que otras, algunas lo manejan más que otras. Pero en la vida en general, al final siempre es el ego el que te hace sufrir.
¿Cómo es tu propia relación con eso? ¿Cómo manejás tu ego? ¿Cómo se maneja internamente para que eso no se te suba a la cabeza?
No sé. Creo que si yo a la noche, cuando voy a dormir, puedo dormir, o sea, puedo apoyar la cabeza en la almohada y decir: “Nada de lo que pude haber hecho fue hecho con una intención para lastimar o para enredar”, ya está. Después, por supuesto que nosotros queremos hacer lo que hacemos para gustar, para que guste nuestro trabajo. Y si te referís también a algo que tiene que ver con la imagen, obvio que la cuido un montón porque es mi instrumento cuando estoy trabajando, es algo natural porque lo hago desde tan pequeña, pero yo en mi vida soy bastante simple. Y no es un mérito. Todos somos así cuando nos levantamos y cuando nos vamos a dormir, pero no me maquillo, no me peino, uso ropa bastante relajada. Es como que sé que es lo que toca y hay que aceptarlo.

No puedo no mencionar que hace unos días estuviste en la mesa de Mirtha y hablaste del tema de la empatía: me parece muy relevante que hayas dicho lo que dijiste. ¿Qué significa para vos hoy ser empático en este contexto?
Y, es ponerse en el lugar del otro, es que lo que le pasa a otra persona no te siga de largo. Es sentir, es saberse en un lugar de privilegio y, mínimamente, que las personas se sientan vistas. Yo, como embajadora de UNICEF, he tenido la oportunidad de viajar mucho por la Argentina y por otros lugares del mundo y, obviamente, que es importante los insumos que se llevan a través de las donaciones que se hacen, pero ¿sabés qué? En estos 15 años que llevo, lo que más descubrí es el agradecimiento por sentirse vistos, porque hay como una realidad tan impactante que, lamentablemente, pareciera que la sociedad se acostumbra a que eso esté ahí. Entonces dejás de verlos y, cuando dejás de ver algo porque no querés que te conmueva, porque si te conmueve tenés que hacer algo con eso, los invisibilizás. Y eso para mí es lo más triste que puede hacer una persona.
¿Sentís que un poco nos falta más empatía en general como sociedad?
No, yo no generalizaría porque yo creo que hay más gente buena que de la otra. Lo que pasa es que los otros hacen más ruido.
¿Te sorprendió un poco toda la reacción que se generó a partir de lo que vos dijiste?
Lamentablemente, no. Y digo lamentablemente porque no es una sorpresa. Debería ser algo extraordinario eso y parece que es algo de costumbre. Pero es lo que es.
En la nota que hicimos en el 2023, vos dijiste algo así como que está buenísimo jugártela por tus ideales, porque hay otros artistas que quizás elegirían no decir o callar...
Eso es una decisión política.
Vos siempre fuiste muy comprometida y siento que estás dispuesta a pagar ciertos precios por decir las cosas que pensás o que sentís...
No, porque no lo pienso. O sea, si uno pensara “tengo que pagar este precio”, por ahí no lo haría, sinceramente. Yo intento ser una persona respetuosa y, cada vez que yo digo un comentario, por supuesto que también me puedo equivocar en lo que digo, pero no creo faltarle el respeto a nadie con una opinión. De hecho, se supone que deberíamos poder expresarnos todos. Entonces, creo que desde el respeto uno puede decir lo que siente. Después, bueno, del otro lado se puede interpretar de diferentes formas.

Más allá de lo expansiva que estás en lo laboral, ¿en qué momento personal sentís que estás hoy?
Bastante revisionista de mí misma. No por ponerle tanta cabeza, sino por decir, “bueno, en qué mujer me estoy convirtiendo y qué tipo de mujer quiero ser”. Y yo creo que eso es un día a día. Cuando tenía 16 o 17 años, que llegué a la Argentina, era un pedo, o sea, era un torbellino, ¿viste? Y hay algo de esa energía que la utilizo mucho para la actuación, para los personajes más picantes, pero después, en mí hoy, me siento más reflexiva, más pausada. No me gusta ir tan rápido, aunque haga mil cosas al mismo tiempo, porque las mujeres somos de hacer muchas cosas al mismo tiempo. Tenemos la cabeza en muchos lugares, pero en cosas que por ahí ya no resuenan conmigo o espacios que ya no resuenan conmigo. Sí, como bastante observándome, diciendo: “Esto me hace bien, esto no me hace tan bien”.
