Durante mucho tiempo, el balcón fue ese espacio de la casa al que se le prestaba poca atención. Un lugar para tender la ropa, acumular algunas cosas o sumar un par de plantas. Hoy los cambios en las formas de habitar hicieron que esos metros exteriores empezaran a mirarse de otra manera. Incluso un balcón pequeño puede convertirse en un lugar para desayunar al aire libre, leer, trabajar un rato o simplemente hacer una pausa.
"El balcón puede convertirse en una verdadera extensión de la casa", explica Antonella Elberg, arquitecta y jefa de Interiorismo de Grupo 8.66. Para la especialista, una de las claves está justamente en dejar de pensarlo como un espacio aislado y buscar una continuidad entre el interior y el exterior.
La conexión visual entre ambos ambientes puede generar, incluso en pocos metros, una sensación de mayor amplitud. "La elección de materiales, los pisos, las carpinterías y la disposición del mobiliario ayudan a construir esa conexión y hacen que el exterior se sienta como una verdadera extensión de la casa", señala Elberg.
Cuando cada metro cuenta

En un balcón pequeño, el desafío es encontrar un equilibrio entre funcionalidad y comodidad. La idea no es llenarlo de muebles, sino elegir piezas que puedan adaptarse a distintos usos.
Una mesa rebatible, por ejemplo, puede aparecer cuando llega la hora del desayuno y desaparecer cuando se necesita liberar espacio. También se puede recurrir a bancos que incorporen lugar de guardado o a muebles livianos que permitan reorganizar el ambiente según el momento del día.
"Más que llenar el balcón, se trata de elegir piezas que permitan adaptarlo según el momento del día y el uso que se quiera darle", explica la arquitecta.
La iluminación también transforma

El balcón no tiene por qué quedar en desuso cuando baja el sol. Una iluminación pensada para generar clima puede extender su uso y convertirlo en un espacio más cálido durante la noche.
En lugar de recurrir a luces demasiado intensas, Elberg recomienda apostar por una iluminación ambiental. Guirnaldas, luminarias portátiles y pequeños puntos de luz pueden ayudar a crear una atmósfera más relajada y hacer que el balcón se sienta como un ambiente más de la casa.
Plantas: el verde como refugio

Las plantas son otro recurso que puede cambiar por completo un balcón urbano. Además de aportar color y textura, pueden ayudar a generar una sensación de refugio y sumar privacidad frente al entorno.
Pero antes de elegir qué especies incorporar es importante observar las condiciones concretas del espacio. La orientación solar, la exposición al viento, el tamaño de los recipientes y el peso que deberá soportar el balcón son algunos de los aspectos que conviene tener en cuenta.
El verde también puede funcionar como una separación natural respecto del exterior. Y para quienes buscan reducir el mantenimiento, los sistemas de riego automatizado pueden ser una alternativa práctica.
Diseñar pensando en el bienestar

La transformación del balcón no pasa solamente por una cuestión estética. También puede ser una oportunidad para incorporar decisiones que hagan que el espacio sea más cómodo, durable y fácil de mantener.
Materiales resistentes e iluminación eficiente son algunas de las opciones que permiten pensar el exterior desde una mirada que combina diseño y funcionalidad.
"Cada decisión cuenta", plantea Elberg, especialmente cuando se trata de balcones pequeños. La clave está en pensar primero qué queremos hacer en ese espacio y después organizar los elementos en función de ese uso.
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