Primavera en Buenos Aires: 5 árboles que florecen y dónde verlos en la ciudad

Jacarandás, lapachos, tipas y otras especies transforman las calles porteñas durante la primavera. Qué árboles mirar y en qué lugares de Buenos Aires encontrarlos.

Por Verónica Dema

21 de septiembre de 2026, 16:44

jacaracndás en caba
Los jacarandás, un espectáculo en primavera en CABA. - Prensa

Hay una Buenos Aires que cambia de color cuando llega la primavera. Aparece en las copas de los árboles, en las veredas cubiertas de flores y en esas postales inesperadas en las que una fachada histórica queda enmarcada por violetas, amarillos o rosados. Para verla, alcanza con levantar un poco la mirada.

La fotógrafa Karina Azaretzky y el arquitecto y paisajista Jorge Bayá Casal hicieron de esa manera de mirar el eje de Buenos Aires en flor. Arquitectura y paisaje en la ciudad (India Ediciones). El libro -que este 21 de septiembre es declarado de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad- propone descubrir la ciudad a partir del diálogo entre sus árboles y su arquitectura: una combinación que, según explican sus autores, transforma las calles porteñas a lo largo del año.

La primavera es, especialmente, una invitación a salir a caminar. Porque muchos de los árboles que forman parte de la identidad porteña tienen en estos meses su momento de mayor protagonismo.

Jacarandás: el violeta que anuncia la primavera

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Si hay un árbol asociado a la primavera porteña, es el jacarandá. Su floración violeta se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de Buenos Aires y también en una suerte de acontecimiento colectivo: cuando empiezan a florecer, las redes sociales se llenan de fotografías de calles y avenidas teñidas de ese color.

Para Bayá Casal, el jacarandá es el árbol que mejor representa la identidad de Buenos Aires. Su presencia extendida por la ciudad, su llamativa floración y su asociación con la primavera explican, en buena medida, ese lugar privilegiado en el imaginario porteño. Azaretzky suma otro elemento: varias generaciones crecieron escuchando la canción de María Elena Walsh que menciona a los jacarandás, lo que terminó de instalar al árbol en la memoria afectiva de la ciudad.

En noviembre, además, el violeta de los jacarandás puede encontrarse acompañado por el amarillo de las tipas, generando una de las combinaciones de color más características del paisaje porteño.

Dónde ver jacarandás

Uno de los recorridos que propone Bayá Casal para noviembre comienza en Plaza San Martín y continúa por los parques de Recoleta hacia el norte, en dirección a Palermo y Belgrano. También señala como alternativa el recorrido por Paseo del Bajo y Paseo Colón hasta Parque Lezama.

Lapachos: las primeras flores de la temporada

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Archivo LN

Antes de que el violeta de los jacarandás se vuelva protagonista, los lapachos ya empiezan a darle color a la ciudad. Para Bayá Casal, el comienzo de la primavera, con la floración de los lapachos y luego la de los jacarandás, es uno de los momentos que más transforma Buenos Aires.

Los lapachos forman parte de ese conjunto de especies que permiten que una ciudad que muchas veces asociamos con el cemento tenga, durante distintas épocas del año, una paleta cambiante.

Tipas: grandes copas y flores amarillas

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Las tipas tienen una presencia diferente. No se destacan solamente por su floración, sino también por su enorme porte y sus copas gigantescas, que forman verdaderos techos verdes sobre algunas calles y espacios públicos. Bayá Casal las ubica, junto con los jacarandás, entre los árboles que ayudan a construir la identidad paisajística porteña.

Hacia fines de noviembre, el amarillo de las tipas empieza a convivir con el violeta de los jacarandás. Es uno de esos momentos en los que vale la pena caminar sin apuro: una misma calle puede convertirse en un paisaje completamente diferente según la estación.

Palo borracho: flores rosadas entre edificios históricos

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El palo borracho es otro de los árboles que permiten descubrir una Buenos Aires inesperada. Sus flores rosadas pueden aparecer como una escena casi tropical en medio de una arquitectura de inspiración europea.

Bayá Casal recuerda especialmente una imagen de un palo borracho cubierto de flores rosadas frente a una mansarda en Palermo Chico. Esa combinación lo llevó a pensar en una suerte de "broma sudamericana" frente a las fachadas europeizantes: una convivencia entre naturaleza local y arquitectura de otras tradiciones que, para ambos autores, es profundamente porteña.

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Archivo LN

El paisajista también rescata una historia familiar vinculada a esta especie: su tatarabuelo, Adolfo E. Carranza, habría llevado desde Catamarca el primer palo borracho blanco de Buenos Aires y lo plantó hacia 1860 en la quinta de su prima Trinidad Demaría de Alvear, en la zona que hoy corresponde a Juncal y Libertad.

Ceibos y árboles nativos: otra forma de mirar la ciudad

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Los árboles que florecen en Buenos Aires también cuentan una historia sobre la relación entre la ciudad y la flora nativa. Muchas de las especies que hoy forman parte del paisaje porteño provienen de otras regiones del país, especialmente del norte argentino, y lograron adaptarse al clima y al uso urbano.

Para Bayá Casal, estos árboles aportan algo que va más allá de lo ornamental: construyen una identidad paisajística propia. Azaretzky, por su parte, destaca la importancia de incorporar también flores nativas en canteros, plazas y bulevares, porque pueden atraer mariposas, abejas, aves y otros insectos y contribuir al ecosistema urbano.

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Ceibo, nuestra flor nacional. - argentina.gob.ar

Una ciudad que cambia cuando cambia el árbol

Una de las ideas centrales del libro es que los árboles no son un decorado de la ciudad. También modifican la manera en que vemos los edificios.

Según explica Bayá Casal, cuando un árbol florece las fachadas se llenan de luz, contraste y color. Azaretzky lo piensa como si el árbol "vistiera" de otro color a la arquitectura: el mismo edificio puede verse diferente según la estación y según la especie que tenga cerca.

Esa mirada fue también la que cambió la relación de la fotógrafa con Buenos Aires. Cuando llegó desde Tucumán, en 2012, sentía la ciudad como un lugar oscuro y atravesaba una rutina marcada por el trayecto entre la casa y el trabajo. Caminar más, bajar el ritmo y levantar la mirada le permitió descubrir árboles que le recordaban a su provincia de origen.

Verónica Dema

Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.