¿Y qué cosas sentís que antes quizás te importaban más y ya no te importan tanto?
La aprobación. Este año me entregaron un reconocimiento en Málaga, la Biznaga de Honor, que es como a la trayectoria en el cine. Y bueno, primero me impactó muchísimo, porque una se cree re pendeja y de repente…
Ya te empiezan a entregar premios a la trayectoria y decís: “¡¿Qué está pasando?!”.
Pero invitaron a varios directores con los que yo había tenido el privilegio de trabajar y dijeron unas palabras tan conmovedoras, no como la actriz, sino como la persona. Y en el instante que subí, que había pensado alguito para decir, dije cualquier cosa porque me di cuenta de que yo elegí ser actriz para que me quieran, ¿no? Y empecé a pensarme de niña, cuando quería actuar y llamar la atención de mis papás, y yo dije: “Claro, yo quería ser actriz para que me quieran, para que mis padres me vieran”. Y eso, cuando sos joven, influye mucho en la aceptación del otro, porque, si bien siento que es una vocación la de actuar, si solamente fuera eso, no me importaría tanto la opinión. Decir: “Bueno, esto es lo que yo soy, mejoraré para ser cada vez mejor actriz”. Pero cuando estás tan pendiente, yo creo que es algo de qué te falta o que te faltó. Y no porque mis padres no me hayan mirado o porque mis padres no me hayan querido, para nada. Pero me pasa ahora de grande, de reflexionar sobre esas cosas.
Y ahora, con todo esto, el amor que te vuelve… porque me imagino que del público recibís toneladas de validación, de mirada y de reconocimiento.
Y creo que pasan las dos cosas. Creo que la televisión ha influido mucho en ese cariño del público, porque me metí directamente en su casa, en su cama, en su cocina. Generaciones me vieron crecer, con sus abuelos que ya hoy no están, entonces tienen el recuerdo de cierta telenovela que compartían. Eso yo creo que fue gran parte de ese amor que siento. Y después creo que también el hecho de haber interpretado a lo largo de los años personajes tan interesantes como Gilda, Evita, Muñeca Brava, Infancia Clandestina, o sea, personajes que quizás por ellos mismos tenían ese grado de conmover que, hizo que gente muy diversa, de edades muy distintas, me pare y me haga una reflexión de tal o cual película o tal o cual serie. Y para mí es impactante eso.
¿Te queda algún personaje que decís: “Ay, me encantaría no morirme sin hacer este personaje”?
Sí, hace muchos años que digo que me gustaría hacer a Juana Azurduy, pero es muy complejo hacerlo, lo veo bastante lejano. Igual yo soy Tauro, con ascendente en Tauro. Los taurinos, es difícil que sueñen algo que no puedan hacer.

El otro día charlando con Moria Casán por la serie, ella me dijo algo que me quedó: “Yo nunca negocié mi libertad”. ¿Qué sentís que es lo que vos jamás negociaste, Nati?
Yo coincido con eso. Un par de veces en mi vida tuve que tomar decisiones más profesionales que tenían que ver con el rumbo de los personajes que yo quería hacer o el tipo de carrera… aunque a mí la palabra “carrera” no me gusta porque siento que pareciera que uno tiene que llegar a algún lugar y me parece que el camino es lo más bonito. A esas decisiones de que mi carrera fuera hacia determinados personajes más dramáticos, eligiendo la comedia, pero también pudiendo crecer con mujeres que hayan sido atravesadas por una realidad tan dura y que con eso hayan podido hacer algo, y yo lo llamé “El precio de mi libertad”, cuando dejé de cantar. Yo estaba en un momento muy bueno musicalmente, y de repente dije: “No voy a grabar más discos”, y fue… ¡imaginate, con la compañía! Y sí, tiene que ver con eso, con el precio de la libertad. Uno se construye más con los no que con los sí, en un punto. Obvio que cuando sos joven o empezás, le decís que sí a todo. Es todo: sí, sí, sí, sí. Y después empezás a decir: “Bueno, buenísimo, pero ¿qué querés vos?, ¿qué elegís?”. Y cuando tenés el privilegio de poder elegir, es una gran responsabilidad.
