Ya sea por devoción a la botánica o por puro deleite estético, cada vez más los jardines de invierno se convierten en un espacio privilegiado en las casas.
Para quienes aman la jardinería, tener un invernadero es como abrir la puerta a un universo verde donde se vuelve posible cultivar especies que de otro modo no resistirían la primera helada. Para la mayoría, en cambio, un jardín de invierno representa ese rincón mágico donde interior y exterior se funden: el sol se cuela a través de los vidrios, las plantas se abren paso, y el ambiente adquiere un encanto inigualable.
Así, un invernadero puede ser mucho más que un espacio para plantas: puede convertirse en el corazón de una casa, en un refugio creativo o en el motor de un proyecto sustentableLe pedimos a LIVING que nos muestren 6 ejemplos de jardines de invierno para inspirarnos.
1. A cielo semiabierto

Con una estructura de chapa y madera y paredes que permiten el paso del aire, el invernadero de Paquita Romano -una de las jardineras más reconocidas del país- fue durante años su centro de germinación.
A pesar de su construcción sencilla, la verdadera protección proviene del abrazo de los árboles y plantas circundantes. Si bien resguarda de lluvias intensas, granizo y sol directo, Paquita nunca buscó crear un espacio cerrado y cálido: prefirió mantener la conexión directa con el entorno natural, fiel a su filosofía de trabajo.
2. Espacio de usos múltiples

Cuando Gabriel Granda y Ángelo Novoa compraron las dos hectáreas donde hoy están las Cabañas Foráneo, no tenían un plan concreto. Lo único que buscaban era evitar que ese rincón de los humedales del sur chileno, a 6 km de Puerto Varas, siguiera siendo víctima de la expansión ganadera.
Para restituir la biodiversidad del corredor biológico, que había sido en buena parte deforestado para el pastoreo, se sumaron cerca de 6.000 plantas y arbustos. Y van por más: la meta es alcanzar las 20.000 unidades.
Como parte de este proyecto de turismo sustentable, erigieron un invernadero multifuncional: no solo produce verduras para consumo propio, sino que también oficia de sala de reuniones y espacio para eventos.

3. La cocina como epicentro

En Baradero, rodeada por una chacra de 12 hectáreas, se levanta la casa de campo proyectada por el arquitecto Gonzalo Aulet (Estudio Aulet & Yaregui) junto con las interioristas Mercedes Ocampo y Pía Giménez (estudio Oda 9). La idea desde el inicio fue crear un refugio de fin de semana con puertas abiertas para amigos y familiares. En sintonía con ese espíritu de desconexión y contacto con la naturaleza, diseñaron una huerta y un jardín de invierno que, además de embellecer el entorno, abastecen una cocina que nunca deja de estar en movimiento.
4. A la italiana

En otra propuesta, la diseñadora Gaby Orlando transformó el jardín de invierno en un espacio que evoca paisajes de la Toscana.
La elección de muebles rústicos, las terminaciones que simulan el paso del tiempo y el patio de piedra con reminiscencias de campos de olivares logran transportar a quien lo habita. Adentro, las condiciones de temperatura y luz son ideales para ubicar coquedamas que cuelgan desde el techo vidriado, sumando un toque de frescura y naturaleza a la escena.

5. Refugio creativo

En una casa diseñada por el estudio de arquitectura Giovanakis, con la colaboración de la diseñadora de interiores Paula Fernández Moin y la paisajista Eugenia Anaya, el jardín de invierno actúa como nexo entre la cocina y el exterior.
Allí, la familia encuentra el lugar ideal para las comidas cotidianas. Este espacio, resguardado del frío, permite el cultivo de orquídeas, strelitzias y gomeros.
Se convierte tanto en un comedor diario como en el taller creativo de la dueña de casa, donde las especies tropicales encuentran un refugio perfecto.

6. En el corazón de la reserva

En plena inmensidad del Parque Nacional de los Esteros del Iberá, la estancia Rincón del Socorro se suma a la tendencia con su propia huerta orgánica e invernadero, de donde se cosechan cerca de 150 kilos de verduras cada mes.
Este espacio productivo es, curiosamente, el único sector de la propiedad que se mantiene a salvo de la fauna local gracias a los alambrados y cercos vivos que lo protegen de pecaríes y carpinchos.




