¿En qué se diferencia una persona de una marca? Las personas pueden ser nuestras amigas, nos pueden cebar mate, acompañarnos al dentista si nos da miedo y darnos una mano en la mudanza. Las personas nos entienden y nos prestan un hombro cuando estamos mal. No hay con qué darles a las personas. Las marcas, por otra parte, no nos pueden ayudar en la mudanza o ser nuestras amigas. ¿O sí?
Las marcas se esfuerzan en y trabajan para comunicar u construir una serie de valores, su estilo de vida, sus expectativas y su visión del mundo. De igual manera, las personas eligen una forma de vestirse, una ideal político o religioso y —hasta cierto punto— una forma de hablar.
Es así que las marcas y las personas empiezan a parecerse. Y si bien las marcas tienen muy en claro como parecerse a personas, a las personas nos cuesta mucho más pensar como una marca. Bienvenidos, entonces, a la era de la marca personal.
¿Cómo transformo una persona en una marca?
- ¿Qué es lo que quiero decir?
- ¿A quién le hablo?
- ¿Desde dónde hablo?
- ¿Cuáles son mis valores y punto de vista?
- El diseño es todo
- Publique, mide, enjuague y repita
En resumen, en un mundo donde abunda la tecnología y donde la información está a un clic de distancia, paradójicamente lo que crece es el valor de lo humano, tanto se trate de personas como de marcas. Porque, después de todo, detrás de una marca personal está siempre lo más importante: una persona que quiere contar algo y otra que escucha.
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