¿Algún “no” que hayas dicho últimamente que te haya hecho sentir bien? Viste cuando una tiene que poner límites a ciertas demandas externas.
Sí, todos los días. Y el afuera muchas veces se enoja o no comprende que uno haya quizás cambiado, crecido. Antes necesitaba una aprobación constante y ahora acepto que a alguien no le guste lo que yo pienso o digo. Pero si yo estoy tranquila, es suficiente.
¡Que digan lo que quieran! (Risas)
¡Mirá! Yo hice esa canción… ¡Sí! Bueno, voy a hacer un disco para los 30 años de mi primer disco. Voy a volver a cantar.
¡Ah, bueno! Hay que volver a incluir “Que digan lo que quieran” a full ahora. ¿Se viene con colaboraciones?
Sí, pero no es para ahora, en un añito más o menos.
A nivel maternal tenés el desafío de criar hoy a un adolescente, con todo lo que ello implica. Hablando de límites, ¿qué desafíos te trae Atahualpa hoy, con sus 14?
Y que es necesario que puedan tomar distancia y ser ellos mismos, ¿verdad? A las madres, nos dan muchos consejos para maternar cuando tenemos hijos. Igual, el camino es personal, pero nadie te dice cómo hacer para soltar a un preadolescente. Y es tan importante saber hacerlo que ese justamente es el desafío que más me interpela hoy: saber qué tipo de madre necesita mi hijo hoy. Porque, digamos, uno siente que te necesita en todo y cada vez te va a necesitar menos. Y lo interesante es también tener una confianza tan grande como para que siempre quiera volver por amor y no por necesidad. Pero es muy doloroso para las madres soltar y sentir que no te necesitan, pero es entender, o intentar entender, porque yo estoy como en el proceso, que es importante para ellos, para su autoestima, para su autonomía, y que no te lo hacen a vos, que después va a volver ese ser. Igual, yo debo decir que tengo un hijo muy dulce, muy comprensivo, muy cariñoso y que puede poner en palabras también lo que le va pasando.
¿Qué compartís con él?
Todo. Soy una mamá presente, lo acompaño a todos lados. Me gusta volver a tener esa cuota de infancia mía, lúdica. ¿Nos tiramos por un tobogán? ¡Nos tiramos por un tobogán! ¿Trepamos acá? ¡Trepamos acá! Y siempre estar atenta. “¿Tenés ganas de hacer esto?”. Ir juntos a ver mucho cine, acompañarlo en sus actividades, involucrarme en procesos de su escuela. Que él sienta que yo voy a estar y tener mucho diálogo, mucho diálogo, que para mí el pensamiento crítico es lo más interesante que él puede tener, que él puede escuchar todas las voces, pero que siempre su opinión va a estar por encima incluso de las personas que más lo aman, que son sus padres. Y que sea lo que sea que él decida, aunque quizás lo que decida pueda lastimarlo y pueda tener cierta consecuencia, que sepa que acá nadie lo va a juzgar, se lo va a acompañar, aunque me pueda enojar porque no quiero que sufra o porque no quiero que se lastime.
¿Tenés algún miedo?
Todos. Es que ser madre es conocer el miedo. Yo hacía trapecio de vuelo. Fui mamá, no hice más nada de todas esas cosas. En su momento, no me podía pasar nada porque hay un ser que me necesita, y ahora que, ¡por favor!, no le pase nada, que nadie lo lastime. Y la vida no es eso. Ya sé que te tenés que lastimar para aprender y no voy a estar siempre para sostenerlo. Es que él no quiere eso. ¡La que no quiere soltar soy yo! Porque antes vos eras su único mundo. Ahora él tiene un mundo mucho más interesante que sus padres.
