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Maternidad: ¿por qué no me da culpa tratar al segundo hijo como “el segundo”?

Lo que dicen es verdad: con el segundo hijo el corazón se expande. Lo que no se expanden son las horas del día, ni la energía, ni los recursos económicos.


La crianza cuando son dos hermanos

La crianza cuando son dos hermanos - Créditos: Pixabay



Con mi segundo bebé entendí que lo que dicen es verdad: el corazón se expande. Lo que no se expanden son las horas del día, ni la energía, ni los recursos.

Así que Río, el más chiquito, está teniendo una mamá muy distinta que Teo, el más grande:

  • No me siento mil horas a jugar. Y, cuando lo hago, a veces tengo el celular en la mano, intentando terminar de trabajar y, otras, está también el hermano, así que mi atención está dividida.

  • No lo llevo a todos lados. O a veces lo llevo durante su siesta en el cochecito, en vez de que la haga prolijamente en su camita.

  • Estoy menos atenta a su alimentación. Confieso que ha probado caramelos del hermano. 

  • No le saco quinientas fotos por día. O sea que me olvido de que me lleguen recuerdos de Google que me recuerden cómo era Río en esta época, como me pasa con Teo. 

  • Visitamos menos al pediatra. Y hasta me atrasé con alguna vacuna.

  • Casi no le compro ropa nueva. Entre la ropa de Teo y la de los hijos de mis amigas que me fueron llegando, es raro que necesite algo.

  • Sus juguetes también son heredados. Y muchos tienen alguna pieza que le falta o las figuritas despegadas.

Y, ejemplos como estos, mil. Son cositas que a veces me dan un poco de culpa, especialmente cuando recuerdo la dedicación que le ponía a la maternidad cuando recién estrenaba el rol. La papilla de zanahorias orgánicas, los miles de blogs sobre estimulación temprana, las juntadas con amigas con bebés, las clases de cantando con mamá… Todas cosas para las cuales hoy no me da la energía, ni la atención.

Pero tengo claro que Río tiene algo que su hermano no tuvo: una mamá con más experiencia. Y esto tiene sus beneficios:

  • La lactancia me resultó más fácil. Tomó teta sin problema (y sigue tomando hoy), desde el primer día. Y esto fue gracias a las incontables visitas con las puericultoras que me ayudaron con Teo.

  • Ya sé que con jeringa toma mejor los remedios, que la pasta Lassar cura cualquier paspadura, que un raspón en la rodilla no es grave, que es mejor decirle lo que SÍ puede hacer que lo que No puede. Cosas que aprendí con prueba y error.

  • Estoy menos apurada para “volver a ser yo”, y disfruto más cada momento. Porque ya me amigué con que mi cuerpo ahora es diferente, con el tener poco tiempo para mí y con el hacer pipí acompañada. Y porque sé que este tiempo en el que es bebé pasa rapidísimo, y que después lo voy a extrañar.

¿Y qué más tiene Río, a diferencia de Teo? A su ídolo máximo: un hermano mayor que lo lleva de la mano a la plaza, lo defiende de cualquier reto, le enseña a destruir las torres de bloques y me dice “es un bebé, mamá, tenele paciencia”. Creo que, al final, sale ganando.

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