
Rosácea en invierno: por qué empeora y cómo cuidar la piel cuando bajan las temperaturas, según un experto
El frío, el viento y los cambios bruscos de temperatura pueden intensificar los síntomas de la rosácea. Qué hábitos evitar, qué ingredientes priorizar y cómo armar una rutina que proteja la piel.
30 de abril de 2026 • 10:33

Rosácea en invierno: por qué empeora y cómo cuidar la piel cuando bajan las temperaturas, según un experto - Créditos: Getty
El invierno no solo cambia el guardarropas: también transforma la piel. Y en el caso de la rosácea, esa transición puede volverse especialmente compleja. Enrojecimiento persistente, sensación de ardor, brotes inesperados: lo que en verano parecía controlado, con la llegada del frío puede intensificarse.
Lejos de ser casual, este comportamiento tiene una explicación. La rosácea es una enfermedad crónica inflamatoria, que cursa con períodos de exacerbación y remisión. "Existen ciertos desencadenantes que favorecen la hiperreactividad vascular propia de esta patología como ser los cambios de temperatura bruscos (el paso del frío extremo a ambientes cálidos), la ingesta de líquidos calientes y las comidas copiosas típicas de esta época del año. Suelen incrementarse en invierno y también la agravan, la ingesta de alcohol y picantes”, explica Dante Surachi (MN: 125.647), médico dermatólogo de la División Dermatología del Hospital de Clínicas de la UBA.
A esto se suma un factor ambiental clave: la pérdida de hidratación. “La rosácea presenta una disfunción de la barrera cutánea, que empeora con la disminución de la humedad ambiental y la agresión física continua del viento frío, ambas aumentan la pérdida transepidérmica de agua (TEWL), resecan la piel y agudizan el cuadro”, agrega el especialista.
Hábitos de invierno que juegan en contra

Rosácea en invierno: por qué empeora y cómo cuidar la piel cuando bajan las temperaturas, según un experto - Créditos: Getty
Con la baja de temperatura, algunas rutinas cotidianas cambian. Duchas más largas, agua más caliente, productos más intensos. Sin embargo, en pieles con rosácea, estos hábitos pueden empeorar el cuadro.
“El uso de agua caliente disuelve y elimina los ácidos grasos esenciales que conforman el manto hidrolipídico de la piel. Incrementando la permeabilidad cutánea y la TEWL. Esto se ve principalmente con los baños prolongados y a temperaturas altas, que además agravan la vasodilatación reactiva.”, asegura el experto.
A esto se suman elecciones cosméticas poco adecuadas. Según el especialista, el uso de limpiadores agresivos en la higiene facial, por ejemplo aquellos que contienen sulfatos, generan abundante espuma pero no son los más adecuados para estas pieles sensibles. Así como tampoco las exfoliaciones excesivas, que van removiendo permanentemente el estrato córneo protector.
Incluso la falta de hidratación —un error frecuente en quienes sienten la piel oleosa— puede ser contraproducente. “Otro error típicamente de la estación que se avecina es la suspensión de la hidratación de la piel, sobre todo en aquellos pacientes que sienten la piel grasosa.”
Qué mirar en las etiquetas (y qué evitar)
En un contexto donde la piel está más vulnerable, la elección de productos se vuelve central. Ingredientes como ácido azelaico, niacinamida, centella asiática o ceramidas pueden contribuir a calmar y reparar la barrera cutánea, mientras que otros activos deben evitarse:
- Tónicos faciales astringentes (es decir, productos que contengan alcohol, mentol, lavanda, menta, alcanfor, hamamelis o aceite de eucalipto)
- Cosméticos que contengan lauril sulfato de sodio, fragancias, ácidos de frutas o ácido glicólico
- Frotar, exfoliar o realizar peelings en la piel (incluyendo esponjas faciales, cremas exfoliantes y paños de limpieza). Salvo excepciones de ciertos peelings realizados por dermatólogos.
Rutina simple, pero sostenida

El frío, el viento y los cambios bruscos de temperatura pueden intensificar los síntomas de la rosácea. Qué hábitos evitar, qué ingredientes priorizar y cómo armar una rutina que proteja la piel en la época más desafiante del año. - Créditos: Getty
En rosácea, la constancia pesa más que la cantidad de productos. Una rutina básica de cuidado de la piel contiene siempre tres pasos:
a) Higiene facial
b) Hidratante
c) Un fotoprotector
Durante el día, esto implica limpieza suave, hidratación con ingredientes reparadores —como ceramidas— y protección solar. Por la noche, pueden incorporarse activos específicos indicados por el dermatólogo, siempre acompañados de una buena crema que ayude a restaurar la barrera cutánea.
El mito del protector solar en invierno
La idea de que el protector solar no es necesario en invierno sigue siendo uno de los errores más extendidos. Sin embargo, la radiación sigue actuando, incluso en días nublados.
“Aunque el frío reduzca la percepción de la radiación UV, los rayos UVA permanecen constantes todo el año generando radicales libres, daño celular, activación de las vías inflamatorias, aumentan la degradación del colágeno y elastina, contribuyen al fotoenvejecimiento prematuro y a la hiperpigmentación.”
En pieles con rosácea, esto puede traducirse en más inflamación y enrojecimiento. Por eso, la recomendación es concreta: “Por ello es importante reaplicar el filtro solar cada 2–3 horas si hay exposición continua", asegura el experto.
Un entorno que también influye

Rosácea en invierno: por qué empeora y cómo cuidar la piel cuando bajan las temperaturas, según un experto - Créditos: Getty
El invierno no solo impacta desde afuera: también modifica los espacios que habitamos. El viento, la calefacción y los cambios bruscos de temperatura pueden actuar como desencadenantes.
“El viento es un irritante tanto por su acción mecánica como térmica. Su roce genera una microagresión sobre la piel y además barre la capa de aire húmedo que la recubre.”
En interiores, la calefacción también juega su papel: “La calefacción disminuye la humedad relativa del ambiente y contribuye a los flushings de la rosácea, especialmente cuando la temperatura es alta. La diferencia de temperatura abrupta entre el exterior y el interior gatilla una vasodilatación reactiva, provocando enrojecimiento intenso, sensación de ardor y prurito.”

Belén Sanagua Es periodista, locutora y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Se desempeña como subeditora de la web editando moda y beauty aunque, además, escribe para otras secciones.
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