¿Qué tomás vos del mundo de Ata que antes no tenías?
Mirá, Ata todos los días me enseña algo precioso. Le pregunté: “¿Qué querés para el Día del Niño?, y me dijo: “No necesito nada”. Y yo no sé si me lo dijo como para decir “yo ya estoy grande, no soy un niño”, o de verdad que no es un niño que pida nada. Tiene todo, obvio, entonces es fácil no pedir cuando las cosas las tenés. Pero me acuerdo mucho de algo que él me dijo una vez que era muy chiquito, que estábamos andando en bicicleta, cosa que seguimos haciendo. Yo, obviamente, iba mirando que no se caiga, que si tenía el casco, además sacando el celu a ver si lo podía filmar por esta cosa de pesadas que somos todo el tiempo grabando, y me dice: “Mamá, mamá”. Y yo: “¿Qué?”. “Sentí el vientito en la cara”. Me mató. Me llevó como a una realidad preciosa, que era lo que estaba pasando en el momento. No perder el instante único e irrepetible que es ese.

Están cerca con Ricardo Mollo de cumplir los 25 años..
Sí, cumplimos 25 de estar juntos y, a fin de año, de estar casados.
¡Wow, te felicito!
No creo que sea algo para felicitar. (Risas)
No, porque estamos en tiempos donde se ven menos las parejas que se sostienen.
Al contrario, siento que eso está bien. No es nuestro caso porque nos elegimos y todos dicen: “¿Cómo es la fórmula?”… Es que no la hay, es elegirte todos los días. Pero yo celebro que las parejas decidan separarse porque antes nuestros padres o nuestros abuelos estaban en parejas en las cuales ya no tenían un por qué estar juntos, o, sobre todo del lado de la mujer, era muy importante la independencia económica para poder decidir separarte. Y el tema de la maternidad y la sociedad, cómo juzgaba, sobre todo antes, aunque todavía sigue siendo más difícil para nosotras. Entonces, yo celebro que cuando algo no funciona, no funciona… te enamorás, y cambiás y cambiás, digamos… es la vida y es así. Yo creo que el único amor para toda la vida es el de los hijos. O sea, que no es al revés, porque los hijos después se van a enamorar y van a tener sus propios hijos, pero el resto es hasta que dure, mientras te haga feliz.

¿Qué es lo último que aprendiste sobre vos misma?
Algo que siempre pensé que no tenía y me doy cuenta de que tengo, y mucha, es la paciencia. Como que yo siempre fui como: “Todo ahora, todo ya”, y la verdad que no. Y hay cosas que me han llevado mucho tiempo y he sido, creo, consecuente con eso, pero no sé si es que aprendí de eso. Es como decir: “Ah, soy una persona paciente”. Además de tener mucha paciencia con las personas.
¿Soñás algo sobre lo que se viene?
No, yo creo que al menos está bueno saber lo que no querés, pero saber todo el tiempo lo que querés, ¡uy, qué trabajo!
¿Algún mandato femenino que ya sentís que abandonaste?
No sé cómo responder eso a veces. Es que nosotras, o sea, las mujeres adultas que trabajamos, tenemos mucha gente que nos ayuda, que nos arregla el pelo, la cara, la ropa, nos iluminan. Entonces es fácil no preocuparse por eso porque hay otros que se preocupan. A mí hoy, a mi edad y en vistas de lo que viene, lo que más me importa es estar con salud, ¿viste? Es obvio que quiero verme bien, por supuesto, no es que no me importa, pero me importa mucho el tema de la salud, de cómo cuidarme, de qué tipo de alimentos comer. Todo eso me parece súper importante porque la idea de vivir mucho es vivir bien. Para vivir mal, yo no quiero.
Equipo y agradecimientos
Maquilló Karina Camporino.
Peinó Diego Perla.
Agradecemos a Belu Lozano de Blomster Flower (@blomsterflower) su colaboración en esta nota.
Asistente de estilismo: Miranda Amado.
Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Creadora de contenido, fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.


